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Miguel Ángel Revilla | Político

"Soy un gran defensor de la eutanasia"

Miguel Ángel Revilla.

Miguel Ángel Revilla. / DS

Hablar claro, ser honesto y también coherente. Son tres virtudes que Miguel Ángel Revilla destaca de sí mismo en la biografía Toda una vida, publicada por Espasa. Un libro que también tiene algo de reflexión sobre el vaivén político -propio y de otros- y donde el ex presidente de Cantabria hace repaso al contexto actual de España y parte del extranjero. Revilla interviene este jueves 22 en el XII foro España a debate, que se celebra en Tomares. Aprovechamos esta visita al sur para conversar acerca de su biografía publicada, en la que dedica capítulos a la televisión, al comisario Villarejo, a Juan Carlos I o a la ministra Teresa Ribera.

 

-Empieza Toda una vida con una breve reflexión sobre la muerte. Se deduce que no es algo que le preocupe.

No, no. Es algo que tengo asumido. Lo único que me preocupa, como supongo que a la mayoría, es una enfermedad prolongada, con dolores. Algo que viví con mi madre, con un cáncer que duró cuatro años. Eso sí me preocupa. En este tema de la muerte lo que sí defiendo es la eutanasia. Soy un gran defensor de la eutanasia.

-La casualidad, relata, ha sido crucial en los principales momentos de su vida. Como cuando entró en política. Un suceso para nada buscado.

Todos estamos donde estamos por casualidad. El propio momento de nacer es ya una casualidad. En el acto sexual, lo cuento en el libro, el óvulo se enfrenta a cien millones de espermatozoides. A mí la casualidad me llevó a que en el año 75, siendo director de un banco, profesor en la facultad y con mi vida montada, me invitan a un debate en la Cámara de Comercio de Torrelavega. Franco había muerto hace unos días. Allí hablé del futuro de España. Dije varias cosas, como que tenía que venir una democracia de corte europeo y tal. También apunté que era el momento de recuperar el nombre de Cantabria y de ser una autonomía uniprovincial. Aquello que dije tuvo bastante repercusión. Repercusión negativa. Me tacharon de nacionalista, cuando soy más español que nadie. Esta experiencia me tocó el amor propio. Despertó mi vocación política. Lo dejé todo. Me costó hasta un divorcio. Pero me ha merecido la pena.

-En su libro muchos lectores descubrirán la relación de Cantabria con Andalucía.

Tanto en Cádiz como Sevilla. Es que si no llega a ser por el almirante Bonifaz y los veintisiete barcos que salieron de Castro, Laredo, Santander y San Vicente… ya me dirás. Ha sido la primera vez en la historia en la que se ha organizado una armada para conquistar a Sevilla desde el mar. Fernando III El Santo se pegó diez años bombardeando Sevilla. Pues bien: en tres meses entró Fernando III en Sevilla desde el día en el que llegó por el Guadalquivir la flota cántabra. Aquello, por supuesto, se pobló de cántabros. Hay relación muy grande entre Andalucía y Cantabria.

-Cuenta que la televisión supuso un antes y un después en su vida. Recuerda que lo vaticinó José Luis Balbín en La Clave, el primer programa al que usted acudió. El periodista le comentó que usted daba bien en la tele.

Muchos me critican la cantidad de veces que voy a la tele. Pero yo voy porque me llaman. Y jamás he cobrado un duro por ir. Por allí recuerdo ir a los programas de Jesús Quintero, para mí el mejor entrevistador, y a programas de Canal Sur. Creo, aunque me lo critiquen, que he hecho una labor de difusión de mi tierra, de Cantabria. Cantabria es lo que hoy es, en parte, por lo que yo hablo de ella y de sus productos. 

Es cierto que Balbín fue mi descubridor. En el año 1983 aparezco por primera vez en televisión, en La Clave. Hablando de Cantabria, naturalmente. Al acabar el programa, Balbín me llamó a su despacho. Allí estaba el presentador, con una pierna encima de la mesa, fumando, con un humo terrible. Me dijo: “Chaval, siéntate”. Me senté y me dio un consejo: “Cuando una televisión te llame, ve. Porque tú das”. Acertó Balbín. Mira que he hecho programas de televisión. Con La Sexta, Pablo Motos, Calleja…

-Señala su simpatía por Pablo Motos, Bertín Osborne o Jesús Calleja. No así por Buenafuente, parece.

Bueno… Con Buenafuente hice catorce programas. Lo que pasó lo cuento en un libro. A ver, yo no soy un tío perfecto. Yo tengo mis defectos. Entre estos, uno es que fumo puros. Ya sé que no se debe. Bueno, el caso es que yo pertenezco a una cofradía del puro. Me comunican que van a introducir a un nuevo miembro: el señor Joan Laporta. Confieso que veté al señor Laporta –para entrar en la cofradía debe existir unanimidad de sus cofrades-. Es que creo que a la hora de comer y fumar un puro hay que estar en buena compañía. No con gente que denigra a España. Con mi veto anularon el nombramiento de Laporta. Es probable que ese fuese el detonante que hizo que yo dejara de asistir al programa de Buenafuente. Creo, eh. Entre Laporta y Buenafuente había muy buena relación.

"Villarejo tuvo en sus manos la información mayor que se puede tener. El 90% de lo que cuenta es verdad".

-Tampoco dedica halagos al rey emérito, Juan Carlos I.

Juan Carlos I ha sido la decepción de mi vida. Yo he tenido con él una relación más allá de la relación que se sobreentiende entre un presidente autonómico y el rey. He hecho cosas por el rey muy importantes. Y cuando se ha descubierto todo el pastel… No me refiero a sus veleidades sexuales. Eso es tema personal. Yo me refiero a la cantidad de dinero que tiene fuera. La conclusión, bueno, es que es un apátrida. Él ya no es ciudadano fiscalmente español.

-Dice que la fortuna de Juan Carlos I proviene del petróleo de los países del Golfo.

Sí, sí. Estoy convencido. Así me lo ha contado gente que sabe de esto. No es del AVE ni de la Meca… ¡Eso es una tontería! El dinero que ha cogido el rey emérito viene de los países árabes. Por eso está allí ahora mismo. Lo que se dice es que Juan Carlos I cobraba unos céntimitos por cada litro de petróleo que España compraba a estos países.

-La impresión que le despierta Felipe VI es otra.

Sí, sí. No se parecen en nada… En nada. Hace poco estuvimos hablando una horita y media. No puedo decir de lo que hablamos. Pero Felipe VI quería conocer mi impresión de lo que está pasando en España.

-Al comisario Villarejo le dedica tres páginas. Pero imagino que usted podría dedicarle muchas más.

Yo no le conozco. Nunca tuve ocasión de saludarle. Aunque seguro que si hubiera estado con él me hubiese grabado. Con la diferencia de que lo que digo en privado lo digo en público. Lo de ese personaje es un poco la decrepitud de España. Que un policía del montón haya manejado los hilos del poder, haya hecho una fortuna y haya grabado a media España… Es un poco lamentable. En España esto es posible porque somos unos tarambanas. Villarejo tuvo en sus manos la información mayor que se puede tener. El 90% de lo que cuenta es verdad. Ahora está un poco apartado. Le quitaron el chiringuito cuando empezó a tocar a la monarquía.

-Afirma que en la guerra entre Ucrania y Rusia hay, de antemano, un ganador: Estados Unidos.

Claro. Y vamos a ver: quien va a quedarse el territorio de Ucrania son los rusos. La realidad no es que Biden acabará con Putin. No. La realidad es que Rusia está exportando más que nunca, creciendo. La que está en recesión es Alemania, y en parte Europa. ¿Cómo se nos ocurre pensar que Rusia puede ser embargada, cuando es el país más rico, con mayores recursos? Que no nos engañen, que nadie piense que se le ganará a Rusia. No lo hizo Napoléon. No lo hizo Hitler. Es imposible. Esto acabará con Rusia quedándose con Crimea. Es imposible mantener el flujo de dinero que estamos mandando a Ucrania. A Rusia no se la puede conquistar.

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