Manuel antonio fernández | Neuropediatra

"Con una hora de móvil rozamos el exceso"

"Con una hora de móvil rozamos el exceso" "Con una hora de móvil rozamos el exceso"

"Con una hora de móvil rozamos el exceso" / m.G.

Manuel Antonio Fernández Fernández (San Fernando, Cádiz, 1980) se licenció en la gaditana Facultad de Medicina. La especialidad Neurología Pediátrica la desarrolló en el sevillano Hospital Virgen del Rocío entre 2005 y 2009. En 2014, fundó el Instituto Andaluz de Neurología Pediática, en Sevilla, donde tiene su consulta. En su trabajo aborda casos de TDH, dislexia, retraso madurativo pero lo que ha irrumpido en esta década con el internet en los móviles es la dependencia de los dispositivos entre niños y adolescentes. El descontrol horario, la obsesión por la inmediatez virtual, se han convertido en una amenazante lacra entre las familias.

-¿Hay una edad crítica para controlar el uso de internet y del móvil?

-Es cuestión del control de los adultos. La edad más problemática podríamos decir que sería la de los 13 años, en plena pubertad. En la adolescencia se producen mayores casos de dependencia de las pantallas porque el sistema de autocontrol de la persona está en desarrollo. La satisfacción la tienen en la palma de la mano.

Mientras los padres no se sientan con capacidad de controlar las actividades es mejor no permitirlas"

-¿Las redes sociales integran o desintegran?

-Los niños y jóvenes quieren sentirse integrados y pueden llegar a la obsesión.

-¿Deberíamos ser capaces de controlar el tiempo dedicado al móvil a nuestros hijos?

-Es nuestra obligación. Es mejor que los pequeños hagan antes los deberes, sus actividades, para que el dispositivo (el móvil, la tablet, la consola) sea una satisfacción posterior. Al revés, quitarlo para que hagan las tareas, causa frustración y hasta violencia. En la consulta vemos a diario estos problemas. Los adultos tenemos una vida atareada y no estamos pendientes de ese poder de los dispositivos de internet.

-¿Lo más adictivo serían los juegos on line?

-Todo este ámbito puede ser adictivo. Los padres no tienen ni idea de lo que están haciendo sus hijos y ese es el problema. Al niño hay que ponerle los límites antes de usar un dispositivo. Más de media hora al día ya me parece una temeridad. Si además ese consumo no es organizado, si no está controlado su principio y final, es un riesgo. El uso hay que vincularlo al trabajo y a cumplir objetivos.

-Eso nos obliga a los adultos a hacer también nuestra tarea.

-El uso tiene que ser responsable. Una hora de móvil ya me parece un exceso. Nuestros padres no nos dejaban estar viendo la tele hasta la una de la madrugada. Ahora la pantalla ha cambiado.

-¿Estamos ante un problema universal?

-Es un problema general que está en manos de cada casa.

-¿Por dónde empezamos?

-Hay que ponerse al día sobre lo que van a encontrarse nuestros hijos en el móvil. No depende de un sí o no, sino de qué uso van a hacer. El móvil y la tablet tienen que estar supervisados. También tenemos la cámara y el vídeo. Se usan con ligereza y tenemos que echar un vistazo a las aplicaciones de mensajería.

-¿Estamos hablando de "espiar a nuestros hijos"?

-Estamos hablando de responsabilidad. No es espiar, sino controlar. Hay que hacerlo porque es una obligación de los padres.

-¿Pero ahí hay muchos adultos que se sienten impotentes?

-Pues mientras los padres no se sientan con capacidad de controlar las actividades es mejor no permitirlas. Tenemos así indefensos a niños de ocho o nueve años.

-¿Las nuevas generaciones han olvidado los juguetes tradicionales?

-Los juguetes y juegos tradicionales son una opción. Hay que darlos a conocer. Un tablero de Monopoly puede sonar rancio pero es un juego muy entretenido para vivirlo entre amigos.

-Hay que recuperar al vecino.

-Eso es, hay que recuperar al vecino, a los familiares. En los videojuegos pioneros jugaba toda la familia. Hay que buscar actividades que supongan interactividad con el entorno inmediato. Son estímulos.

-¿Hemos renunciado a la calle (para jugar)?

-Sí. Una cosa que hacíamos antes era salir a la calle a jugar el fútbol. Las ciudades son enemigas de los niños. No hay zonas frescas, libres de circulación de vehículos. Lo que te aporta una actividad lúdica en la calle o una actividad en familia no lo puede suplir una pantalla a solas.

-¿Con las vacaciones habrá aumentado el abuso del móvil?

-Las vacaciones deberían haber sido una oportunidad para actividades tradicionales y al final terminan siendo un riesgo. Son días para haberlo pasado al aire libre. El niño no se puede llevar la consola con las vacaciones para al final quedarse en el apartamento...

-¿Estamos, en verdad, hablando de drogas?

-Los efectos de placer de los dispositivos son parecidos a los de las drogas. Son estímulos parecidos. Dan una gratificación inmediata.

-A usted no le va a faltar el trabajo.

-Y me falta tiempo para atender tantos casos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios