"Mis comedias huelen a champán y a caviar"
-Usted sostiene que si un hombre miente a su mujer sobre una infidelidad es porque la quiere.
-La mujer todavía no se ha enterado de que si el hombre le miente es porque la sigue amando. Y entonces tiene que sentirse orgullosa. Tiene que decirse: Me miente porque no quiere perderme.
-Usted distingue entre los cuernos de cintura para abajo de los de cintura para arriba, cuando alguien se enamora de otra.
-Nadie está libre de tropezar con alguien especial, que verdaderamente te puede importar mucho. Ahí sí que tienes un problema. Ahí se sufre y te tienes que plantear tu situación. Es muy doloroso. Mientras que lo otro, una infidelidad, pues la niegas y punto.
-¿La mujer es diferente al hombre cuando engaña a su pareja?
-Entonces suele deberse a que ha dejado de amar a su marido, ésa es la gran diferencia con el hombre. La mujer es más auténtica, más verdadera. Va directa al asunto, pero al hombre le cuesta mucho aclararse, y más romper los vínculos del matrimonio.
-Admira a los actores que se meten en la piel del personaje, pero prefiere que el personaje se meta en su piel que, dice, es mucho mejor.
-A gran distancia, no hay color. Mi éxito se debe a que la gente sabe lo que voy a hacer. Y como creo que el público siempre tiene razón, no pretendo cambiar, porque lo que le gusta al público es lo que a mí también me apetece, me gusta.
-¿Nunca ha soñado con un cambio de registro radical? Un papel de mendigo, por ejemplo...
-No, porque la pobreza se te pega, y no estamos para leches. No sabría actuar. Estoy seguro de que si me pongo unos harapos a mí me iban a sentar bien y se iban a poner de moda. [Ríe] El esmoquin es una prenda que adoro, me favorece.
-Descubrió que lo suyo era la comedia cuando interpretó Dulce pájaro de juventud, de Tennessee Williams...
-Los espectadores se reían en los momentos que debían ser más dramáticos. Y mira que me dieron dos premios por aquel trabajo, y por La tercera palabra, de Alejandro Casona, me concedieron la Medalla de Oro de la ciudad de Valladolid.
-Pero a pesar de los premios usted supo que quería ir por otro camino.
-El que más disfruta encima de un escenario con este glamour soy yo. Me divierto muchísimo. Hay veces que estoy diciendo el diálogo y pienso: ¿Pero cómo le pueden pasar tantas cosas a este tío? Me encanta, huele a champán. Mis comedias son champán y caviar, y, lo siento mucho, mis personajes son millonarios.
-Debe de ser agradable pensar por dos horas que uno tiene la vida resuelta.
-...Y es dueño de una fábrica donde hay 1.735 obreros, como ocurre en Los hombres no mienten. Eso es algo que todos deseamos, quien diga lo contrario miente. El obrero capaz y sagaz quiere llegar a ser un burgués, y si él no lo consigue quiere que lo consigan sus hijos. Ésa es la realidad.
-Lleva casi medio siglo con su compañía, pero nunca ha pedido una subvención. Cree que quien la recibe se abandona.
-Sí, te abandonas, sobre todo si eres empresario. Ahora todo el mundo quiere estar subvencionado, y no en mi profesión, en cualquiera, y así no vamos a ninguna parte. Estamos teniendo un momento terrible, hay que sacrificarse. Son lamentables las cosas que ocurren, es horrible que a una persona la echen de su casa, pero eso ha ocurrido siempre. En los siete últimos años en que gobernó el PSOE hubo 10.000 desahucios. ¿Por qué no salía entonces la gente a la calle?
-Eso nos lleva a cuando opinó que nunca había visto gente más fea que en las manifestaciones. ¿Se malinterpretaron sus frases?
-Sinceramente, me importa un carajo. Lo que molestó realmente es lo que había dicho después: que en España, con la izquierda en el Gobierno, nunca ha progresado mi país. La izquierda nunca ha tolerado que gobierne la derecha. Y no nos engañemos: la izquierda ya no existe. Existió con mis padres: el mío era un anarquista, estuvo 19 años exiliado en Francia. Yo puedo hablar. Ahí sí había unos valores: se luchaba por una bandera, un himno, una familia. Ahora la bandera se quema, el himo se abuchea y la familia se ha destruido. Y hay regiones que quieren separarse. Explíquemelo.
-Uf. Ese análisis llevaría un tiempo del que no disponemos...
-[Ríe] Ya, ya. Nadie ayuda a nadie, y como no nos ayudemos los tiburones nos van a descuartizar. Como no nos unamos, vamos a ser esclavos de otras naciones.
-Cuando murió Landa, Gutiérrez Caba decía que se está yendo una generación que no tiene relevo.
-Estoy de acuerdo. Casi empezamos juntos, Landa, Galiardo, Pepe Sancho, Sancho Gracia... Posiblemente yo era el mayor de todos ellos. Hemos amado lo que hacíamos, éramos gente de teatro. El teatro es la casa del actor. La televisión ha beneficiado, pero al actor lo usa como un kleenex; sirve para darte a conocer pero también puede hundirte. Y el cine es fácil: que se lo pregunten a Babe, el cerdito valiente o a la mula Francis. Hicieron interpretaciones geniales.
-Ha dicho que era el mayor de todos ellos. Algún día tendrá que contar cuál es su secreto para mantener esa energía.
-¿Sabe lo que pasa? Que para envejecer hay que tener tiempo. Y yo hasta ahora no lo he tenido.
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