Las Claves

El hombre de los secretos de Estado

  • El general Félix Sanz Roldán abandona el mando de los espías españoles tras una década en la que ha servido a tres presidentes del Gobierno y a dos monarcas.

El hombre de los secretos de Estado. El hombre de los secretos de Estado.

El hombre de los secretos de Estado.

Hace pocos meses, el responsable de garantizar la seguridad de EEUU invitó a un almuerzo en Washington a los directores de los servicios de Información e Inteligencia más eficaces del mundo. El teniente general Félix Sanz Roldán, director del CNI con categoría de secretario de Estado, era uno de ellos. Aunque no fuera más que por uno sólo de los servicios prestados a EEUU, tenía bien ganado el sitio: su equipo pasó a los responsables americanos de Seguridad Nacional todos los datos para abortar un gran atentado que estaban a punto de cometer los yihadistas en Boston, ciudad que ya fue víctima de una tragedia en primavera de 2013, cuando los terroristas detonaron los artefactos explosivos colocados en el último tramo del maratón, con el resultado de cinco muertos y casi 300 heridos.

El general ha estado diez años al frente del CNI, donde llegó en un momento complicado, pues su antecesor, Alberto Sáez, nombrado por José Bono, fue acusado de apropiación indebida de fondos. Zapatero decidió nombrar a Sanz Roldán nuevo director. Lo conocía muy bien, había sido Jefe del Estado Mayor del Ejército, la máxima autoridad militar, y el presidente lo nombró asesor al llegar el momento del cese.

Entre los servicios más importantes a España fue concertar un encuentro entre el secretario de Estado de Exteriores, Bernardino León, y el de Seguridad Nacional de EEUU, buen amigo de Roldán de los tiempos en los que estuvo destinado en la Embajada española en Washington. EEUU estaba indignado con Zapatero por decidir, unilateralmente, la retirada de las tropas españolas de Afganistán, y la cita de León y Sanz Roldán con el alto cargo militar apaciguó algo las cosas, aunque no sirvió para que Bush considerara a Zapatero un aliado en el que pudiera confiar.

El rey Juan Carlos

Roldán ha tenido en cambio la confianza de tres presidentes, Zapatero, Rajoy y Sánchez, y de dos reyes, Juan Carlos y Felipe. Hace días, en una cita con el presidente, no se habló de su futuro aunque los dos sabían que el 4 de julio sería el cese automático como director del CNI al finalizar su segundo mandato como responsable de los espías. El Ejecutivo, en funciones, ni podía confirmarlo ni tampoco podía nombrar sucesor, por la misma razón, por lo que la última semana ha sido de despedidas para el general, que tiene a sus espaldas 40 años en cargos de responsabilidad, una veintena de ellos de máxima responsabilidad.

Es un hombre que ha hecho esfuerzos por llevarse bien con todo el mundo, ha cuidado las relaciones no sólo con el Gobierno sino también con la oposición, y con una inconmensurable lista de contactos nacionales e internacionales en todos los ámbitos. Incluso, lo que no es fácil, mantiene buenas relaciones con la mayoría de los periodistas a los que ha dado siempre información veraz hasta donde podía ofrecerla.

Ha sido víctima de una campaña demoledora por parte del ex comisario Villarejo y su cuadra de periodistas, campaña que ha acabado en los tribunales -Sanz Roldán no dudó en interponer querellas- con escaso éxito para el ex comisario. En esa campaña de desprestigio ha tenido un papel destacado Corinna Larsen, convencida por Villarejo y Juan Villalonga para dejarse grabar una conversación guionizada en la que vertía graves acusaciones contra el rey Juan Carlos. Sanz Roldán se había reunido antes con Corinna en Londres, tratando de suavizar la actitud bélica contra el Monarca por parte de una mujer despechada que intentaba hundir a quien había roto una relación prolongada.

La relación de Sanz Roldán con don Juan Carlos es excepcional, como con Felipe VI, pero con el primero ha sido larga y muy estrecha, en la que el director del CNI ha ofrecido importantes servicios al Jefe del Estado, no sólo en el plano personal. Ese vínculo ha provocado también que ciertos sectores hayan sentido recelos hacia el ya cesante director del CNI, pero la prueba de que cuenta con el respaldo de quienes conocen la profundidad de su trabajo es que ha sido confirmado en su puesto por los tres últimos presidentes del Gobierno, dos socialistas y uno del PP.

Lo que no se sabe

Estaba al frente del CNI durante los últimos años de actividad de ETA, durante su etapa se realizaron importantísimas operaciones en las que otros se pusieron las medallas pues, como es sabido, el CNI puede investigar pero no detener. Pasa datos a la Policía o Guardia Civil para que procedan en consecuencia. En los últimos años su dedicación máxima ha sido la lucha contra el terrorismo yihadista y la ciberseguridad, un asunto que inquieta cada vez más a los gobernantes del mundo.

Del CNI, como de todos los servicios y agencias de seguridad, sólo se conocen los fracasos, pero nunca los éxitos. Por ejemplo, lo ocurrido con las urnas del 1-0 en Cataluña. En el CNI reconocen que efectivamente fue un fracaso. Y no miran a otro lado buscando otros responsables, aunque los hubo. No eran los únicos encargados de garantizar esos días que no se celebrara en Cataluña un referéndum ilegal. También ven un fracaso los atentados en todos estos años, y no mencionan los éxitos. Que también los hubo.

Algún día alguien contará los detalles de cómo se liberó a los españoles secuestrados por yihadistas -con ayuda de una mujer del CNI-, o por los piratas que trabajaban en los mares del cuerno de África, todo ello en tiempos de Sanz Roldán. O cómo se consigue información sobre los movimientos de los yihadistas en el Sahel africano, o cómo se abortó un ataque a una guardería en la Siria ocupada que el Daesh hacía pasar por un cuartel de su ejército, o qué importante operación de la mafia rusa fue desarticulada en la costa andaluza o cómo se detectó que un conocidísimo corresponsal periodístico trabajaba para los servicios secretos de su país. Todo ello en tiempos de Sanz Roldán, aunque no ha sido el único director del CNI con una brillante hoja de servicios al Estado.

Por mencionar sólo uno, el teniente general Manglano, el hombre que ha estado más tiempo al frente de los servicios españoles, el que abrió sus puertas a la mujer y a los civiles a unos servicios de Inteligencia que hasta entonces sólo podían contratar militares. Sanz Roldán fue de los pocos que se ocupó de Manglano en sus últimos años de vida. Otros compañeros se alejaron de él cuando perdió su cargo por una operación ignominiosa organizada por un traidor, que además contó con la colaboración del eterno grupo de periodistas que necesitan los miserables para conseguir sus objetivos.

Sustituye a Sanz Roldán una mujer. Paz Esteban, secretaria general del CNI, se convierte, en funciones, en la primera mujer que dirige a los espías españoles. Como le ha ocurrido a Sanz Roldán y a los compañeros de Paz Esteban, una de las casi mil mujeres que trabajan en el CNI, sólo los que trabajan allí saben qué deben los españoles a esos 3.500 hombres y mujeres, funcionarios, que velan por la seguridad de todos.

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