Polideportivo

Dos ascensos diferentes, un San Pablo

  • Si el Betis Futsal sube a Primera División deberá convivir con el equipo de baloncesto en una vetusta instalación, de 1987, que no está preparada para que convivan ambos equipos 

El pabellón de San Pablo, a rebosar durante la disputa de la Copa Princesa de baloncesto. El pabellón de San Pablo, a rebosar durante la disputa de la Copa Princesa de baloncesto.

El pabellón de San Pablo, a rebosar durante la disputa de la Copa Princesa de baloncesto. / FEB

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"Sevilla ciudad del deporte" fue el lema de una candidatura olímpica que jamás pasó de un sueño. Si hoy Sevilla sigue siendo una ciudad del deporte no lo es por sus grandes instalaciones, sino por quienes corren por los parques, reman en el río y los miles de niños y jóvenes que practican deporte.

La capital aprueba en centros deportivos, pero en cuanto a recintos importantes la nota es de muy deficiente. Dejando a un lado el Estadio de la Cartuja, cuyo coste rondó los 120 millones de euros y hoy por hoy permanece cerrado por daños en la cubierta, además de estar infrautilizado y en los últimos años dedicado casi en exclusiva a albergar conciertos de música, la gran estructura deportiva de la ciudad es el Palacio Municipal de San Pablo, seguramente uno de los lugares más fríos en Sevilla en invierno y de los más calurosos en verano, porque carece de sistema de calefacción y la refrigeración no se pone para ahorrar. En el sótano no hay ni una cosa ni la otra. Entre otras cosas...

En el primer entrenamiento de postemporada en el sótano Almazán sufrió una lesión muscular

Desde hace años el baloncesto es la gran atracción del recinto (a saber cómo estaría sin el equipo de baloncesto allí, pues el club ha hecho siempre inversiones de mejoras destacando el video-marcador). Casi la única deportiva, excepto algún campeonato internacional cuando cae la sede de turno. Poco más. El público ha vibrado allí con el Caja San Fernando, el Cajasol, el Baloncesto Sevilla y lo hará con el Betis Baloncesto de nuevo en la ACB. Pero el Betis Futsal está también en el camino para ascender a Primera División y de hacerlo las exigencias de la LNFS harán que se mude de Amate a San Pablo, que no está capacitado ni equipado para acoger dos equipos profesionales a la vez.

Estos días el plantel de Curro Segura está de postemporada y el de Daniel Ibañes se entrena allí para jugar el viernes ante el Córdoba el segundo partido del play off de ascenso (de pasar repetirá para afrontar la eliminatoria definitiva). Los de Segura se han mudado al sótano, donde ni el parqué ni las canastas son propias de un conjunto de élite y, de hecho, era habitual que el espectáculo de Disney sobre hielo mandase al equipo a ejercitarse a Dos Hermanas o Alcalá. No en vano, el lunes, en el primer entrenamiento de postemporada Pablo Almazán sufrió una lesión muscular en la pista del sótano. Esto lo puede hacer ahora, pero con las ligas en marcha sería imposible y con el perjuicio a la cantera. Ahora lo que es una anécdota será un problema si el fútbol sala logra subir, ya que deben entrenar y jugar, en algunos casos, en una pista especial. Montar y desmontar la pista una y otra vez, colocar y retirar las canastas, porterías... Sí lo hacen en otros sitios como Murcia (con el UCAM y ElPozo), con canastas que pueden mover una sola persona (no las de San Pablo), pero en Sevilla el IMD no está preparado para ello y esta campaña ya condicionó algún horario del Betis Energía Plus otros eventos en San Pablo. 

San Pablo, con capacidad para unos 7.600 espectadores fue inaugurado en 1987 y en 1991 acogió el Mundial indoor de atletismo. Un gran recinto para correr bajo techo, pero desfasado para otros usos. En pretemporada el Betis ya presentó un plan para acercar las gradas de fondo a las canastas que ha sido imposible ejecutar en todo el curso por distintos motivos técnicos. Desde que los Noureddine Morceli, Fermín Cacho, Sergei Bubka, Merlene Ottey y Linford Christie, entre otros, corrieran en 1991 muchos políticos han lanzado promesas al aire de construir un gran pabellón en la ciudad. Se habló de un recinto para 15.000 personas en la candidatura olímpica y de otro para el Mundobásket de 2014. Nada. Al final, la solución siempre fueron parches. Una mano de pintura por allí, una obra en los vestuarios por allá, un arreglo para acabar con las goteras...

San Pablo necesitaría nuevos equipamientos y mejoras en la iluminación, megafonía y zonas aledañas a las gradas

Sevilla, una ciudad que como poco está en el top 5 de España se queda atrás en equipamiento deportivo. El Gran Canaria Arena en Las Palmas, Miribilla y el Bizkaia Arena BEC en Bilbao, el Martín Carpena en Málaga o el Wizink Center en Madrid (que es capaz de acoger al Real Madrid por la mañana y al Estudiantes por la tarde el mismo día) son muestras de equipamientos deportivos de referencia y de calidad con un uso que va incluso más allá del deportivo (conciertos, convenciones, ferias...). Incluso Pamplona cuenta desde 2011 con el Navarra Arena, una moderna instalación multiusos con capacidad para acoger más de 11.000 personas y todo tipo de eventos. Sevilla sigue con su pabellón de 1987, por lo que quizá ahora, en plena campaña política, vuelva a salir a la palestra el recurrente tema de los obsoletos equipamientos deportivos en la capital hispalense, más necesario que nunca ante la imposibilidad de que puedan compatibilizar San Pablo dos equipos de élite de distintas disciplinas en sus actuales condiciones. Para ser una ciudad del deporte hay que apostar por ello. A corto plazo, con una profunda reforma de San Pablo (megafonía, luces, zona de gradas y aledaños) que permita convivir con normalidad en la élite a baloncesto y fútbol sala y a medio plazo con la construcción de una nueva instalación. Es el turno de los políticos.

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