España

El segundo reto de Rajoy

  • Cataluña se ha convertido en el segundo gran problema que debe resolver Rajoy tras el económico y ya ha dejado muy claro a CiU que tratará de impedir con todos los resortes legales posibles la independencia

CATALUÑA se ha convertido en el segundo gran problema que debe resolver Rajoy tras el económico, éste último prioritario por la necesidad acuciante de crear empleo y hacer frente al cumplimiento del déficit y el pago de la deuda. Poner fin a la estrategia independentista de Artur Mas y sosegar los ánimos de una ciudadanía que en su mayor parte da credibilidad a los mensajes victimistas de su president es el nuevo e importante reto del jefe del Ejecutivo en esta legislatura.

Soraya Sáenz de Santamaría fue tajante tras el último Consejo de Ministros: "La consulta sería inconstitucional, lo que conllevaría la suspensión automática de la decisión de convocar el referéndum. Es decir, se acude directamente al Tribunal Constitucional y se suspende la convocatoria de ese referéndum".

Por si les queda alguna duda a Mas y a los independentistas sobre la contundencia con la que el Gobierno central va a abordar el problema, el 8 de octubre recibirán un nuevo mensaje. Ese día el ministro de Justicia presidirá en Barcelona un acto del Colegio de Notarios y Alberto Ruiz-Gallardón ha comentado a esta periodista: "Voy a exponer claramente las razones jurídicas y constitucionales que invalidan la convocatoria de un referéndum de autodeterminación, que es como lo llama Artur Mas. Y además expondré las razones de tipo político por las que el Gobierno, el PP y yo mismo somos contrarios a la independencia de Cataluña". Será la declaración política más relevante de Ruiz-Gallardón en años, pues durante su segundo mandato como alcalde de Madrid estuvo muy centrado en las cuestiones relacionadas con la capital y desde que es ministro su atención está puesta en la reforma del Código Penal y una mayor agilización de la Administración de la Justicia.

Esta semana pasada, cuando Sáenz de Santamaría convocó a los consejeros de Presidencia autonómicos para preparar la Conferencia de Presidentes de mañana, mantuvo una breve charla con la vicepresidenta de la Generalitat Joana Ortega, su interlocutora habitual en estos meses y persona de la confianza de Artur Mas a pesar de pertenecer a Unió Democrática de Catalunya, el partido de Duran Lleida, con el que Ortega no mantiene buenas relaciones desde que es número dos del Gobierno de Mas. Ortega, al igual que Duran, provocaron estupefacción en los círculos políticos al sumarse a la manifestación independentista de la Diada, porque siempre se habían declarado contrarios a la independencia. En sus citas anteriores con Sáenz de Santamaría, Ortega defendía firmemente la necesidad de un pacto fiscal y, ante la negativa del Gobierno, pedía que al manos ofreciera algún tipo de competencia a Cataluña que permitiera a Mas "salvar la cara" ante los votantes al no conseguir su principal promesa electoral.

Nadie escuchó la breve conversación que mantuvieron Ortega y Sáenz de Santamaría, pero entre los asistentes existía la certeza de que hablaban de la propuesta independentista de Mas.

Con quien sí se reunió Soraya abiertamente para cambiar impresiones sobre Cataluña fue con el diputado Josep Sánchez Llibre, mano derecha de Duran en el Congreso y que mantiene excelentes relaciones con el PP. Delante de todos los periodistas y los diputados que se encontraban en el pasillo del Congreso, la vicepresidenta pidió a Sánchez Llibre que la acompañara a un despacho y le trasladó la decisión del Gobierno de impedir con todos los resortes legales posibles la independencia -Mas no anunció hasta unas horas después su intención de celebrar un referéndum- porque era contraria a la Constitución y a la unidad de España. Sánchez Llibre, que conoce bien las claves de la negociación política, le dijo a la vicepresidenta que lo mejor era esperar al resultado electoral y, después, hablar sobre el futuro.

La opinión generalizada entre los dirigentes políticos es que el adelanto electoral de Mas es la prueba de que ha fracasado. No puede cumplir su objetivo de pacto fiscal y la necesidad de realizar profundos ajustes para cuadrar las cuentas heredadas del tripartito han provocado un gran descontento social. Con el adelanto, en el que se presenta como víctima del Gobierno de España, pretende consolidarse como primera fuerza, cree que captará votos independentistas porque su política es más potente que la que ofrece ERC, y además coge al PSC con el pie cambiado, dividido internamente, debilitado por la falta de liderazgo y también por las secuelas de haber formado parte de un Gobierno -el tripartito- que colocó a Cataluña en la peor situación de su historia en democracia.

¿Qué ocurrirá entonces tras las elecciones del 25 de noviembre? El resultado, como apuntaba Sánchez Llibre, determinará los pasos que va a dar el nuevo Gobierno, presumiblemente con Mas en la Presidencia. Tiene enfrente a un Gobierno de Rajoy que no va a ceder un milímetro, y tiene también a unos empresarios que, hasta el momento, públicamente se han mostrado contrarios o al menos recelosos ante la palabra independencia. No les salen las cuentas a pesar del discurso triunfalista de Mas en el Parlament al poner el acento en la envergadura de la expansión exterior de Cataluña.

Una expansión que, saben desde los grandes empresarios hasta el pequeño comerciante, se ha hecho formando parte de España.

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