Feria del Libro

Glosa sentimental de Juan Eslava Galán

  • Amigos y editores homanejean en un encuentro al prolífico escritor, autor de 'Los años del miedo', su último trabajo

"Totalmente abrumado", Juan Eslava Galán recibió ayer en la Feria del Libro el homenaje de algunos de sus amigos, que además glosaron sentimentalmente la bibliografía versátil y prolífica del escritor jiennense afincado en Sevilla (y a partir de ahora, durante la mitad más calurosa del año, también en Barcelona).

"Me quieren y han exagerado. Yo me alegro mucho cuando me dicen que mis libros gustan, porque a mí siempre me parecen pálidos en comparación con las expectativas. No hago lo que quiero, sino lo que me sale, pero en este aspecto al menos he logrado cierta maestría para aprovechar el resultado", diría después el autor de Los años del miedo (Planeta), su última obra, y de La mula, Tumbaollas y hambrientos, su libro "más querido", Señorita, Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie y, entre muchos otros, En busca del Unicornio, la novela que le valió el Premio Planeta en 1987, con el que, según el periodista Jesús Vigorra, presentador del acto, "nació definitivamente" el Eslava escritor.

En la carpa de la Plaza Nueva, prácticamente llena, estuvieron Arturo Pérez-Reverte y Rafael de Cózar, que junto al homanejeado son "los tres mosqueteros", aficionados a las tertulias literarias bien regadas con diversos caldos; Ángeles Caso y Carlos Pujol, editor, escritor y traductor que fue además miembro del jurado del Planeta que premió En busca del Unicornio, un libro, dijo, "insólitamente maduro e inteligente", que leyó en la fase de selección previa de los originales. "Tampoco es que fuera yo su descubridor. Cualquiera podría haber visto la calidad excepcional de la novela", afirmó.

Pérez-Reverte, al conocer a Eslava, le preguntó: "¿Tú eres el del unicornio?" E inmediatamente después, tras confirmarlo, le prometió "fidelidad para toda la vida". De Eslava, dijo, le gusta su "amistad intensa, hecha de silencios", su buen humor y su "enorme cultura, de la que jamás alardea", la "ausencia de complejos" de un "mercenario de la literatura" -"como yo", agregó-, y su "fertilidad extraordinaria, propia de los folletinistas del XIX".

Rafael de Cózar (que "desde que se abrió la Feria todavía no se ha ido", bromeó Vigorra) alabó de su "hermano", cuya "dimensión humana supera incluso a la literaria", su talento para imprimer un "sello especial" a la novela histórica, su agilidad narrativa, capaz de "convertir en novela un tratado de física nuclear".

Ángeles Caso admiró su "capacidad de cercanía, incluso en los ensayos", su lenguaje "mesurado, transparente, de una belleza y una exactitud extraordinarias"; pero sobre todo su "ternura". En este punto coincidió Pérez-Reverte: "Siendo republicano y de izquierdad, es ecuánime. Y siempre tiene piedad de sus personajes". Y todos utilizaron en algún momento las mismas palabras: sabiduría, generosidad, humildad, ironía, buen humor.

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