Ángeles González-Sinde | Ex ministra de Cultura, cineasta y escritora "Me encantaría hacer una película para Netflix"

"Me encantaría hacer una película para Netflix" "Me encantaría hacer una película para Netflix"

"Me encantaría hacer una película para Netflix"

Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965) regresa a la literatura con una novela llena de sentimientos, Después de Kim (Duomo). La ex ministra de Cultura con Zapatero, cineasta y escritora ha pasado hace unos meses por el duro trance de perder a su pareja, el editor Claudio López de Lamadrid. La escritura supone para ella un refugio en el que “resolver aquello que nos genera conflicto o, por lo menos, amortiguar los golpes y el dolor”.

-Todo el mundo le pregunta por la dedicatoria de su novela: "A los hombres que he querido y que perdí".

-Hasta ahora había sido muy reservada con esa parte de mi biografía. Perdí a mi padre siendo muy joven y de manera súbita, también a mi hermano en un accidente de tráfico y, por desgracia, a mi pareja hace cinco meses. En este momento me parecía importante expresar el vacío tan enorme que me suponen esas pérdidas.

-¿Ha sufrido a la hora de publicitar Después de Kim?

-Cada vez que me pasa algo bueno paradójicamente es un recordatorio de cómo me hubiera gustado compartirlo con mi pareja, el editor Claudio López de Lamadrid. Me apoyaba muchísimo.

-¿Lleva el duelo con naturalidad?

-Es la única manera de llevarlo: la naturalidad. A veces uno intenta esconderlo para no herir a los otros, para no cargarles con el peso.

-¿Y qué piensa del positivismo de nuestro tiempo?

-Hay una parte que es buena, intentar ser positivo y huir de esa moral oscura y de castigarse tan española, del valle de lágrimas. Pero, por otra parte, la vida tiene cosas duras y tristes y tú sola no las puedes superar.

-Leyendo su libro recordé el poema de Gil de Biedma No volveré a ser joven.

-Exactamente. Ese equilibrio entre vivir con ligereza y, al mismo tiempo, ser consciente de lo valioso que es cada detalle y cada encuentro con la persona que quieres es muy difícil, sobre todo con el ritmo de vida trepidante y cargado de obligaciones que tenemos. A lo mejor hay que vivir más despacio para estar más con nosotros y con nosotros mismos.

"La vida tiene cosas duras y tristes que no las puedes superar solo, pero hay que huir del valle de lágrimas”

-¿Cómo es el amor a ciertas edades?

-En mi caso, el amor en la madurez ha sido mucho mejor que en la juventud. Primero, como en el poema de Gil de Biedma, se valoran más las cosas y lo difícil que es encontrar ese afecto. Y luego vas aprendiendo con la vida. Además, eres mejor en la convivencia.

-¿Es posible enamorarse de un ex?

-No lo sé. Me cuesta más creerlo, porque si hubiera esa opción, la pareja no se hubiera separado.

-Pero en su libro hay un reencuentro.

-Lo hay, pero más basado en la lealtad y en una amistad. No tiene que ver con lo amoroso. Es más bien un parentesco. Un ex es un pariente. Al fin y al cabo, tu ex marido o tu ex mujer, si hay hijos de por medio, va a ser un pariente siempre. Va a ser un miembro de la familia para bien o para mal.

-También está presente la violencia machista. Las cifras (más de 1.000) en España son intolerables.

-Lo son. Llevamos unas semanas muy negras. Y no deja de sorprender que con tanta conciencia social que hay sobre este tema, haya tantas mujeres que no pueden escapar de esa situación y tantos hombres a los que tampoco nadie les diga que se paren a reflexionar y encontrar la manera de curarse de esa enfermedad tan terrible que es el machismo.

-¿Dónde está el problema: en la educación, en los presupuestos...?

-Es una combinación de todo. También está lo que se percibe en el ambiente. Los jóvenes sacan de algún lado esos ejemplos y comportamientos machistas. Cuando se habla de educación, tenemos unas expectativas enormes de los maestros y de los profesores. Y ellos tienen un campo de acción determinado. No todo es responsabilidad de la educación escolar. La educación también se percibe en la calle, en casa, en los medios, en las películas, en la publicidad...

-Es un problema grave.

-También ha salido un estudio de lo pronto que los niños tienen acceso a la pornografía y cómo los marca. Ellos no tienen ninguna referencia y se piensan que la pornografía es la realidad. Ahí hay mucha violencia y desigualdad escondidas.

-¿Qué piensa cuando lee el argumentario de Vox?

-Me genera mucha preocupación. Me parece tan grave como el negacionismo del Holocausto nazi. Que hay mucha violencia contra las mujeres y mucha desigualdad es una realidad objetiva. Y no ayuda nada la falta de sensibilidad hacia ello o querer recortar presupuestos a esas políticas.

-¿Qué es un Consejo de Ministros sin un Ministerio de Cultura potente?

-Es una merma enorme para un sector que está ya de por sí muy maltrecho y precarizado por la crisis económica y por la transformación digital. La cultura está en un estado muy delicado.

-¿Cómo lleva pasar a la historia por la ley Sinde?

-En principio, me generaba mucha preocupación, porque había mucha animadversión hacia mí. Fue un desgaste personal grande, pero ahora, pasado el tiempo, estoy contenta de haber abierto ese debate social.

-Es indiscutible la necesidad de una ley de propiedad intelectual...

-Es indiscutible también por el derecho a la intimidad, por la intromisión de tantas aplicaciones, programas, navegadores, las grandes empresas tecnológicas y el uso que hacen de nuestros datos. Son necesarias reglas de convivencia en la red, como las que tenemos en la realidad.

-¿Haría una película para Netflix?

-Sí, claro, me encantaría. Lo importante no es quién produce las películas, sino que el abanico de cosas que produce un canal sea diverso.

-¿Aunque implique que la gente vaya menos al cine?

-El cine en sala siempre va a tener un atractivo, porque todavía no hay nada comparable con esa magia de cuando te sientas y se hace el silencio y la oscuridad.

-¿Y pondría más horas de lectura para los niños?

-¿Los niños? Pero los padres también tienen que leer más. Los niños copian lo que hacen los adultos y si estamos todo el día con el móvil... Estaría bien que todas las familias nos tomáramos un día a la semana de sabbat digital y todos dejáramos en un cajón las tablets y los móviles e hiciéramos otras cosas, aunque sólo fuera estar sentados en la terraza tomando el sol o hablando.

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