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"En Los Ángeles las flores son bellas pero faltan los humanos"

"En Los Ángeles las flores son bellas pero faltan los humanos" "En Los Ángeles las flores son bellas pero faltan los humanos"

"En Los Ángeles las flores son bellas pero faltan los humanos" / RAFAEL BELTRÁN DE TORRES

-¿Cómo se vive con la estatuilla del Oscar en casa?

-Mi madre, que se preocupó por que sus hijos no fueran pretenciososos, me dijo en la limusina que nos llevaba a la ceremonia que el premio no era tan importante, pues no era un reconocimiento artístico sino de la industria.

El barroco español es moderno; si le ponemos a un camarero de aquí un hábito, nos sale un 'zurbarán'"

-Pero en Hollywood será fácil que lo conviden a una cerveza con el Oscar en la mano.

-Allí es donde más se respeta. No quiere decir que yo le quite importancia, pero no pertenece a mi mundo interior. Los estadounidenses ven su infancia a través de los Oscar. Para ellos es como la Virgen del Rocío. Para mí, no. Por supuesto que estoy agradecido al premio, pero no tiene ese significado.

-En su obra artística se percibe un interés por el movimiento, el fluir y el caminar. ¿Cómo es pasear por Los Ángeles, una ciudad sin centro urbano?

-Es un lugar donde sólo estás tú, no hay otros seres humanos. Todo está muy cuidado, muy manufacturado. Las flores son bellas, pero faltan los humanos. Aquello es una escenografía levantada en el desierto. Y volverá a ser un desierto cuando termine esto.

-En cambio, en Andalucía sí se siente más como en casa...

-Todos hemos experimentado encontrarnos con lugares familiares al cruzar una esquina de un lugar desconocido. A mí me ha pasado con sitios como Sevilla, Jerez y Arcos. Yo creo que tiene que ver con los universos múltiples, algo relacionado con la física cuántica.

-A Dalí también le interesaba la relación entre la física cuántica y el arte.

-Cuando el artista o el científico tienen una intuición es porque algo que existe en otro universo se manifiesta. Mozart escuchaba la música, no la inventaba. Y la música que uno escucha es la materia prima del trabajo. Y, claro, no era lo mismo el oído de Mozart que el de Salieri.

-En su exposición en Cajasol estaba muy presente España.

-Cuando era adolescente me impresionó el libro El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, que es la creación de un hecho como si fuera real. Concibo estos cuadros como algo que ya existe pero que me encuentro. Miguel Ángel decía que él no esculpía la estatua sino que sacaba el sobrante de piedra para que apareciera la escultura. Algo así ocurre con estos cuadros.

-Se ve influencia del barroco español en su pintura última.

-Después de ver a Velázquez, Manet dijo que los pintores españoles hicieron todo lo que había que saberse. Es un lugar común, pero Velázquez está fuera del espacio y del tiempo. Él estaba donde sale la música de las esferas. Es muy moderno. Lo que él escuchaba es igual a lo que se escucha hoy.

-¿Usted percibe eso aquí?

-Yo le pongo un hábito al camarero que me sirve el café en un bar de Andalucía y nos sale un zurbarán.

-Le interesa la figura del pícaro. En Buenos Aires también habrá una buena representación de ellos...

-Es muy parecido al andaluz. Lo de la picaresca en el fondo es la respuesta a la fatuidad y a la mentira del mundo formal medieval, que pretendía ser perfecto y... ¡Ah! El pícaro es una figura importante porque baja y dice, oye, que el cura no es quien cree. Sabe cómo es la trama de la realidad.

-Parece tocado por el horror vacui. No le gusta dejar vacíos en su arte.

-He tenido una enorme influencia del sufismo. El mundo está lleno porque la palabra llena el universo. En eso es modélico el arte islámico.

-Usted se ha expresado mediante el cine, la ópera, la dramaturgia... pero pinta más que nunca ahora.

-Es terapéutico. Las otras facetas artísticas están muy bien, pero provocan algo de neurosis, menos la ópera, que es completo como la pintura. Es muy satisfactorio. En el cine es imposible que eso ocurra. En el cine todo depende del dinero y la autonomía del artista es relativa.

-Convenció a Pasolini para llevárselo a Turquía, ¿lo persuadió él a usted para llevárselo a algún otro sitio?

-Estaba trabajando en Roma en una versión de Medea, a cuyo estreno vino Pasolini. Me comentó que se iba a Afganistán a estudiar unos paisajes para una película. Yo le dije que acababa de estar allí, pero que había un lugar en Anatolia en la que los coptos habían excavado dos mil iglesias que parecían un termitero. En dos semanas me llaman por teléfono para decirme que Pasolini pensaba que aquel escenario era el mejor para la película que tenía en la cabeza y que me fuera a trabajar con él. Estuvimos en Turquía dos meses.

-De la vida y muerte de Pasolini cabría un serial...

-Se comentaron cosas tras su muerte que no eran reales. Él era de izquierdas, gay y sus interereses eran poéticos, nada que ver con lo que la gente le atribuye a su muerte y a su vida. Fundamentalmente era un poeta.

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