Cambia la sombra pero la amenaza aún es la misma
cuatro por uno
El riesgo de no ser ni la segunda fuerza política persigue a Pedro Sánchez, ahora por la remontada que reclama Pablo Iglesias Rajoy busca una alternativa por si Rivera no le apoya
TODA la campaña ha estado mediatizada por su futuro personal. Es una constante: Pedro Sánchez se juega su futuro. Y si empezó a la sombra de un Albert Rivera que amenazaba con adelantarle, termina a la sombra de Pablo Iglesias, que catorce días después está cerca del tan deseado sorpasso en la izquierda que Julio Anguita -hoy fervoroso defensor de Iglesias- nunca logró. La propia dirección del PP deslizó ayer que teme que Podemos supere en las urnas al PSOE el próximo domingo, basándose en los datos demoscópicos que maneja en esta última semana. La única encuesta que es de dominio público, difundida desde Andorra para sortear la prohibición, mantiene a Pedro Sánchez en segundo lugar, pero con Pablo Iglesias a seis décimas, lo que indica que hasta dentro de 72 horas no se despejará la duda de quién queda detrás de Mariano Rajoy, al que no hay ningún estudio que no dé como el más votado.
El PSOE necesita a toda costa apuntalar un resultado que le sitúe como segunda fuerza y que permitiese a Pedro Sánchez lograr que se reproduzca lo sucedido en Portugal: que todos se unan con tal de desalojar al PP del Gobierno de España.
Pero está difícil. Sánchez no ha brillado en esta campaña, más allá de los primeros minutos del cara a cara con el presidente del Gobierno, que no parece tener un carácter revulsivo en las encuestas. Su mensaje desde el primer día ha sido el de alguien que sabe que no ganará. Apelar desde el principio a los pactos demuestra escasa convicción y usar como único recurso la llamada al voto útil, por cierta que sea, no da la sensación de estar siendo suficiente. Derogarlo todo sin alternativa lo empeora más.
Ningún sondeo le da ya por encima de los 90 diputados. De confirmarse ese resultado, el peor en la historia del PSOE desde 1977, y sin ser la segunda fuerza política le pondría ante la obligación de, si no dimitir, sí poner su cargo de secretario general a disposición del Comité Federal.
Si perdiese su liderazgo orgánico, ninguno de los dirigentes que pueden sucederle tendría escaño en la Carrera de San Jerónimo. Y ese factor juega a su favor: no tiene alternativa dentro del grupo parlamentario que el PSOE conformará en enero. No hay quien le sustituya. Y en una legislatura que se prevé corta y con un protagonismo de las Cortes muy superior al que estamos acostumbrados en los últimos lustros, el PSOE necesitaría tener una voz reconocible para no caer en la irrelevancia. La oposición habrá de hacerse desde el hemiciclo.
Todo está aún en el aire y la lucha del PSOE durante toda esta campaña ha sido con los dos partidos emergentes, especialmente con Podemos; también con Ciudadanos, que se desinfla.
Pedro Sánchez volvió a repetir anoche su llamada al votante de izquierda para que opte por el PSOE como única manera de desalojar a la derecha. Lo hizo en Andalucía, desde la malagueña Torremolinos, y en tono de humor: "Ya sabéis que hay que ponerse algo rojo para empezar con suerte el año, así que vamos a poner un gobierno socialista al frente de La Moncloa". Y con Susana Díaz arropándole. La presidenta de la Junta hace días que comprendió la imposibilidad de cuadrar el círculo: es muy difícil lograr a un tiempo que el PSOE tenga un mal resultado nacional y un buen dato en Andalucía. Los últimos sondeos del pasado fin de semana, entre ellos el Barómetro Joly, confirmaban que del retroceso socialista no estaría exento el sur.
Un puzle cada vez más difícil de encajar
Rizó el rizo. Albert Rivera señaló ayer que Ciudadanos no apoyará ningún Gobierno en el que esté Podemos. Un legítima postura a la que hay que unir que no participará en ninguna investidura ni de Mariano Rajoy ni de Pedro Sánchez. Con estas premisas, el puzle poselectoral se hace muy difícil de encajar, porque los sondeos no auguran que la marea naranja vaya a ser la primera fuerza política de España. Antes al contrario, predicen en estos últimos días una caída sostenida de su intención de voto. Ya advertimos que la indefinición no suma sufragios, sino que los espanta. Si lo que Rivera busca es inestabilidad política y otras elecciones a la vuelta de tres meses (dos después de la constitución de las Cortes) estaría jugando a la ruleta rusa. El único sondeo que se está haciendo público muestra que lo que pierde, lo gana el PP.
Prospecciones de una gran coalición
El PP es muy consciente de que, aunque es muy probable que gane el domingo las elecciones, tendrá un respaldo insuficiente para gobernar en solitario sin el apoyo de otra fuerza política. La posibilidad de que la suma de PP y C's sea insuficiente lanzó ayer a los populares a hacer prospecciones sobre una gran coalición, a la alemana, con el PSOE. El PP deslizó que Podemos, según sus datos, puede convertirse en segunda fuerza. Por eso Mariano Rajoy ayer le lanzó un mensaje a Albert Rivera que también tenía por destinatario a Pedro Sánchez. Si se niega a apoyarle a él, apoya a Pablo Iglesias, que lideraría una coalición alternativa. Para evitarlo también sondea esa gran coalición, aunque sin Sánchez, con el que tiene cero sintonía. Querría contar para ello con Susana Díaz, que sufre las embestidas de Podemos en Andalucía.
Cala el discurso de la remontada
A un día de terminar la campaña, la sensación es que Podemos la ha aprovechado mejor. Su llamada a la remontada ha calado y una parte relevante de los votantes de izquierda ya ha decidido que ésta ha de ser más morada que roja. La intención de voto de Podemos crece día a día y, según la encuesta que se publica en Andorra, está a tercero a seis décimas del PSOE. Y ganando claramente la batalla de los emergentes, al sacarle 5,5 puntos a C's. Pablo Iglesias pidió ayer en Sevilla que se apueste por "la decencia" que Podemos representa. No es casual el uso del término, el mismo pero sin personalizar con el que Pedro Sánchez insultó a Mariano Rajoy. Desde el PSOE ayer recordaban que Iglesias en marzo llamó "indecente" a Susana Díaz y ahora carga contra el candidato del PSOE por hacer lo mismo.
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