Entrevistas

"Separar matrimonio y patrimonio ayuda a resolver muy bien el divorcio"

-Tras 25 años especializada en Derecho de Familia. ¿Cuántos divorcios han pasado por sus manos?

-Las estadísticas son relativas. Antes hacíamos separaciones y divorcios del mismo cliente, ahora se modifican los convenios, hay segundos divorcios... Yo empecé a andar con la ley aún vigente y he vivido toda su evolución.

-¿Ya no se habla de malcasadas y desapartados?

-Esos conceptos aún existen. En mi pueblo me llamaban la malcasada, pero eso ha cambiado. Antes se ocultaba y ahora no se presume de ello, pero es habitual ver nuevos modelos de parejas.

-Hay más tolerancia.

-Mucha más. Ya no es un escándalo que una mujer elija tener hijos sin tener pareja.

-Antes tenía mala fama.

-Sí. Pero yo llevo 15 años separada y ya no siento que en una reunión con otras parejas me vean como una cazahombres. Tenemos casi el mismo tratamiento que las viudas y a algunas nos ven como heroínas, mujeres valientes con independencia.

-¿Por qué se da hoy ese paso?

-Antes la mayor causa de divorcio era la infidelidad y ahora los problemas económicos. Cuando el dinero sale por la puerta, el amor sale por la ventana. Hay parejas que no iban ni mal ni bien y el desencadenante del divorcio es el desempleo, sobre todo, cuando afecta al hombre.

-¿Qué ocurre?

-Las mujeres siguen haciendo la función de madre, amiga, amante, cuidadora, asistenta y trabajadora. Y ellos no asumen fácilmente el papel de cuidar de los hijos y de la casa. Tengo mucha quejas de chicas de 30 a 40 años, banda de edad en la que se encuadra la mayor parte de los clientes ahora, que te dicen que el marido se ha convertido en un nuevo hijo.

-¿Y no hay ahora quien no se divorcia por motivos económicos?

-Hay casos. Pero no creo que por la crisis hoy se separe menos gente. Hubo un boom en el que se decía que las parejas aguantaban ahora más y llegaban a un acuerdo para seguir bajo el mismo techo compartiendo gastos. Creo que eso es cerrar en falso una ruptura. Todos son reproches: que si tú gastas mucha luz, que hay que ver lo sucia que está ahora la casa, que si llené el frigorífico y lo encuentro vacío... La clave es asesorarse bien cuando llega una crisis matrimonial.

-Más vale un buen acuerdo que un mal pleito, se dice.

-Pero no hay que tener falsas expectativas: el divorcio no te va a solucionar la vida.

-Aún hay quien piensa que un buen divorcio es sacarle lo máximo al contrario.

-Sí, hay quien dice: te voy a machacar, a arruinar, a dejarte sin nada... Eso se ha dado y se ha consentido. Hay abogados que te pueden arrinconar y hacerte firmar un acuerdo que te hipotecará durante mucho tiempo.

-Una de las claves del convenio es la vivienda.

-Siempre aconsejo que no se mezcle matrimonio con patrimonio, ayuda a resolver muy bien el divorcio y a evitar que los niños sufran por culpa de los padres.

-¿También se dan ahora menos pensiones compensatorias?

-Sí, porque la mujer está más en el mercado laboral. Pero todavía hay casos muy injustos de señores que estuvieron casados dos años y llevan veinte pagando una pensión a una mujer que, lejos de recuperarse, tira de la pensión y vive la vida.

-Pero los convenios pueden también modificarse.

-Se puede hacer y se hace, pero hay que justificarlo. También es cierto que hay que adaptarse a la realidad, hacer una reestructuración económica en muchos casos cuando hay demandas por impagos de pensiones o de hipotecas. La sociedad va demandando reformas.

-¿Y se acometen? Ahora hay una en marcha.

-Sí. La reforma de Gallardón plantea que el uso de la vivienda sea limitado.

-¿Y la custodia compartida? ¿Hay mucha demanda?

-Mucha. Ya hubo una reforma en 2005 y ahora se vuelve a acometer. Ya no será algo excepcional.

-¿Café para todos?

-Tampoco. Eso lo hizo Aragón. Cada familia tiene que tener su tratamiento. Queremos soluciones, no conflictos. La reforma me parece muy acertada, pero hay feministas que se oponen.

-¿Por qué?

-Creen que van a perder el poder de los hijos y, por tanto, la vivienda. No van a tener ni la llave ni la pensión. Pero yo veo muchos padres en las puertas de los colegios y empujando carritos. Los niños no son más felices porque la pensión sea más alta o más baja, sino porque puedan estar igual de bien con mamá que con papá. Y si hay que quitarlos del colegio privado, no pasa nada si se lleva bien. Al igual que pasa con las segundas parejas, hay que hacerlo con cuidado y no llegar el primer día diciéndoles que le llamen mamá. Los hijos tampoco deben ser correos de los padres. Los divorciados deberían hacer un cursillo.

-Algo de educativa tiene la reforma en marcha, ¿no?

-Los niños no son muebles que se llevan y se traen. El anteproyecto contempla un plan de paternalidad, es fantástico. El cliente debe explicar cómo va a aplicar el convenio y el régimen que se decida. Hay custodias compartidas que nunca se desarrollan. Y para ello hace falta ir a un especialistas. Nadie se deja operar el corazón por un oculista, pero hay gente que para divorciarse va al abogado de la empresa, al vecino que es amigo...

-Sois asesores legales ¿y emocionales?

-El divorcio tiene mucho coste emocional. Si un cliente viene con rabia y te conviertes en su vocero el conflicto nunca acaba. Pero si el cliente confía en ti, como en el médico y hace el tratamiento, sale renovado porque alcanza un buen acuerdo y cierra página. Si no, el coste emocional se traslada a hijos y familia extensa. Da pena los abuelos que dejan de disfrutar de sus nietos porque hay enfrentamiento entre los padres.

-Lo ideal es siempre el común acuerdo.

-Ahí todos ganan. Eso es lo que busca un buen especialista. Pero en nuestro gremio hay quienes siguen considerando el Derecho de Familia una maría.

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