La caja negra

La visita privada de Rajoy a Sevilla

  • Los viernes en Sevilla dan para mucho. En Capitanía se despedía a un teniente general y en el Arenal cenaba un ex presidente del Gobierno en vísperas de una caminata por Hinojos

Javier Arenas, Rafael Cuesta, Mariano Rajoy y Reyes Romero, la noche del viernes en Sevilla Javier Arenas, Rafael Cuesta, Mariano Rajoy y Reyes Romero, la noche del viernes en Sevilla

Javier Arenas, Rafael Cuesta, Mariano Rajoy y Reyes Romero, la noche del viernes en Sevilla / M. G. (Sevilla)

UNA noche de viernes da para mucho en Sevilla, sobre todo cuando se barrunta lluvia para el sábado y hay que aprovechar bien las primeras horas de ocio del fin de semana. En el edificio de Capitanía General, que así sigue rezando el rótulo de la fachada principal, estaba convocada la cena de despedida del teniente general de la Fuerza Terrestre.

A don Juan Gómez de Salazar se le echará de menos por su forma de hacer las cosas, de abrir el Ejército a la sociedad y de pronunciarse sobre todos los temas sin complejos y sin generar polémica alguna. Estilo se llama. La velada se prolongó hasta bien entrada la madrugada, con baile y una subasta para recaudar más fondos para Andex y Cáritas, entidades beneficiarias del acto por expreso deseo del teniente general. Por la Junta de Andalucía acudió Antonio Sanz, viceconsejero de Presidencia con corbata verde (más de Tecnocasa que de la bandera andaluza). Sanz colaboró directamente con todo el equipo de mando de la Fuerza Terrestre en su etapa de delegado del Gobierno en Andalucía, donde hay que reconocer que curró bastante en el cargo sin perder nunca su condición de radioaficionado.

Del PP se vieron a varios cargos y ex altos cargos, pero se echó en falta a Javier Arenas. ¿Dónde estaba Arenas a esas horas? Es cierto que anda algo retirado.Sus razones tiene. El otro día se dejó ver por la sede del partido, cuando varios militantes salían del comité de campaña del PP de Sevilla. Pero mantiene un perfil discreto en estas jornadas previas al 10-N.

En la cena de Capitanía sugerimos a Luis Carlos Peris preguntarle a alguien por Arenas, pero el maestro nos convenció de que era mejor no hacerlo. No eran ya horas y, al final, nos acabaríamos enterando. Estaba, cómo no, el alcalde Espadas, sonriente y asegurando que el enojo por ciertas críticas no le dura más de media hora. Mejor así porque todavía le queda muchísimo mandato, muchos turistas que contar, muchos hoteles que inaugurar y un número indeterminado de patinetes por retirar. Se nos olvidó recordarle por enésima vez la falta de sombra de la Avenida, todo un clásico, pero no era plan de meter el dedo en el ojo.

Con el paso de las horas cayó el premio gordo. Arenas estaba en Sevilla, sí señor, que no estaba en el AVE, que es donde realmente debería estar empadronado. Y, tachín, tachín, estaba nada menos que con el ex presidente Mariano Rajoy , de cuyos presupuestos seguimos viviendo todos los españoles. Y ambos participaban en una agradable cena en un reservado de la bodeguita Reyes de Antonio Romero, el cuarto establecimiento de la marca Antonio Romero. Rajoy y Arenas a la vera del Arco del Postigo, en pleno barrio del Arenal, en una de esas visitas privadas que el gallego hace a la ciudad, donde se suele hospedar en el Hotel Torre Sevilla, el del rascacielos con preciosas vistas.

Rajoy, ayer en Hinojos. A su derecha, elalcalde socialista de la localidad. Rajoy, ayer en Hinojos. A su derecha,  elalcalde socialista de la localidad.

Rajoy, ayer en Hinojos. A su derecha, elalcalde socialista de la localidad. / M. G. (Hinojos (Huelva))

La sesión duró hasta cerca de la una de la madrugada, cuando el ex jefe del Ejecutivo (“chichichí”) dio por concluida la reunión y recordó que quería ver a todos en planta a las 8:30 en el vestíbulo del hotel. Ahí estaba el verdadero motivo de la visita: una caminata con amigos por una senda de Hinojos (Huelva). ya sin Arenas, por cierto. Miguel A. Curiel, alcalde socialista de la localidad, se enteró de la presencia del ex presidente y acudió a rendirle honores.

A Rajoy le encanta andar, sobre todo con el marido de Ana Pastor en los veranos gallego, como al avieso Zapatero le gustaba el ahora denominado running. Rajoy cogió la A-49, se pegó la caminata, almorzó por aquellos lares y volvió a Madrid. Los amigos de la caminata se mantuvieron en el anonimato. Por supuesto, el presidente Juanma Moreno y el todopoderoso Elías Bendodo, consejero de Presidencia y portavoz del Ejecutivo andaluz, estaban informados de la presencia en Sevilla del último político que ha obtenido una mayoría absoluta en unas elecciones generales en España.

Rajoy departió ayer con el alcalde socialista de Hinojos Rajoy departió ayer con el alcalde socialista de Hinojos

Rajoy departió ayer con el alcalde socialista de Hinojos / M. G. (Hinjos (Huelva))

En Capitanía se despedía a un señor con el mayor honor posible: una muestra masiva de afecto. En el Arenal tal vez se recordó cuando estuvimos al borde del rescate económico, a punto de caer en manos de aquella troika que nos hubiera metido en cintura más de lo que ya lo hizo el ministro Montoro con sus medidas tras los consejos de ministros de los viernes, cuando aparecía Soraya (¿he dicho Soraya?) con las tijeras y el PP andaluz, entonces de Javier Arenas, perdía otro puñado de votos. Pero eso es agua pasada. Y si es mineral que sea de Mondariz, de la Galicia natal del registrador de la propiedad.

Cuentan, por cierto, que a Javié lo vieron estupendo, con la cazadora mitinera que ya echábamos en falta, esa cazadora azul PP que es todo un símbolo de la Andalucía de la democracia, como lo son el despacho de Fernández Viagas, los trajes de pana de Alfonso Guerra, la guayabera de Pepote Rodríguez de la Borbolla, las gafas de montura grande de don Manuel Clavero aquel 23-F, o el chaleco sin mangas del actual presidente Moreno.

La vida es caminar, procurar no pararse nunca. No hay mejor actividad para conocer cualquier itinerario ni más cardiosaludable. Dice una monitora de gimnasia que Rajoy es un ejemplo de saber caminar con corrección e higiene postural, pese a que la gente tendía a caricaturizar el movimiento de brazos del entonces presidente del Gobierno.

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