Triple crimen de Dos Hermanas Un acusado vive con tanto miedo que no quiere salir de la cárcel

  • Afirma que se fue de la casa antes de los asesinatos

  • Las antenas de telefonía no lo sitúan en Bellavista durante el secuestro de las víctimas

Uno de los acusados del triple crimen de Dos Hermanas Uno de los acusados del triple crimen de Dos Hermanas

Uno de los acusados del triple crimen de Dos Hermanas / Juan Carlos Vázquez

Otro acusado del triple crimen de Dos Hermanas, por el que se enfrenta a tres condenas de prisión permanente revisable, mantiene en su escrito de defensa que solo ayudó a secuestrar al Turco y que se fue de la casa cuando vio que llegaban Sandra Capitán y su hija de seis años, luego asesinadas.

José Antonio M.B., alias Quino, afirma que no participó en ningún momento en el triple crimen, que se entregó voluntariamente a la Policía al enterarse de la desaparición de estas tres personas y que está tan “horrorizado” y asustado que ni siquiera ha pedido salir de la cárcel.

Quino explica que conocía a David H.P., alias Tapita, desde hacía solo cinco o seis meses de compartir gimnasio. La familia del Ricardo G.H., El Pollino, les contrató por 1.500 euros cada uno para “amarrar a un hombre e intimidarle para que le pagara” una deuda. Ellos “no tendrían nada que decir ni que hablar con el hombre, y tendrían que marcharse del lugar una vez realizada la reducción”.

En su escrito de calificación previo al juicio con jurado, la abogada de Quino afirma que la familia del Pollino “no les hizo partícipes de otras intenciones, con lo cual era imposible que ni David ni José Antonio alcanzaran a imaginar lo que finalmente sucedió”.

Al igual que otros acusados, Quino reclama la “nulidad radical” de la entrada y registro de la calle Cerro Blanco 168 de Dos Hermanas, donde las tres víctimas fueron torturadas, asesinadas y enterradas en cal viva. Argumenta que en aquel momento ya estaba detenida la familia del Pollino y dicho registro se tendría que haber hecho en su presencia, en presencia de sus letrados y, en caso de que no estuviesen localizados, con dos testigos, lo  que tampoco se produjo. Esa vulneración “afecta de pleno al resultado de lo obtenido en dicho domicilio”.

Su defensa sostiene que desde las 10.30 de la mañana del 16 de septiembre de 2017  las antenas de telefonía  sitúan a José Antonio “en el mismo barrio de Dos Hermanas”, por lo que fue imposible que acudiera al domicilio de las víctimas en Bellavista para participar en su secuestro.

En Cerro Blanco 168 solo colaboraron en la misión de inmovilización del Turco. Su abogada precisa que cuando David y José Antonio se enteraron de que se dirigían hacia la casa la mujer del secuestrado y su hija, “exigieron a Ricardo El cabo que los llevara de vuelta”.

Salieron de la vivienda y cuando se dirigían al coche del padre del Pollino pudieron ver a Sandra y a su hija Lucía que se acercaban a la casa acompañadas de Elisa, esposa del Pollino.

Según la defensa, en ningún momento vieron actos de violencia y “nunca pudieron ni siquiera imaginar los hechos que sucedería después, cuando ellos ya no se encontraban en el lugar“.

Por eso cuando empezaron a surgir noticias por las tres desapariciones, José Antonio  “no dudó un segundo en acudir de forma voluntaria a la Policía a contar lo que sabía”. Lo hizo “sin que nadie lo hubiese buscado, ni llamado, ni requerido para ello, ni policial ni judicialmente” y contó tanto en sede policial como judicial todo lo que sabía.

Este acusado está “horrorizado” de lo sucedido “como no puede ser de otra manera” y por ello “ni siquiera ha pedido salir de la prisión en la que entró el día que se entregó voluntariamente, dado que es un mundo al que no pertenece y vive con miedo”.

En todo caso, al igual que el Tapita, reconocería un único delito de detención ilegal por el que admitiría un año de prisión.

Su escrito de defensa pide, entre otros, que el centro penitenciario donde se encuentra internado José Antonio informe si presenta alguna alteración psicosocial o si, por el contrario, “se trata de una persona con rasgos y psicología tendente no solo al cumplimiento de la ley sino también a la protección de personas indefensas”.

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