Absuelto de violación en Sevilla gracias a que había saliva de la supuesta víctima en el envoltorio del preservativo
La Audiencia entiende que la prueba de ADN da la razón al acusado, quien dijo que la denunciante abrió el condón con la boca: “Ningún sentido tendría que la víctima facilitara al agresor la penetración”, admiten los jueces
El testimonio de la denunciante "cumplía escrupulosamente" los requisitos para anular la presunción de inocencia, pero el tribunal también ensalza la declaración del encausado: “Sorprendió a la Sala por su coherencia y claridad”
Un hombre que fue acusado de violar a una amiga ha sido absuelto gracias a una prueba científica tan irrefutable como pocas veces vista en un juicio por agresión sexual. Cómo no sería de contundente que pudo con otras que normalmente suelen ser fundamentales para condenar, como el testimonio “coherente y claro” de la denunciante o la corroboración de otros testigos. La prueba en cuestión es que los forenses encontraron restos de saliva de la mujer en el preservativo que usó el encausado. Ese hecho encaja con lo que contó el acusado, que dijo que el sexo había sido consentido y que fue ella la que abrió el envoltorio del condón con la boca. La sentencia ya es firme.
Los hechos, como relata de forma escueta la Sección Séptima, ocurrieron el 29 de septiembre de 2023. La joven quedó con unos amigos e “invitó” al encausado, “con el que había entablado amistad por un curso de kayak que habían realizado meses antes”. El grupo se fue de “botellona” a la zona de “los tubos”, en Montequinto. “Cuando ya había anochecido y se habían marchado todos los amigos”, ambos “mantuvieron relaciones sexuales, sin que se haya acreditado que se realizaron sin el consentimiento” de ella.
La Fiscalía pidió siete años de cárcel para el acusado por agresión sexual. La denunciante solicitó nueve años. Y la defensa, ejercida por el abogado José María Núñez, reclamó la absolución porque su cliente “no era autor de ningún delito”. Esa es la tesis que ganó.
La joven le contó al tribunal que, tras conocer al procesado en abril o mayo, “se hicieron amigos, hablaban por WhatsApp y se vieron varias veces en grupo”. También matizó que “ella es homosexual, tenía pareja e incluso se la presentó”. El 1 de septiembre, en una fiesta a la que fue su ya exnovia, ella se sintió mal y lo llamó para que la recogiera. Cuando se despidieron, “se dieron un beso en la boca”.
En cuanto al hecho en sí, la joven relató que “él le intentó dar un beso varias veces, ella no quería pero al final se lo dio”. Después, “él se puso encima de sus caderas [...], ella se quedó bloqueada y en ningún momento le preguntó si quería tener relaciones”. “Viendo que no podía quitárselo de encima, pensó ‘que pase cuanto antes’ [...]. Ella trataba de defenderse con los brazos, pero él se echó encima y no podía con él [...]. Y después ella se levantó y se puso los pantalones. Luego tuvieron que andar un rato por el mismo camino, ya que él tenía que coger el Metro, pero ella no hablaba con él”, refiere la Audiencia.
La Sala reconoce que ese testimonio “cumplía escrupulosamente” los requisitos exigidos para anular la presunción de inocencia del acusado. La versión fue “corroborada” por la amiga a cuya casa acudió tras el suceso y una compañera de clase que estuvo en la botellona. A ambas les contó que había sido violada, igual que a dos policías a los que añadió que “ella no quería, pero se quedó bloqueada y no fue capaz de resistirse”.
El tribunal ensalza el testimonio de la denunciante pero también el del acusado, que “sorprendió a la Sala por su contundencia, coherencia y claridad”. El joven, “como siempre había sostenido”, defendió que la relación fue “absolutamente consentida” y que esa noche “ella se recostó sobre él y ella le dio un beso al que siguieron otros”. Después, “ella le hizo sexo oral durante cinco minutos”. “Sabiendo que era lesbiana, él le preguntó en dos ocasiones si estaba segura de lo que quería hacer. Ella le contestó que sí y entonces se quitaron los pantalones”, trascribe la Audiencia. “Él cogió un preservativo antes de la penetración, pero como estaba nervioso y no podía abrir el envoltorio, fue ella la que lo aperturó con la boca”, agrega.
En medio de dos versiones creíbles por igual, la Sección Séptima halla sin embargo dos datos “absolutamente insalvables e incompatibles con el testimonio mantenido por ella”. Ambos constan en el informe de ADN. El fundamental es que “el frotis realizado al envoltorio del preservativo coincide con el perfil genético de ella”, de lo que “se deduce inequívocamente que ella con su boca, como relata el acusado, fue la que abrió el referido envoltorio”. Eso “demostraría que las relaciones sexuales fueron consentidas, pues ningún sentido tendría que la víctima facilitara al agresor la penetración” abriendo el condón, según razona la Sala.
El segundo dato es que en el cinturón de ella sólo había rastro genético de la propia denunciante y “no del acusado”, por lo que “no resulta acreditado que este se lo rompiera, como ella afirma”.
"Una traición a su condición sexual"
Los magistrados establecen que “las pruebas denotan que hubo pleno consentimiento por parte de ella”, pero también se muestran comprensivos con la denunciante y más o menos justifican su denuncia en la posibilidad de que “posteriormente se arrepintiera de la relación sexual que mantuvo”. “Por haberla vivido a posteriori como una traición a su condición sexual, esto es como una experiencia no satisfactoria que pudo afectarle psicológicamente, extremo del que no dudamos, o por otra circunstancia”, indican.
En cuanto a las pruebas más allá del ADN, la sentencia refiere dos bastante ásperas. La primera es lo que el acusado dijo a sus amigos tras volver a Sevilla: “Que se había follado” a su amiga. De semejante expresión, “corroborada” por una componente de la pandilla, “no se puede deducir la falta de consentimiento, pues de haber sido así sería una frase absolutamente impropia de una persona que acaba de cometer una agresión sexual”. “Más bien se lo contó a sus amigos como una hazaña de juventud, teniendo en cuenta que su amiga era homosexual”, alega la Audiencia.
La segunda prueba es el comentario de dos amigas de la joven que “no se extrañaron” de que hubiese existido ese acto sexual voluntario. El motivo es que en la fiesta del día 1, “quizás guiada por el resentimiento hacia su ex, con la que se había peleado ese día”, la joven “les dijo que quería experimentar con algún hombre y que si tenía alguna relación sexual sería con su amigo”. Y les anunció que “habían quedado al día siguiente en la misma casa para follar”.
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