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Dividido y sin referencias

  • Batalla. El drama del PP es que las tensiones personales entre Soraya, Cospedal y Casado, los tres claros aspirantes en las primarias, pueden dilapidar su futuro como partido de Gobierno

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Dividido y sin referencias / Ballesteros / efe

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Lo de menos es el bajo porcentaje de inscritos para votar en las primarias. El problema más grave del PP es que ya no puede ocultar la división en las alturas y, además, se ha quedado sin las referencias que le hacían sacar pecho y sentirse el partido más sólido de España aunque haya sido desalojado del Gobierno. Ya no está Rajoy, pero existía la idea generalizada, la certeza, de que Feijóo se movería para ser el nuevo líder del partido. No lo hizo y en principio no tendría que provocar una debacle en el partido, que como se suele decir tiene banquillo. Sin embargo, los hechos son tozudos y ese banquillo se ha diluido al buscar sus miembros acomodo respaldando a los distintos candidatos y, a cinco días de las primarias, como explicaba un dirigente de amplia trayectoria: "La única certeza es que Soraya y Cospedal se detestan. Antes era algo que sabíamos unos pocos y ahora lo sabe todo el mundo, y eso llena de preocupación a un partido que aún no se ha hecho a la idea de que Rajoy ya no está".

El ex líder popular se ha ido como un señor, primer presidente que regresa a su profesión, renuncia a seguir viviendo del erario público y no señala a su sucesor. Pero empiezan a surgir voces que le reprochan no haber dado ninguna indicación. Aunque si se hubiera inclinado por alguien, se le habría criticado por no permitir que su heredero se decidiera según la voluntad de los militantes. En cualquier caso, el proceso es ya irreversible, sin vuelta atrás, y el próximo jueves los militantes inscritos elegirán a los dos candidatos que acudirán al congreso del 21 para ver cuál de los dos consigue mayor número de votos de los compromisarios.

Algunas voces creen que lo mejor es que haya tal destrozo que lleve a una reconstrucción real

arremetidas personales

Los adversarios del PP han encontrado un filón por el escaso porcentaje de militantes inscritos, concluyendo que mentían los dirigentes populares que aseguraban que se acercaban a los 800.000. Los candidatos, en lugar de encontrar la justificación para esa aparente falta de interés, han arremetido unos contra unos, lo que además de sembrar desconcierto entre las bases a las que prometen unidad e integración, ilustra el cruce de reproches entre los equipos de Cospedal y Soraya. En un caso por no tener controlado el partido y en el otro por no conocer la formación por dentro, mientras la candidatura de Pablo Casado empieza a desinflarse tras comenzar con mucha fuerza.

El joven dirigente ha intentado recuperar fuerza con una arremetida contra sus dos contrincantes: critica de Cospedal sus intentos de control de los aparatos regionales y de Soraya su fracaso como responsable de la política del Gobierno en Cataluña. Pero la jugada que más ha irritado ha sido su amenaza de no aceptar nada que venga de ninguna de las dos en el caso de que se convirtieran en presidentas. De integración, nada. El candidato más joven hacía saltar por los aires la posible conciliación.

Los candidatos reales son tres. Ni siquiera un observador imparcial ve que el ex ministro Margallo pueda pasar a la segunda vuelta. Abiertamente contrario a Sáenz de Santamaría, es el único candidato que presenta un proyecto concreto de Gobierno porque defiende la idea de que el próximo presidente del PP va a ser líder del Ejecutivo. O defendía. A medida que transcurre la campaña, deja de insistir en esa idea, como si él mismo fuera consciente de que las cosas no van en el PP como le gustaría.

Nadie creía en una futura integración aunque la prometían los candidatos. Lo proclamaban porque sabían que la deseaba la militancia, huérfana desde que se fue Rajoy y consternada porque Feijóo se quedó en la Xunta. Es tanta la desazón al advertir que el partido está falto de ilusión, de empuje y de candidatos capaces de luchar por la unidad que algunos miembros destacados del partido, ajenos a la lucha electoral, dicen que lo mejor es que la pelea por el poder desencadene tal destrozo que se tome en serio la reconstrucción partiendo de cero. O que dentro de dos años puedan celebrarse nuevas elecciones internas y, entonces sí, Feijóo pueda ocuparse del PP y convertirse en salvador. Cuesta creer que puedan hacerse cábalas de futuro a tan largo plazo.

De momento se adivina que la rivalidad de Cospedal y Soraya es letal para el partido. También que ninguno de los aspirantes con más posibilidades están realizando buenas campañas: excesivo empeño de Cospedal en potenciar su imagen institucional, desaciertos de Soraya por demostrar campechanía y empecinamiento de Casado para situarse equidistante entre Rajoy y Aznar, lo que ha provocado recelo en un PP decepcionado con las críticas constantes del segundo a la política del primero y que cada día se muestra más cerca de Ciudadanos y de Vox. No ha arreglado las cosas Casado con el enfrentamiento con sus dos adversarias.

números son números

En la semana que dura la campaña han cambiado mucho las consideraciones iniciales. Cospedal aparecía debilitada frente al empuje que desplegaba Casado y la cercanía de Soraya con la gente; es un personaje público que cae bien frente a una Cospedal con fama de distante. Con los días ya no está tan claro que ésta no pueda ganar. El equipo de Casado pensaba que si pasaba a la segunda vuelta se convertiría en el presidente del PP porque la animadversión de sus dos rivales provocaría que los votos de una y de otra podrían ir a él. Hoy, Casado ha provocado incomodidad en las dos mujeres. En las dos.

Por otra parte, el escaso porcentaje de militantes, aparte de acrecentar las críticas a Cospedal por no actualizar el censo, sí permite hacer una aproximación más precisa de lo que puede ocurrir en las urnas.

Un dirigente que no oculta su deseo de que gane la vicepresidenta se ha tomado la molestia de analizar el número de inscritos de cada comunidad, los únicos que pueden votar. Y sumando los que puede conseguir cada aspirante en función de los apoyos que tradicionalmente le han dado las distintas provincias le sale que gana... Cospedal. Resultado que le incomoda profundamente porque cree que Soraya tiene más interés en integrar todas las sensibilidades del PP. Pero, como añade ese dirigente, los números son los números. Y, si no yerra, su favorita quedaría fuera de juego.

Porque ése es el drama del PP: las tensiones personales pueden convertirse en movimientos revanchistas y, en vez de salir reforzado el partido tras sus primeras primarias, podrían desaparecer algunas de sus figuras más emblemáticas y saltar todo por los aires, dejando de ser un partido de Gobierno. Es algo que perciben casi todos, excepto los que en su lucha por la Presidencia se olvidan de la lucha por salvar al partido de su decrepitud actual.

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