• El récord de contagios coincide con las dos semanas tras el final de las fiestas

  • Puede estar influyendo el que es una población joven y habituada a la movilidad 

  • Montequinto, con casi 40.000 habitantes, es ejemplo de la dificultad del cierre perimetral 

Crónicas de la pandemia

Dos Hermanas, los peores datos llegan con la tercera ola

Una vista de la zona considerada como 'casco antiguo' de Montequinto, junto a la parada de Metro que lleva el nombre del barrio. Una vista de la zona considerada como 'casco antiguo' de Montequinto, junto a la parada de Metro que lleva el nombre del barrio.

Una vista de la zona considerada como 'casco antiguo' de Montequinto, junto a la parada de Metro que lleva el nombre del barrio.

José Ángel García

Apenas 16 minutos separan la estación de San Bernardo de la principal parada del Metro en Montequinto, el populoso barrio de Dos Hermanas, que está afectado, como toda la ciudad, por un cierre perimetral desde el miércoles, cuando superó la tasa de incidencia de Covid-19 de 500 casos por cada 100.000 habitantes.

Aunque llamar barrio a un área de casi 40.000 vecinos y que podría ser la sexta o séptima población de Sevilla, al nivel de Écija o La Rinconada, es simplificar su realidad.

El enclave histórico –Quinto, de Quintus ab urbe por su origen– adquirió su condición de barrio metropolitano desde finales de los años 60 y no ha parado, con el mismo impulso de su ubicación para las relaciones con la capital, con Dos Hermanas, con Alcalá, los polígonos del entorno y el Bajo Guadalquivir. Dos Hermanas ha intentado coserlo con Entrenúcleos, sin lograr del todo aún que la población se identifique como nazarena. Si es complejo ponerle puertas al campo, piensen en Montequinto.

Varias personas esperan para realizarse una PCR, en la zona habilitada en el Centro de Salud de Montequinto. Varias personas esperan para realizarse una PCR, en la zona habilitada en el Centro de Salud de Montequinto.

Varias personas esperan para realizarse una PCR, en la zona habilitada en el Centro de Salud de Montequinto. / José Ángel García

Lo corroboran los testimonios. “Yo soy autónomo y me muevo para comprar. Nunca me han parado en un control ni me han pedido la documentación”, explica José Luis, oriundo de Chipiona, al frente del bar El Chicharrón, junto a la parada de Metro más cercana a lo que puede considerarse como el “casco histórico” quinteño a pesar de sus torres de pisos y sus aceras anchas, porque Olivar de Quintos y Condequinto vinieron después. Sergio, que le ayuda y coge a diario la línea 1 desde el Parque de los Príncipes, coincide: la mayoría piensa que un cierre perimetral como el que se ha implantado no sirve, señala.

Esta tercera ola de la pandemia es la que se está cebando más con Dos Hermanas, que hasta ahora había salido relativamente bien parada en comparación con otras grandes ciudades. Los datos más altos de contagios llegaron justo a los 14 días de la celebración de los Reyes Magos y después de esa Navidad salvamos.

El viernes, se diagnosticaron en todo el municipio 160, la segunda cifra más alta de la pandemia, después de la del miércoles anterior, el día 20 de enero, con 176. La tasa está ya en 806 casos por cada 100.000 habitantes y podría ser más alta a la vuelta del fin de semana, aunque el Consistorio confía en no superar los mil casos, que implicaría, entre otras cosas, el cierre de los bares.

Veladores instalados a las puertas del Mercado de Abastos del barrio. Veladores instalados a las puertas del Mercado de Abastos del barrio.

Veladores instalados a las puertas del Mercado de Abastos del barrio. / José Ángel García

Puede haber influido en este repunte en Dos Hermanas el que ahora haya más contagios entre la población de mediana edad o joven, que se ha prodigado más en los contactos sociales y que se mueve más. Dos Hermanas es una ciudad joven. Según apuntan desde el Ayuntamiento, el hecho de que en las primeras olas no hubiera tantos casos, les hace también más vulnerables y durante las fiestas, que fueron la clave, se hicieron menos test.

En el centro de salud de Montequinto, a escasos metros de la misma parada de la línea 1, las colas para las PCR no bajaban de la docena de personas el viernes e ilustran lo que está pasando en Dos Hermanas, como en otras ciudades en las que ahora el repunte de contagios ha sido mucho más intenso.

“Mi hija (16 años) ha tenido contacto con una amiga que tiene el Covid. La avisó. Tiene síntomas. Me he tenido que mover llamando al ambulatorio para que le hagan la prueba”, explicaba Consolación, trabajadora de Lipasam y crítica con las medidas que se están tomando. “No veo control de ningún tipo, en ningún sitio: veo a gente fumando o hablando por teléfono con la mascarilla bajada constantemente. Jamás me han parado al ir y volver de Sevilla. Aquí no hay control de nada”.

Vecinos paseando por la Avenida de los Pinos, la conocida como 'calle Sierpes' de Montequinto. Vecinos paseando por la Avenida de los Pinos, la conocida como 'calle Sierpes' de Montequinto.

Vecinos paseando por la Avenida de los Pinos, la conocida como 'calle Sierpes' de Montequinto. / José Ángel García

Desde el Ayuntamiento se asegura que sí se hacen controles. También que se ponen multas por cuestiones como no llevar la mascarilla o no mantener las distancias fijadas. Pero que, tramitadas como es pertinente ante la Junta, no tienen constancia de que estén llegando. No, al menos, con la rapidez suficiente para lograr el efecto disuasorio.

También espera ante la puerta de las PCR Mario, con síntomas y después de un contacto directo con otro positivo. Lo reconoce, se relajó en una “quedada con amigos, en un bar”. “Todos pensamos que no nos podemos contagiar hasta que nos pasa”. Ahora, señala que “nos deberían encerrar de nuevo”. También cree que esta tercera ola es la más fuerte. En su trabajo en Sevilla, en el que está al frente de un equipo de 100 personas, el 10% está afectado.

Puestos del Mercado de Abastos, donde han aumentado las ventas con la pandemia, sobre todo, en el primer confinamiento. Puestos del Mercado de Abastos, donde han aumentado las ventas con la pandemia, sobre todo, en el primer confinamiento.

Puestos del Mercado de Abastos, donde han aumentado las ventas con la pandemia, sobre todo, en el primer confinamiento. / José Ángel García

Javier se baja de un coche y alza los brazos de lejos para saludar a Iván, su peluquero, después de semanas. Acaba de tener el alta, tras estar ingresado incluso en el Virgen del Rocío y pasarlo “muy mal”. También se contagiaron su mujer y sus dos hijos. ¿De dónde le vino? No puede decirlo, pero apunta a las compras de la víspera de Reyes, a un concurrido centro comercial, bullicio en los probadores... “Toque de queda a las ocho de la tarde para que la juventud no salga”, propone, acordándose de los adolescentes, "aunque a mi hijo se lo he pegado yo”.

Más ambiente de barrio

Más allá de los contagios, como está ocurriendo en otros lugares, la pandemia está cambiando un poco las costumbres y el día a día en Montequinto. El hecho de no poder moverse con tanta facilidad, sobre todo en el primer confinamiento y, en menor medida, ahora ha ayudado a dar alas al pequeño comercio, que es abundante en algunas calles, a pesar de estar rodeado de centros comerciales y grandes superficies.

Como en Microquinto Informática, una pequeña tienda de electrónica frente al colegio Gloria Fuertes. La demanda y las ventas de tinta, impresora y webcam se duplicaron cuando suspendieron las clases, en marzo. Se necesitaban y no se podía ir a las grandes superficies de siempre. En menor medida, han seguido vendiendo más después.

Iván Peluqueros, uno de los negocios con más de un lustro en la zona. Como servicio esencial, la cita vale para justificar el desplazamiento. Iván Peluqueros, uno de los negocios  con más de un lustro en la zona. Como servicio esencial, la cita vale para justificar el desplazamiento.

Iván Peluqueros, uno de los negocios con más de un lustro en la zona. Como servicio esencial, la cita vale para justificar el desplazamiento. / José Ángel García

También ocurrió con los puestos ocupados –eso sí, apenas la mitad de los disponibles– del Mercado de Abastos quinteño, en la Avenida de los Pinos, la misma calle del Centro de Salud y en la que se suceden tiendas, cafeterías y entidades bancarias a la que llaman la calle Sierpes. Sevilla siempre presente.

Antonio Pérez, de frutas Hermanos Pérez, la tercera generación de un puesto con su origen en el histórico mercado del Arenal nazareno, habla de un incremento de hasta el 60% la pasada primavera, con muchos pedidos del género que trae en gran parte de la huerta palaciega, de donde procede la familia.

El más antiguo en esta plaza es Jesús el pescadero –con puesto desde 1992 aunque sigue residiendo en Luis Montoto–, duplicó sus ventas durante el confinamiento. De momento y a pesar del cierre perimetral, “la cosa está más floja, por el miedo”. Porque la gente tiene más miedo.

Una vecina, tras realizar la compra. Una vecina, tras realizar la compra.

Una vecina, tras realizar la compra. / José Ángel García

“Yo veo bien que se cerrara todo a las seis de la tarde, el toque de queda, si no ponen medidas cada vez va a ir todo a peor”. Más escéptico es el frutero: “Ni los que tienen que tomar las medidas lo tienen claro. Si lo supieran lo habrían hecho. Tantas cosas, tantos cambios, a los hosteleros se los van a cargar”, tiene claro.

Iván, el peluquero, se mantiene, porque tiene clientela fija y hay que seguir cortándose el pelo. El cierre obligado a las 18:00 es lo que está mermando ahora sus ingresos, aunque trabaja con una app con la que envía a sus clientes las citas para que puedan justificar el desplazamiento, porque también tiene algunos que vienen de Sevilla.

La parroquia tuvo que ampliar el horario de misas

Esa manera de hacer más barrio que la pandemia está impulsando en Montequinto se ha reflejado un poco en todo. Hasta en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles y San José de Calasanz, donde se ha ampliado el horario de misas con una más, los domingos a las 20:00 horas. Los feligreses que acudían a templos sevillanos se quedan más cerca. También han aumentado las personas que acuden al auxilio de Cáritas.

“Pagan justos por pecadores”, opina Lourdes, una de las personas que colabora en el mantenimiento de la Iglesia, nacida en la barriada El Cano, sobre el cierre perimetral y las restricciones por el Covid-19.

Otra perspectiva de Montequinto, el barrio nazareno que roza los 40.000 habitantes. Otra perspectiva de Montequinto, el barrio nazareno que roza los 40.000 habitantes.

Otra perspectiva de Montequinto, el barrio nazareno que roza los 40.000 habitantes. / José Ángel García

Frente a la parroquia, con ropa deportiva y a la vuelta de un largo paseo, pasan Mari Carmen (nacida en Granada) y Asunción (en Estepa). “Yo no me cabreo por las medidas”. “Hay que parar esto. Aunque te duele por los negocios”, destacan, escépticas porque la responsabilidad individual sea suficiente.

En los bares, también comentan que todo se ha contenido un poco más a raíz de que los datos de contagios se hayan disparado, que sea mucho más habitual conocer o tener a alguien cerca con Covid, si no lo está padeciendo. El cierre obligado en caso de llegar a la tasa de mil casos por cada mil habitantes, que se espera esquivar, sería una “ruina” para este sector, en el punto de mira de tantas cosas.

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