Couperin: Les Nations | Crítica

Reedición de aniversario

  • Alia Vox reedita la histórica grabación que Savall hizo en 1983 de 'Les Nations' de François Couperin

Jordi Savall con algunos colaboradores en una de sus últimas visitas a Sevilla Jordi Savall con algunos colaboradores en una de sus últimas visitas a Sevilla

Jordi Savall con algunos colaboradores en una de sus últimas visitas a Sevilla / Juan Carlos Muñoz

Acaso por la fascinación de los números redondos, de los centenarios completos, los 350 años del nacimiento de François Couperin (1668-1733) no han tenido demasiado reflejo en las programaciones españolas, y tampoco se ha notado especialmente en las ediciones fonográficas.

Maestro absoluto del clave, Couperin, el más grande talento de una importante saga que cruza más de dos siglos y medio de la historia de la música francesa, estuvo toda su vida obsesionado por lograr la cuadratura del círculo, que en su tiempo era hacer compatible el arte sonatístico de su admirado Corelli con la tradición de la suite francesa, un empeño en el que, de todos modos, muchos músicos andaban ocupados y que para Couperin suponía alcanzar "la perfección de la música". Culminación de ese deseo fue la publicación en 1726 de Las Naciones, que presentaba cuatro órdenes (el nombre que Couperin escogió para la suite de danzas) o conciertos, en los que se encadenaban una sonata en trío a la italiana con una suite a la francesa. Los tituló La Françoise, L’Espagnole, L’Impériale y La Piémontoise. En realidad las sonatas no eran nuevas, sino antiguas obras nunca editadas y ahora reutilizadas "casi sin cambios", como decía el propio Couperin en su Prefacio, en el que además añadía orgulloso que la primera de ellas (titulada en origen La Pucelle) había sido la primera sonata en trío jamás compuesta en Francia. Bajo su ropaje italiano, estas sonatas se componen de una serie de breves movimientos encadenados que no pueden ocultar su origen en el mundo francés de la danza.

Couperin - Savall Couperin - Savall

Couperin - Savall

En 1983, Jordi Savall se reunió con un grupo de sus mejores colaboradores de entonces (Monica Huggett y Chiara Banchini, violines; Tom Koopman, clave; Hopkinson Smith, tiorba; Stephen Preston, flauta; Michel Henry y Ku Ebbinge, oboes; Claude Wassmer, fagot), pura historia del sonido barroco, para una grabación para el que era entonces su sello, Auvidis Astrée. Ahora Alia Vox recupera aquel registro magníficamente remasterizado. Apoteosis de la interpretación históricamente informada, este álbum despertará en los nostálgicos recuerdos imborrables y hará de los neófitos rendidos admiradores del mejor Savall.

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