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Doble fondo

Desconcierto

Ha cumplido cien días, pero da la sensación de que el Gobierno de Pedro Sánchez ha pasado mil y una noches en vela, de ahí que no dé pie con bola.

La sucesión de desatinos (Valle de los Caídos, inmigración, prostitutas, impuesto a la banca, defensa del juez Llarena, bombas a Arabia Saudí, duración de la legislatura, etc.) es evidente, pero el presidente la contrarresta a golpe de golpes de efecto y este lunes consiguió echar la cortina sobre la polémica de la semana anterior como quien no quiere la cosa con su irresistible propuesta de acabar con los aforamientos de sus señorías.

El ardid vino precedido por otra estupenda entrevista de Ana Pastor, en otro monumento a las preguntas y repreguntas certeras y respetuosas sin jabón del que el presidente salió trasquilado. La periodista había dejado repetida constancia de que le había costado cinco años sentar en su potro de torturas al líder socialista, pero dio la sensación de que el brazo de mar no tuvo tiempo de prepararla con su tesis río abajo del albañal. Si lo hubiera hecho, habría tenido una respuesta algo airosa cuando le preguntó por sus bandazos y no habría echado la culpa al mensajero, reduciendo a "ruido" de los periodistas los líos en los que ha involucrado a medio Gabinete.

Son días de zozobra. El propio Sánchez admitió en su penosa entrevista que no descarta convocar las elecciones este año, lo que ornamenta los pasos que da el Gobierno socialista con una sensación de provisionalidad y precariedad que nada tiene que envidiar a los grandes momentos que procura la reforma laboral de su predecesor a miles de sufridos trabajadores.

El desconcierto de la izquierda está ya por las nubes después de ver los ideales y la ética hechos jirones en aras de las 6.000 familias gaditanas que dependen del buen rollo con los dictadores saudíes. Y lo dispara el ex presidente Zapatero dando palmaditas a Nicolás Maduro al achacar el éxodo en Venezuela a las sanciones de Trump.

Y no digamos cómo está la cosa a la derecha. Aznar desembarca hoy en el Congreso arropado por la plana mayor del PP para hablar de la caja B. Nada de lo que extrañarse. Todo casa (do). El ratón agradece a la montaña que lo parió. Y el duelo al sol del gallito de las Azores está servido con Pablo Iglesias. Que contemporiza como puede ante los desmanes de su socio en Moncloa.

Estamos como a oscuras y con el precio de la luz por las nubes. Todo suena a  desconcierto.

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