Daniel Ordás. Abogado y político hispanosuizo

"No hay una genética latina: todos queremos vivir mejor"

  • La idea motor de 'Reforma 13' para hacer cambios en la Constitución Española es el protagonismo del ciudadano, combustible único del avión democrático.

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Una entrevista con Jordi Évole en Salvados le dio a conocer en España. La idea motor de Reforma 13 es el protagonismo del ciudadano, combustible único del avión democrático. Es difícil interrumpir a Daniel Ordás (Basilea, 1974), suizo de padres asturianos, y es difícil porque se le nota la fiebre pedagógica, la necesidad de justificar que no reivindica una utopía sino el sistema vigente en Suiza. Casado y con tres hijos, su castellano es perfecto, aunque aliñe levemente algunas palabras. Cree en los españoles cuando, curioso, ellos mismos lo tienen menos claro que nunca.

-¿Qué le pasa al sistema español? 

-Hoy en España hay tres vías para componer la legislación: decisiones directas desde Berlín y Bruselas; otras que asume el Gobierno por decreto; y las que derivan de las correcciones del Tribunal Constitucional. El sistema ya se ha acabado. Ya no somos una democracia representativa. El pueblo tiene que darle órdenes al Parlamento y el Parlamento al Gobierno. Eso no sucede aquí.

-Usted intenta trasladar el mecanismo político suizo a España, un país con una idiosincrasia muy distinta.

-En España siempre se ha admirado la picaresca, a personajes como Curro Jiménez o el Lazarillo, y se escuchan frases como "no tenía un duro y salió adelante"; "cobra el paro y curra en negro"; "joder, no sabe hacer la o con un canuto y se ha forrado". Si algo bueno tiene esta crisis es que nos hace ver que no hay una genética latina: todos queremos vivir mejor y con más dignidad.

-¿Y cómo le explica a un chaval que no queme la papelera o a una mujer hecha y derecha que no tire el paquete de tabaco al suelo?

-Imagínese un pueblecito pequeño en el siglo XVI. Hay un río, y al otro lado del río unas tierras que nadie cultiva. Deciden entre todos hacer un puente y cultivar las tierras. El día que se rompa algo, o lo arreglas tú mismo o lo planteas en la próxima asamblea vecinal. Si tienes un castillo, el señorito te manda hacer el puente, que va a ser suyo. Romper el puente es un acto revolucionario contra la opresión de la autoridad. Sin embargo, romper el otro puente, el tuyo, es de gilipollas. Pero no hablo de España y Suiza. En España hubo también campesinos libres y en Suiza feudalismo.

-Si el sistema está muerto, ¿cuál podría ser nuestro nuevo sistema?

-Uno donde haya democracia directa, políticos milicianos, listas abiertas; uno donde se reforme el Senado y el modo de elegir a los diputados. Pero no tenemos que echar a nadie, esto no es una dictadura militar.

-¿Políticos milicianos?

-Políticos que tengan una profesión normal de la que viven y que se dediquen a la política y reciban por eso unas dietas. Debe ser como un hobby. Han de tener un oficio para ser reciclajes. Hoy se convierten en víctimas de un sistema del que no pueden salir.

-¿Víctimas? En España se ha consolidado un ejercicio muy patrimonialista del poder. Chaves, Pujol, Fraga o Ibarra han estado muchísimos años al frente.

-En la primera legislatura eres todavía novato, la segunda debería ser tu fuerte y en la tercera deberías ayudar a los nuevos. La gente cree a veces que el bueno es el que lleva 20 años, y es más bien lo contrario: si en 20 años no has sido capaz de cambiar nada, es que no sirves. Tres o cuatro legislaturas en el mismo cargo es lo máximo, salvo que seas primero concejal, luego diputado y después senador. No estoy en contra del movimiento, es bueno que haya gente con experiencia. La política debe ser siempre una vocación pero nunca una profesión. Ésa es una de las trampas que te acaba llevando a la corrupción.

-Porque cuando no te reeligen, estás perdido.

-Y entonces se crean puestos ficticios, por ejemplo el de asesor de una empresa que privatizaste tú mismo,  para mantener a gente que ha hecho méritos en el partido. Si los lunes, miércoles y viernes eres panadero y los martes y jueves diputado, cuando no te reelijan harás bollos y se acabó. Es posible hacer política con mucho menos gasto y en mucho menos tiempo que aquí. Eso es lo que les devuelve la dignidad, el poder decir: yo no vivo de la política.

-¿Ocurre con la política como con la economía, que se ha convertido por necesidad en deporte nacional?

-Hasta hace pocos meses en España existían el pueblo y los políticos, cosas separadas que por coincidencias vivían en la misma península. La crisis ha hecho que la política haya salido del telediario y haya entrado en los salones. Ha habido dos aspectos: la gente se ha concienciado de que la política tiene mucho que ver con ellos y también de que no tiene ni el más mínimo instrumento de control. Cada cuatro años votas unas listas cerradas y como mucho mandas a tomar por saco al que está para colocar al otro.

-La desconfianza es mutua. Algunos dirigentes parece que se dirigen a niños de ocho años antes que a adultos plenamente capaces.

-Si se niegan a que podamos decidir es porque creen que no valemos para eso. En Basilea, mi cantón, se votó recientemente sobre los horarios comerciales (enseña la papeleta). Y no hay un solo diputado en todo el planeta que sepa más de esto que tú y yo. O creen que somos demasiado idiotas para contestar estas preguntas o creen que no hay ninguna imprenta capaz de imprimir las papeletas. Todo lo que pido en España son cosas probadas desde hace 170 años.

-Supongo que los políticos le tendrán miedo.

-Mi propuesta les beneficia porque la responsabilidad se comparte con el pueblo, que asume mucho mejor los resultados derivados de sus propias decisiones.

-¿Qué hacemos con la Monarquía?

-Lo nuestro es una transformación del cómo, no del qué. Cualquier tema menos los derechos humanos fundamentales puede ser debatido.

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