Garden of Expression | Crítica Preciados momentos

  • El saxofonista Joe Lovano subraya la espiritualidad del segundo álbum de su Trio Tapestry con una dedicatoria a las víctimas de la COVID-19

Joe Lovano, Marilyn Crispell y Carmen Castaldi. Joe Lovano, Marilyn Crispell y Carmen Castaldi.

Joe Lovano, Marilyn Crispell y Carmen Castaldi. / Caterina di Perri / ECM Records

A ningún atento seguidor de Joe Lovano (Cleveland, Ohio; 1952) tuvo que sorprender la permuta de compañía discográfica suscrita por el saxofonista norteamericano el pasado 2019, después de casi tres décadas de relación con el mítico sello Blue Note. ECM Records se convirtió entonces en su flamante marca como líder de la mano de un plan bautizado como Trio Tapestry y en el que también se implicaron la pianista Marilyn Crispell y un antiguo colaborador, el batería y percusionista Carmen Castaldi. Un gesto en absoluto casual que respondía a la permanente necesidad de retos en la trayectoria de un músico que bien habría podido asentarse con comodidad en la sonoridad hardbop de sus inicios, marcada por la tradición de grandes tenores como Sonny Rollins o Ben Webster, pero que prefirió apostar por el sondeo de remozadas áreas de expresión. Atrás quedaron categóricas evidencias de su talento como From The Soul (1992), Universal Language (1993) o el orquestal, junto a Gunther Schuller, Rush Hour (1994) mientras que Lovano enfilaba la ruta de otros desafíos, el penúltimo de ellos este Trio Tapestry. No fue el único del pasado año; también sumaron en la marca de Manfred Eicher un par de alianzas de nivel: Roma, integrado en el quinteto del gran trompetista italiano Enrico Rava, y Arctic Riff como invitado estelar del trío del pianista polaco Marcin Wasilewski.   

Registrado en noviembre de 2019 en el Auditorio Stelio Molo RSI de Lugano (Suiza), Garden of Expression (ECM; 2021) pone ahora la segunda piedra del proyecto Trio Tapestry, ahondando en ese territorio etéreo que no muchos hubiesen asociado a Joseph Salvatore Lovano hace unos lustros. Disipando los límites entre composición e improvisación, el trío expone sus argumentos, liberado del pulso del contrabajo e interactuando sobre abiertas nociones armónicas y melódicas aportadas por Crispell y una sutil polirrítmia a cargo de Castaldi en la que resuenan los ecos del maestro Paul Motian, en cuyo álbum Psalm (1982) debutó Lovano en la etiqueta germana.

Portada del disco. Portada del disco.

Portada del disco.

Pero si hubiese que definir con una sola palabra el contenido de este Garden of Expression, esa sería sin duda espiritualidad. Los ocho temas firmados por el líder con títulos como Sacred Chant, Treasured Moments, Dream on That o esa extensa y minimalista suite que lo cierra llamada Zen Like, el tono reflexivo de las fotografías de Caterina Di Perri que se incluyen en su encarte o el propio título del álbum, subrayan una meditativa vocación donde los espacios juegan un rol tan perentorio como sus pespunteadas melodías. No, no es este un disco por el que se pueda pasar de puntillas y con urgencias. Más bien al contrario, sus dilatadas exposiciones, en ocasiones casi sensoriales, nos recuerdan la importancia de abstraerse y disfrutar el momento, erigidas sobre el engrasado vínculo del trío a la vez que demandando atención del oyente. La recompensa es jugosa y un penetrante lirismo termina calando durante un periplo que no olvida su lugar en el mundo: Lovano lo recalca con una expresa dedicatoria "a los espíritus de la humanidad que han caído víctimas del virus COVID-19 que nos ha atormentado hasta el día de hoy". Y una obligada recomendación para finalizar: "Mantente concentrado, fuerte y saludable". Seguro que la música de Garden of Expression nos ayudará a lograrlo.

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