MIGUEL RINCÓN | CRÍTICA Cuerdas mueve de plata

Miguel Rincón Miguel Rincón

Miguel Rincón / D.S.

Agradezco a Luis de Góngora el préstamo de uno de los versos de sus Soledades, porque es difícil describir con tanta carga poética el tañido de unas cuerdas cuando esta acción se convierte en un acto de creación también poética. El discurrir de los dedos sobre las cuerdas, ahora del pomposo archilaúd, ahora de la humilde guitarra barroca, de manos de Miguel Rincón fue anoche todo un espectáculo de variedad en la pulsación, de juego con las dinámicas, de exploracion de colores y de fantasía ornamental, a veces exuberante y recargada, como el Barroco mismo.

Abrió el intérprete sevillano su recital con su propia transcripción para archilaúd de la quinta suite para violonchelo de Bach. Con la ayuda del camino marcado por el propio Bach en su transcripción de la misma obra para laúd, Rincón enriquece la dimensión textural haciendo emerger y dándole continuidad a las voces intermedias tan sólo esbozadas en el chelo y que aquí adquieren relevancia y presencia, convirtiendo en algo visible y audible lo que en Bach estaba sólo sub intellecta. Esto quedó de manifiesto especialmente en el pasaje contrapuntístico del preludio. Muy interesante resultó la articulación a la francesa de la Courante, rica en apoyaturas y en portamentos. No obstante, el exceso ornamental en algunos pasajes y la premiosidad del fraseo en las piezas finales de la suite llevaron a una versión precipitada y poco reposada en la que las frases se superponían las unas sobre las otras.

Con la parte española del programa Rincón asombró por su agilidad y su capacidad de dotar de energía y vida a las variaciones de los pasacalles y a los giros del fandango.

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