La caja negra

Fundación Cajasol, ese objeto de deseo

  • Los estatutos blindan la figura de Antonio Pulido como presidente. La Junta de Andalucía no tiene opciones de dar un vuelco a una de las entidades más cotizadas

Extracto de los estatutos de la Fundación Cajasol Extracto de los estatutos de la Fundación Cajasol

Extracto de los estatutos de la Fundación Cajasol / M. G. (Sevilla)

PULIDO tiene el control absoluto de la Fundación Cajasol. Pero pocos de los que especulan con su futuro saben con certeza hasta qué punto esto es así. El presidente de la entidad controla todo, absolutamente todo. Las teorías sobre su posible relevo en el cargo, aventadas sobre todo a raíz de la llegada de la derecha al Palacio de San Telmo, carecen de fundamento si se consultan los estatutos de la entidad. Nadie discute que la fundación es un objeto de deseo para políticos de todo signo. Pero la Junta no tiene margen de maniobra en Cajasol, más allá de que intentara jugar a las presiones de forma pública o soterrada.

La fundación maneja 21 millones de euros al año, tiene el 1% de la propiedad de Caixabank, recibe periódicamente dividendos, dispone de una colección artística de primer nivel, y cuenta con los ingresos mensuales por las rentas que le proporciona un buen número de propiedades de alto valor y privilegiada ubicación en diversas capitales de Andalucía. La fundación, por ejemplo, es propietaria de la sede central de Caixabank en Andalucía, sita en la calle Sierpes, lo que le reporta beneficios por alquiler.

La clave está en la composición del patronato. Todas las habladurías sobre relevos en la presidencia son precisamente eso. No pasan de elucubraciones, leyendas, quinielas y dimes y diretes. En algunos casos se trata de rumores interesados para desestabilizar el organismo, en otros son fruto de la ignorancia. Es indudable que Antonio Pulido (Castro del Río, Córdoba, 1965) dejó todo atado y bien atado a la hora de confeccionar los estatutos. Se aseguró una independencia de largo alcance y también los ingresos de la entidad. Todo indica que Pulido dejará Cajasol cuando él estime oportuno.

Antonio Pulido Antonio Pulido

Antonio Pulido / M. G. (Sevilla)

Los estatutos blindan de alguna la figura de Pulido. Ítem más: impiden el acceso al patronato de políticos en activo o que hayan desempeñado cargos públicos hasta dos años antes. Y para adquirir la condición de patrono hay que contar con su bendición. No hay otra vía.

El patronato está compuesto por un número mínimo de tres y un máximo de quince patronos, siempre según los estatutos. El presidente es elegido por los patronos. Y la mayoría de los patronos (salvo dos) acceden al cargo a propuesta del presidente. Pulido tiene la mayoría absoluta, amén de que goza de por sí de la unanimidad de los apoyos.

El patronato

Dos patronos son representantes de las entidades fundadoras, siendo propuesto uno por cada una de ellas. Se trata de las diputaciones provinciales de Sevilla y Huelva. En la actualidad ejercen estas funciones Manuel Domínguez (Diputación de Huelva) y Teresa Infante (Diputación de Sevilla). Hasta un número de trece patronos deberán ser de “reconocido prestigio y experiencia” a propuesta directa del presidente (Antonio Pulido) y procedentes de grupos o colectivos andaluces, entre los que se citan expresamente:de la Universidad, entre catedráticos y profesores;de la empresa, de la cultura y el arte, del sector o entidades sociales cuyas finalidades estén directamente relacionadas con los fines sociales de la fundación; de entre profesionales liberales de diversos ámbitos, como el jurídico, económico, financiero, técnico, industrial, medicina... Entre estos patronos figuran en la actualidad Antonio Fragero (Proyecto Hombre), Isabel León (Real Academia de Bellas Artes), José Luis Galán (economista), Juan Manuel Barrios (entidades de economía social) y Juan Antonio Peralta (organizaciones de mayores). Y recientemente falleció el profesor y académico Rafael Valencia.

Los estatutos impiden expresamente que accedan a la condición de patronos las personas que “desempeñen un cargo político electo o cualquier otro cargo ejecutivo en partido político, asociación empresarial o sindicato”. O que “ocupen el puesto de alto cargo en la Administración de la Junta de Andalucía o en cualquier otra Administración Pública o de cualquiera otra de las entidades del sector público, de derecho público o privado, vinculadas o dependientes de aquéllas”. Estas incompatibilidades se extenderán “durante los dos años siguientes a la fecha de cese de sus cargos”.

Antonio Pulido Antonio Pulido

Antonio Pulido / M. G. (Cádiz)

Con los estatutos en la mano es misión imposible plantear el relevo de Pulido. No digamos las informaciones que apuntan a una posible presidencia a cargo de Javier Arenas. Primero, porque el propio Arenas tiene otras metas. Y segundo porque la normativa impide el acceso a cualquier político en activo. El padre del centro derecha andaluz es hoy senador autonómico, lo que imposibilita esta posibilidad que se ventea de forma periódica.

La Junta sólo podría aspirar, tal vez, a incorporar a algunos patronos afines a su causa por la vía del reconocido prestigio. Pero siempre bajo el control directo de Pulido, que es quien nombra en la mayoría de los casos, a excepción de los representantes de las diputaciones provinciales (que en el fondo también han de contar con el beneplácito del presidente).

El presidente cuenta con un sueldo asignado. Está adecuado al nivel de un alto ejecutivo. Los miembros del patronato, que ejercen sus cargos por un período de seis años, desempeñan sus funciones gratuitamente, “sin perjuicio del derecho a ser reembolsados los gastos debidamente justificados que el desempeño de su función les ocasiones”. No obstante, el patronato podrá fijar una retribución en los casos en que los patronos presten una función ejecutiva, un supuesto que no se da en la actualidad. Caso de haber dietas para la cobertura de gastos, no son significativas.

Los patronos, en la práctica, se dan por pagados por el mero hecho de serlo. No se olvide el prestigio que concede formar parte del órgano de gobierno de una de las escasas entidades con un presupuesto importante para labores sociales y culturales en plena crisis, los contactos que reporta y la notoriedad que generan casi todos sus actos culturales y sociales al más alto nivel. Desde la Casa Real al Ayuntamiento, pasado por todas las instancias del Estado y organizaciones privadas de primer nivel, como el Teatro Real de Madrid. Sin olvidar que la sede de la fundación, en la Plaza de San Francisco de Sevilla, es punto habitual de encuentro de ministros del Gobierno de España y consejeros de la Junta de Andalucía para su participación en foros propio o promovidos por medios de comunicación. Se comprende todavía más que la entidad sea un objeto de deseo que las instancias del poder político querrían tener controlada, máxime si la figura de Pulido se asocia al PSOE y en Andalucía gobierna el PP con Ciudadanos desde hace casi dos años. Pero a la hora de la verdad, los estatutos blindan a Pulido hasta con respecto al PSOE.

Los estatutos también contemplan la posibilidad de que existan una o varias vicepresidencias, pero esta opción no se usa ahora mismo.

Los orígenes de la entidad

La normativa evocan los orígenes de la entidad, seguramente desconocidos para los sevillanos de menor edad. Se recuerda que la entidad fundadora es sucesora a título universal del Monte de Piedad y Caja de Ahorros San Fernando de Guadalajara, Huelva, Jerez y Sevilla. Tras la absorción por la Fundación Cajasol de la Fundación del Monte y San Fernando, “deben ser consideradas entidades fundadoras las que tuvieron tal condición con respecto a Cajasol”. Por eso lo son la Diputación de Huelva y la de Sevilla, “entidades que ostentarán los derechos y obligaciones inherentes a tal condición”.

La Fundación Cajasol sí está sometida al protectorado de la Consejería de Hacienda, como tantas otras. Por supuesto goza de personalidad jurídica y patrimonio propios e independientes, con plena capacidad jurídica y de obrar. En Andalucía, unos vienen y otras van, pero Antonio Pulido siempre está. Al menos en la Fundación Cajasol.