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Un futbolista con grilletes

  • Australia clama contra la cárcel de Al Araibi, internacional bahreiní preso en Tailandia por motivos políticos

Hakeem al Araibi, guiado por las autoridades tailandesas Hakeem al Araibi, guiado por las autoridades tailandesas

Hakeem al Araibi, guiado por las autoridades tailandesas / Efe

La imagen viral del futbolista de Bahréin Hakeem al Araibi detenido en Tailandia, caminando con unos grilletes en los tobillos a su llegada el lunes al juzgado de Bangkok, ha mostrado una habitual aunque polémica práctica en el país asiático. La foto del refugiado y ex jugador de la selección nacional de Bahréin, que ha dado la vuelta al mundo, apenas ha podido verse en la propia Tailandia, ya que los medios locales tiene prohibido publicar fotografías sin censurar de detenidos con grilletes.

"Los guardas dictaminaron que el reo presentaba riesgo de fuga. El señor Hakeem es un ex futbolista y es sospechoso en un caso con dimensiones internacionales", argumentaba ayer en una entrevista al periódico local Matichon Krit Krasaetip, director de la prisión de Detención Preventiva de Bangkok en la que Al Araibi está detenido.

La práctica es común en Tailandia, incluso los presos a la espera de juicio por delitos leves han de llevar grilletes siempre que son transportados de la prisión al juzgado. "Las autoridades carcelarias tailandesas las llaman esposas para los tobillos y las emplean rutinariamente cuando trasladan a los reos fuera de la cárcel, aunque la ley permite a los funcionarios decidir si quieren usar este tipo de métodos o no", explica a Efe Sunai Phasuk, investigador de Human Rights Watch (HRW) en Tailandia.

"El uso de grilletes está considerado una violación del Artículo 7 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos", añade Sunai, en referencia al artículo que prohíbe las torturas y los tratos crueles, inhumanos o degradantes. El uso de grilletes estaba extendido dentro de la prisiones tailandesas hasta el año 2013, cuando el Gobierno decidió abolirlo. No obstante, según la FIDH, éste y otros instrumentos de sujeción han continuado empleándose "con excesiva frecuencia".

Hakeem Al Araibi fue detenido en el aeropuerto de Bangkok el 27 de noviembre cuando llegó a Tailandia con su mujer para celebrar su luna de miel. Comenzaba así un proceso cuyo desenlace parece cada día más incierto.

Al Araibi vivía entonces en Australia, donde había huido desde su país en 2014 y se le había reconocido el estatuto de refugiado en 2017. En 2012 había sido detenido por su participación en las revueltas de la Primavera Árabe que se extendieron aquel año a Bahréin. Ha denunciado que durante su detención sufrió torturas.

Las autoridades tailandesas detuvieron al futbolista en noviembre debido a una alerta de la Interpol emitida por el Gobierno de Bahréin que posteriormente fue retirada, ya que la Interpol no acepta notificaciones para aprehender a refugiados emitidas por los países de los que han huido. Pese a la retirada de la alerta, ya se había puesto en marcha un proceso en el que la decisión sobre la extradición ha quedado en manos de la Justicia tailandesa, que el lunes anunció que la próxima vista se celebraría el 22 de abril.

Desde la detención se han sucedido las demandas y las campañas para liberar al futbolista, incluidas las del Gobierno y la federación de fútbol australianos, la FIFA, el COI y HRW, que busca el apoyo de atletas y personalidades del mundo del deporte. El excapitán de la selección australiana, Craig Foster, ha sido especialmente activo.

El 1 de febrero, la Fiscalía tailandesa presentó ante un tribunal de Bangkok la demanda de extradición solicitada días antes por Bahréin. Al Araibi gritó "¡No me enviéis a Bahréin!". Mientras se decide su futuro, el futbolista seguirá confinado en prisión y acudiendo periódicamente al juzgado con grilletes en los tobillos.

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