La caja negra

Diez consejos (con guasa) para pasar el verano en Sevilla

  • Algunas claves para no morir en el intento de superar la canícula en la ciudad. Evite los relatos de viajes marcados por los diminutivos como playita o cervecita

La Plaza de la Campana a pleno sol

La Plaza de la Campana a pleno sol / José Ángel García (Sevilla)

SI ha tomado la sabia decisión de apostar por Sevilla este verano, de evitar destinos recurrentes donde pierde la tranquilidad, quizás la intimidad y sobre todo el dinero, tenga en cuenta algunos consejos con cierta guasa que tal vez le vengan bien para sacarle el máximo partido a la experiencia única de vivir en la capital ese período de verano puro comprendido entre la festividad del Carmen y la de la Asunción.

1. Pese al calor, usted puede pasear y disfrutar de la Sevilla de postal con un poco de habilidad y algo de ingenio. Siga siempre las recomendaciones médicas acerca de la correcta hidratación, la ropa fresca y el consumo de alimentos de fácil digestión. La clave está en acceder a alguna de las numerosas iglesias que pueblan el centro, donde siempre se disfruta de varios grados menos de temperatura. Por supuesto, un ratito en la Catedral le hará respirar mejor y perder la cara de turista sonrojado. Y en caso de ser necesario, entre y salga varias veces en cualquier gran tienda de El Corte Inglés y se refrescará en un santiamén. No olvide los zaguanes de muchas casas que son verdaderos santuarios de la sombra. Muy recomendables los de las del barrio de Santa Cruz y de calles como Cuna. No le dé más vueltas a la ausencia de los toldos en las calles, no es conveniente sofocarse. Opte siempre por las tramas urbanas almohades y evite las plazas duras del urbanismo de finales del siglo XX y principios del XXI. No use las fuentes callejeras habilitadas al efecto, salvo para tomar agua con una mano y refrescarse el cuello. Uno siempre piensa que antes ha bebido un perro, por poner un ejemplo que no provoque sensaciones especialmente desagradables.

2. No se mosquee con el camarero al que ha pedido agua porque le haya puesto mala cara ante su requerimiento. Entienda que si no es para comprar una botella, el hombre no hace caja. Y tenga claro que usted no es el primero que concibe el establecimiento como un punto de abastecimiento de Emasesa. Si desea recorrer en taxi una distancia corta, mejor solicite el servicio por teléfono, así el taxista se cabrea menos. Evite tomar un taxi en las paradas sin sombra o se hartará de sudar todo el recorrido. Si pide que le pongan el aire con más fuerza, tenga en cuenta que al conductor le llega con más intensidad que a usted y por eso tiende a bajar la velocidad del ventilador. Sí, usted es el cliente y paga, pero sabe Dios las horas que lleva el hombre a tiro de la refrigeración y al borde de la pulmonía.

3. En los autobuses urbanos, magnífica y fresca modalidad de transporte, es muy conveniente tomar asiento siempre que no haya viajeros con derecho preferente (ancianos, padres con bebé, embarazadas...). Reducirá el riesgo de agresiones al olfato. En la zona de viajeros a pie, lo normal es alzar el brazo para sujetarse, lo cual tiene unos efectos perniciosos en la ciudad de los cuarenta grados. Hay gente que se cree la publicidad de los desodorantes que duran hasta 48 horas. Por cierto, el aire acondicionado de los autobuses suele ser mejor que el de muchos taxis. Lógico por otra parte, pues el combustible no lo paga el conductor, sino Tussam, empresa municipal a la que si no le cuadran las cuentas siempre llega el Ayuntamiento con un flotador a final de año.

4. Disfrute de la opción de aparcar donde nunca había soñado. Incluso de penetrar con su coche en zonas prohibidas del centro. En verano se recorren como nunca calles angostas como Baños o Águilas. Desde el frescor de su coche podrá contemplar cómo los guiris se alicatan de sangría azucarada. Y también apreciar los domingos por la mañana las caras de sueño de los de la enésima despedida de soltero mientras desayunan extraños zumos en un velador antes de tirar hacia Santa Justa. ¿Quién los mandaría a Sevilla de fiesta hortera en pleno verano?

La fuente de la Plaza de España La fuente de la Plaza de España

La fuente de la Plaza de España / José Ángel García (Sevilla)

5. No hace falta que se vista de turista para disfrutar del verano en Sevilla. No se mimetice con el medio ambiente. Es bueno que se le vea como lugareño en todo momento. Sea amable con los visitantes que le reconocen como sevillano y le preguntan el camino más corto a la Catedral, si la Carbonería está abierta, la dirección de la Casa de Pilatos o dónde asistir a un espectáculo de “flamenquito”. Sobre todo no sea malvado si le preguntan por un lugar para comer. Recuerde que vivimos de ellos. Son nuestros señores y amos, dicho sea a lo Mañara (Miguel). Sí conviene aprender de los turistas y llevar siempre a mano la botella de agua. Y haga caso de los doctores Yebra y Conejo-Mir, cúbrase la testa. El sol es un peligro. Tiene sombreros de calidad en las tiendas de toda la vida (Maquedano o Padilla Crespo)y hasta en los kioskos de baratijas. Por supuesto, use los abanicos, que no son exclusivos de señoras. Hay señores que son un ejemplo al respecto, como el ex presidente andaluz Pepote Rodríguez de la Borbolla, que se vale de los amplios bolsillos de la cubana para llevarlo siempre consigo.

6. Evite los relatos veraniegos de amistades que le dan la brasa con lo bien que han estado en la “playita”, donde siempre, por cierto, están unos “diítas”, con discursos cargados de estúpidos diminutivos: cervecita, relajadito, bañito, copita, terracita, etcétera. Son gente convencional y, por lo tanto, tan previsible como poco fiable. El remate es si se toman la licencia de decirle que está usted muy “blanquito”, que tiene usted que “desconectar”. Salga corriendo, pero siempre por la sombra. Alguien que abusa del verbo “desconectar” es poco recomendable. Y, por supuesto, no trate de defender que usted se lo monta bien en Sevilla hasta en los días que tiene que estar por obligación o incluso por elección voluntaria. No pierda el tiempo, ya le llegarán los gastos de la Visa a su interlocutor. Y esa será la más cruel de las venganzas.

7. Si va a misa, tenga en cuenta el calor y consulte la guía apócrifa de los sacerdotes de homilías breves. La basílica del Gran Poder tiene aire acondicionado. La Capilla Real y otros muchos templos disponen de buenos ventiladores. No se siente muy cerca de los aparatos porque puede acabar con la cabeza como un bombo. No se trata de estar como en la playa de Tarifa, sino sencillamente en un ambiente fresco. La novena de la Virgen de los Reyes en la Catedral es otra buena opción, pues el Cabildo suele abrir las grandes puertas (Palos, Asunción y San Miguel) y se produce el efecto de una corriente de aire verdaderamente única.

8. Cuidado con la mayonesa en verano, sobre todo en los fuertes días de calor. Examine bien dónde se encuentra la bandeja de la ensaladilla antes de pedirla. Ojo porque muchos camareros se dejan abierta la puertecilla del expositor de tapas e ignoramos desde cuando se le ha dado salida al frío. No se arriesgue. Ante la duda, la socorrida tapa o media de jamón. Evite los fritos. Hay menos demanda y se suele tardar mucho más en cambiar el aceite. Si usted y sus acompañantes compran un helado, circulen por la derecha en fila india a ser posible. Los consumidores de helados ralentizan el paso, son como el colesterol del tráfico peatonal. Y no se fíe porque las terrazas no son siempre un lugar fresco, aunque este año sí sean de nuevo el lugar más seguro por aquello del coronavirus.

9. Usted no hace el tonto por quedarse en Sevilla en verano. No preste atención a la España de los cuñados que le castigará con comentarios exentos de originalidad. Si le puede la presión, tenga claro que si le pasa algo está muy cerca del Hospital Virgen del Rocío. Se libra de comprar botellas de agua como le pasaría en caso de viajar, pues Emasesa es otra maravilla. Ahorrará dinero al quedarse, no tiene que pedir el favor de que le cuiden el perro ni que le rieguen las plantas. No se verá obligado a vender su felicidad en las redes sociales, donde se multiplican las fotos de horripilantes pies metidos en la arena o al borde de piscinas sin socorrista, copas de gintonic con fondos de estanterías de Ikea sin libros, y estancias de hoteles con colchas espantosas que deberían ser escondidas en el altillo nada más tomar posesión de la habitación.

10. No acuda a casas ajenas a pasar unos días en la playa o en la sierra. ¡Alto voltaje compartir el espacio con todos aquellos que no aparecen en el Libro de Familia! Para eso es mejor quedarse en Sevilla y preservar el tan denostado como supremo valor de la intimidad. No olvide que puede usted redescubrir el Museo de Bellas Artes, los grandes parques, las tramas urbanas por las que hace dos años que no pasa porque no ha habido Semana Santa, las tabernas auténticas que no cierran, quizás disfrutar de alguna piscina social siempre que no haya mucho público, comprar con toda comodidad y sin esperas en comercios del centro de la ciudad. ¿Ha entrado alguna vez en Joyería Reyes?¿Y en Galán? ¿Se ha sentado en la terraza de Robles? ¿Ha desayunado sin bulla en Ochoa, ha cenado en las alturas del Baco de Cuna o, simplemente, se ha puesto en la ventana de la Campana o del bar Duque a tomar un café? La ciudad a menor velocidad es una gozada a poco que se sepan gestionar el tiempo y los recorridos.

Coda. Sevilla tuvo un alcalde que reconocía en privado que lo mejor era quedarse en la ciudad y “picotear” en las casas y barcos de los amigos. Fue el que más duró en el cargo...