Cine

Adiós a Cecilia Mangini, la cineasta que aprovechó el tiempo

  • Muere en Roma a los 93 años la gran pionera europea del documental fotográfico y cinematográfico, homenajeada en la pasada edición del Festival de Sevilla

La cineasta italiana Cecilia Mangini (Mola di Bari, 1927-Roma, 2021). La cineasta italiana Cecilia Mangini (Mola di Bari, 1927-Roma, 2021).

La cineasta italiana Cecilia Mangini (Mola di Bari, 1927-Roma, 2021). / Festival de Cine Europeo de Sevilla

La pandemia impidió que Cecilia Mangini visitara Sevilla hace apenas dos meses. Quería estar en el merecido homenaje que el Festival de Cine Europeo le brindó en su edición de 2020, pero el contexto casi apocalíptico que vivimos terminó por quitarle la idea de la cabeza. Como en otros momentos cruciales de su larga vida, sólo una razón de fuerza mayor cambió sus planes.

Llega este viernes desde Roma la noticia de la muerte, a los 93 años, de esta pionera del documental italiano, "donna rock del doc", como le gustaba llamarla a Paolo Pisanelli, el aplicado discípulo con el que firmó algunos de sus últimos proyectos, especialmente el que puede considerarse su testamento fílmico: Due scatole dimenticate (2020).

Para quien aún no conozca su obra, ese título puede ser una buena puerta. Reconstruye un viaje que Mangini hizo a Vietnam en 1965 junto a su pareja, el también cineasta Lino del Fra, para preparar un documental que no llegó a rodarse por culpa de otras causas mayores: el avance de la guerra y la orden de las autoridades del Vietcong para que abandonasen el país.

Más allá de los pormenores de ese rodaje frustrado, Due scatole dimenticate condensa su manera de mirar el mundo: su humanismo horizontal, su convicción libertaria, su capacidad para encontrar el pulso de lo cotidiano incluso en medio del horror o su confianza en la imagen fotográfica como depositaria frente al olvido.

Hay, sin embargo, otra forma aún más recomendable de valorar la obra de Mangini: indagar el rastro de sus innumerables trabajos tras la cámara, desperdigados por los años, los márgenes de la distribución y la sombra que la censura directa y la indirecta (en la Italia de los 60 y los 70 no era fácil ser mujer, trabajar con imágenes y tener una clara postura política contraria a los poderes conservadores) ha proyectado sobre su figura.

El trayecto nos llevará de sus iniciales colaboraciones con Pier Paolo Pasolini (Ignoti alla città, 1958; Stendalì, 1960, y La canta delle marane, 1962) a su desbordante producción fotográfica, heredera del neorrealismo, que también tuvo en el Festival de Sevilla un valioso escaparate con la exposición virtual Treinta y seis disparos. Y con una cronología flexible, recalará en muchos de los cortos en los que renuncia a cualquier academicismo etnográfico para remarcar su implicación con lo que filma, como La pasione del grano (1963) o Divino amore (1964). O en aquellas otras obras impregnadas de su identidad ideológica: del feminismo de Essere donne (1965) a la pedagogía crítica de La briglia sull collo (1974).

Cineastas más jóvenes como el citado Pisanelli o Mariangela Barbanente (con la que rodó en 2012 In viaggio con Cecilia), han ido situando de nuevo su figura en la última década en espacios más visibles. Y Mangini nunca se alejó de su cámara. Como prueba, deja un avanzado proyecto documental sobre la escritora sarda Grazia Deledda. En las entrevistas, siempre dijo que la muerte no le asustaba, que le asustaba "sprecare il tempo", desaprovechar el tiempo. Desde luego, no lo desaprovechó.

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