Lilyane Drillon | Asistente de dirección de La Cuadra "Cuando llegué aquí, África empezaba en los Pirineos"

"Cuando llegué aquí, África empezaba en los Pirineos" "Cuando llegué aquí, África empezaba en los Pirineos"

"Cuando llegué aquí, África empezaba en los Pirineos" / juan carlos vázquez

Fue su inseparable asistente de dirección, la que organizaba todas las giras de La Cuadra, Lilyane Drillon (Sainte Maire aux Mines, 1946) tenía 25 años cuando conoció a Salvador Távora (1930-2019) en el festival de teatro de Nancy. José Monleón convenció a Juan Bernabé, director del Teatro Lebrijano, de que la obra Oratorio tendría más fuerza con un cantaor. Lilyane es de Alsacia, región que cambiaba el himno y la bandera. "En 1908 mi madre nació alemana y desde 1918 era francesa". En la autoría de La Cuadra hay un padrino, Paco Lira, que bautizó al trío de Távora, al cante; Pepe Suero, guitarra; y Juan Romero, baile. De los históricos de Quejío queda Jaime Burgos.

-¿Qué fue de La Cuadra?

-La Cuadra está liquidada. Se liquidó en 2014 en un concurso de acreedores. Hemos perdido dos naves, la de almacén, y la de los ensayos, que fue a subasta y la cogió un fondo buitre.

"Quien se fía de las promesas de los políticos es un ingenuo. Y Salvador lo era, se dejó embaucar"

-¿Faltó altura de miras?

-Salvador se dejó seducir por los cantos de sirena. Se dejó embaucar. Quien se deja seducir por las promesas de los políticos es un ingenuo y Salvador lo era.

-¿Cómo conoce a Távora?

-En abril de 1971, en el festival de teatro de Nancy. Era cantaor en la obra Oratorio del Teatro Lebrijano.

-¿Ya estaba Jack Lang?

-Lo fundó y lo dirigía. Ese año estaban compañías como las de Bob Wilson, el polaco Tadeusz Kantor o Bread and Puppets.

-¿Conocía Andalucía?

-En 1966 había estado de turismo en Valencia, pero a Sevilla llegué en junio de 1971. Entonces África empezaba en los Pirineos.

-¿Cuándo se hace dramaturgo el cantaor?

-El 15 de febrero de 1972, cuando La Cuadra estrena Quejío en el Pequeño Teatro Magallanes de Madrid. A la una de la madrugada.

-Como Magallanes, también da la vuelta al mundo.

-Nuestro barrio era el mundo. Tuvimos una vida nómada, de vagabundos. Tengo un cartel con más de cincuenta ciudades de los cinco continentes a las que fuimos con Carmen.

-La hizo en la plaza de todos de Ronda con Antonio Ordóñez de anfitrión...

-Se hicieron más de mil representaciones, sólo cincuenta en plazas de toros, pero es más rimbombante.

-Távora fue torero...

-Se cortó la coleta en agosto de 1960 cuando un toro mata a su amigo Salvador Guardiola en Palma de Mallorca. Pero le quedó la cercanía del riesgo, lo relativo de los éxitos y los fracasos y el silencio, muy importante en los toros y en las obras de Salvador.

-¿Qué murió con Távora?

-Todo un mundo. Sevilla sin Salvador no tiene sentido para mí. Siempre necesitaba alguien a su lado para vencer el miedo a los viajes, a los hoteles. Le estoy muy agradecida. Sin él habría sido lo que era, una profesora y los años habrían pasado uno tras otro en el mismo sitio. Me dio la oportunidad de conocer el mundo y relativizar muchas cosas.

-¿Le tembló el pulso para llevar al teatro Crónica de una muerte anunciada?

-Hablamos con Carmen Balcells para los derechos de García Márquez. Su editora vino a Sevilla. Le pidió a Salvador que le explicara lo que iba a hacer. Él le dijo que si sus obras se explicaran no las haría. La estrenó en Nueva York y García Márquez vino al estreno en México. Estábamos todos muertos de miedo. Cuando terminó, subió al escenario y dijo: "Por fin encuentro a alguien más loco que yo".

-¿Detestaba el teatro de los Quintero?

-Admiraba su riqueza de vocabulario y su ingenio, pero lo veía como una forma de enmascarar Andalucía, un mensaje de falsa felicidad donde los amos eran felices por ser amos y los sirvientes por servir. Una imagen de Andalucía placentera para el turismo. Quejío es todo lo contrario. El desgarro del hambre, del paro, de la emigración. Andalucía Amarga la hizo en Bruselas con andaluces emigrantes en Bélgica.

-En Nueva York hicieron Las Bacantes, Crónica... y van con Carmen el 11-S

-Estábamos haciendo el montaje de las luces cuando nos hablaron primero de un accidente, después del atentado. Como estábamos en Manhattan, La Cuadra fue la única compañía que pudo trabajar. Nos lo pidió el alcalde, Giuliani, para dar una impresión de normalidad. Yo leí con el teatro lleno un texto en español y en inglés. Había al mismo tiempo una sensación de solidaridad y de estado de sitio.

-¿Se vuelve a Francia?

-Me voy tres meses para recopilar todo lo que haya de Salvador. La idea es hacer una fundación y ponerla en marcha con sus hijas.

-Su funeral fue uno de los primeros actos de la nueva consejera de Cultura.

-No hay nada para pedirle.

-La agenda de La Cuadra era como la de Madonna o Plácido Domingo...

-Desde que murió Salvador, yo he dejado de existir. Antes mi teléfono no paraba de sonar. He desaparecido. Usted es la primera persona que me llama. He perdido el apartamento que tenía desde 1987. Han subido la renta un cien por cien para piso turístico.

-¿Távora nunca fue profeta en su tierra?

-De las 748 actuaciones de Quejío, sólo 26 fueron en toda Andalucía. Aquí no había costumbre de ese teatro. En Madrid se representó más de doscientas veces, igual que en Cataluña. Jack Lang la llevó al anfiteatro de la Sorbona en 1972 ante tres mil personas. Con esa función nos salió trabajo para un año.

-¿Salvador Távora es su tesis de Nancy?

-Es la ciudad donde se inició esta colaboración. El festival era bianual, en los años impares. La gente viajaba menos y Nancy era un escaparate del teatro que se hacía en el mundo. En 1975 llevamos Los Palos y en 1977 Herramientas. Se hizo una función especial para Mitterrand.

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