rosa ribas, Escritora

"La mano humana está tras cada monstruo"

La escritora Rosa Ribas. La escritora Rosa Ribas.

La escritora Rosa Ribas. / efe

-Gran parte de la acción de La Luna en las minas sucede en el Maestrazgo. Un escenario que uno nunca hubiera pensado para situar a un licántropo pero que resulta perfecto.

-La Luna en las minas es una historia a la que llevaba mucho tiempo dando vueltas en una primera versión. Con el texto ya cerrado, algo me decía que no, aunque tenía claro el tema de unir hombre lobo e inmigración. Y, claro, es que en esa génesis del texto me había ido a Galicia, por toda su tradición del lobisome, pero no me funcionaba. Y me di cuenta de que era porque yo no tenía vinculación ninguna con Galicia. Así que lo llevé a Castellón, a un territorio que sí conozco, con sus veranos y sus inviernos aislados, y ya todo cuajaba. Y le tuve que dar, claro, una leyenda propia fuera del folclore. Así que, a partir de todo el conocimiento de la historia de la zona, de las guerras carlistas, de la cantidad de sangre vertida, de los prófugos... fui viendo que había espacio para una leyenda que encajara en el territorio y para una criatura fantástica que se moviera por él. Vi que el hombre lobo empezaba a caminar, que se movía. Al final, me costó años terminar este texto que comenzó como un relato largo.

-Igualmente, licantropía y posguerra son dos conceptos que suenan bien pero que, en blanco, son difíciles de hilar.

-Salieron de forma natural. Uno se pone a pensar de dónde sale esa ansia de sangre y muerte, en cómo transforma la guerra la experiencia de la gente: el monstruo, el licántropo, es el hijo de todo eso, de la sed de sangre que quedó en alguna gente: de ahí su maldición. Su abuela es la que decide romper la maldición y educarlo, porque con la bestia no se puede acabar. Ella le va dar la clave, la educación que le va a permitir saber si quiere o no quiere ser una bestia. Porque esa bestia la llevamos dentro todos, claro. Y sobre ella, en general, tenemos un gran poder de decisión. No es una herencia mítica.

-En la posguerra, precisamente, los "monstruos" que se ocultaban debían der ser muchos. Y los que no se ocultaban.

-Realmente, La Luna en las minas es una reflexión de lo que gente ha hecho en la guerra. Cómo vuelven, traumatizados, dañados, cambiados. No te explicas por qué son capaces de hacer lo que hacen.

-El libro está dedicado a su madre, que siempre le ha dicho que es "algo lunática". ¿Cómo ha llevado su condición?

-Lo cierto es que cada vez mejor. Siempre dijo que era un poco extravagante, la rara de la casa. Pero creo que siempre hay personas que son así, que tienen una fantasía extraña, que se mueven en otro ámbito. Me tocó a mí. Y bueno, el tema de las gafas también hizo lo suyo, es importante... Ahora me acepto como tal, pero ha hecho falta que pasaran los años y que uno asumiera su condición. Además, respecto a mi madre, la historia se desarrolla en el pueblo de su padre, y se juntaban las dos cosas.

-Y también, en la apertura, encontramos un poema de Michael Hurley que llama a la simpatía por el hombre-lobo. Pero es que lo monstruoso sería no sentir simpatía por algunos monstruos. No estar del lado del dragón o del minotauro.

-La bestia no es mala: simplemente, sigue su naturaleza. Si se porta mal contigo, más allá de eso, es porque lo agredes, porque le haces daño. Nosotros azuzamos a los monstruos, que viven tan tranquilos en su dimensión. No estaría mal hacer una vindicación de esos monstruos.

-Y, ¿qué cree que querían reflejar, en el imaginario, las leyendas sobre hombres lobo?

-Bueno, en el repertorio de criaturas monstruosas ves la mano humana en todos ellos, porque muestran la dicotomía que somos nosotros, con ese animal que no entendemos. Nosotros no sólo hemos evolucionado, sino que transmitimos cultura, educación, tenemos un alto grado de empatía, pensamos en el mañana. Y dentro, el monstruo, como decimos. Esa lucha perpetua la hemos llevado siempre. Hasta hace muy poco hubo guerras en Europa, ¡en Europa!, donde nos consideramos los más civilizados, y cuando decíamos que eso no volvería a pasar aquí jamás. O fíjate todo lo que se organiza en los Sanfermines, esa línea tan delgada de cruzar, y tan cerca de nosotros. En el libro, cuando sale la bestia, Joaquín no está. De alguna manera, es así en todos nosotros, o muchas veces vemos, o nos gustaría creer, que es así. "Está loco", decimos, no es una persona "normal". Pero incluso en él como protagonista, en su lucha, vemos que siempre hay puntos luminosos, los que nos ayudan en nuestro recorrido para ser mejores personas: experiencias que le demuestran que vale la pena. Está su amistad con Vicente, su amigo de la infancia; o la abuela , que le ha querido como es. Y cuando se enamora. Todo eso es posible, a pesar de las tinieblas.

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