Casos para la historia

El falsificador que colocó Murillos por todo el mundo, incluida la mujer de Franco

  • Un investigador sostiene que una red de marchantes vendió decenas de Murillos, Grecos y Velázquez falsos 

Un Greco de La Baronesa, en el patio de la cárcel de La Ranilla Un Greco de La Baronesa, en el patio de la cárcel de La Ranilla

Un Greco de La Baronesa, en el patio de la cárcel de La Ranilla

Un copista de cuadros fue detenido en abril de 1960, denunciado por una aristócrata sevillana que aseguraba que le había vendido un bodegón falso de Velázquez.

La detención permitió sacar a la luz una supuesta red internacional de falsificación de cuadros atribuidos a Murillo, Velázquez, El Greco y otros autores consagrados. Un alemán y un norteamericano fueron detenidos en una suite del Hotel Palace de Madrid en pleno proceso de venta de un falso Greco, y un marchante madrileño se suicidó con una ingesta masiva de pastillas, supuestamente al ser descubierto.

La investigación correspondió al juzgado de Instrucción número 3 de Sevilla pero duró poco: sucesivos informes policiales rechazaron la vinculación entre el suicidio y las detenciones de Sevilla y Madrid. Afirmaron de forma contundente que “el misterio con que se ha rodeado esta noticia debe ser atribuido únicamente a sensacionalismo periodístico”, en concreto, a un artículo de Julio Camarero en el periódico Pueblo.

Pese a ello, la existencia de esa red fue objeto de reportajes en la prensa de otros países y motivó una petición de información de la Interpol.

El tema va a ser objeto de un libro por parte del detective sevillano Juan-Carlos Arias, hijo del inspector de Policía a quien primero se encargó el caso, José Arias Galán,  destinado en lo que entonces equivalía a la Policía Científica. 

El falsificador era conocido en Sevilla como La Baronesa y había ingresado en prisión varias veces por orden del Juzgado de Vagos y Maleantes. Juan-Carlos Arias cree que pintó unos 300 cuadros, muchos de ellos durante sus estancias en la cárcel de La Ranilla como el que ilustra este reportaje.

Su línea argumental es que hubo “carpetazo” por orden directa de la dirección general de Seguridad. Según sospecha Arias, uno de los cuadros falsificados era una Virgen que un anticuario sevillano había vendido a Carmen Polo, esposa del dictador Francisco Franco, y que colgaba de las paredes del palacio de El Pardo.

El inspector de Policía José Arias era un enamorado del arte. Fue el primer agente que fotografió el tesoro del Carambolo tras su hallazgo y fue quien hizo el inventario y tasación de los bienes atesorados por la condesa de Lebrija a su fallecimiento. En sus conclusiones recomendó que los  valiosos mosaicos romanos que tenía se dejaran en el palacio de la calle Cuna, donde continúan a día de hoy.

Según su hijo, una vez jubilado José Arias vindicó la honra de La Baronesa por haberse decretado su “muerte civil y artística” a raíz de este caso. Él mismo había constatado su talento con motivo de las visitas a su estudio por orden de sus jefes.    

Arias mantiene que este falsificador pudo ser una pieza más de una trama en la que participaban anticuarios y aristócratas y que, desde Sevilla, pudo colocar falsificaciones de cuadros de reconocidos artistas en museos y colecciones de todo el mundo.

El investigador sí que ha recuperado los sucesivos informes policiales en los que se daba cuenta de que los cuadros falsos  “están concebidos dentro de la más pura técnica” y “las más estrictas características” de Murillo, El Greco y Velázquez. El copista empleaba lienzos correspondientes a la época.

“La clandestinidad y misterio con que se ha rodeado esta noticia debe ser atribuida únicamente a sensacionalismo periodístico”, dijo la Policía española a la Interpol cuando le explicó el archivo del caso.

La Baronesa -decía la Policía- solo vendió en el mercado interior y a precios no muy elevados, sin que existan noticias de que sus copias fuesen exportadas. En cuanto al norteamericano detenido en el Hotel Palace, “se venía dedicando a la compra en España de cuadros de firmas mundialmente conocidas para posteriormente exportarlos a Norteamérica sin cumplir los requisitos que exige la ley”. 

Tampoco es cierto que un cuadro haya sido vendido a ninguna alta personalidad”, afirmó otro informe.

 

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