MARIAROSARIA D'APRILE & TOMMASO COGATO | CRÍTICA Sonidos de primavera en otoño

Mariarosaria D'Aprile y Tommaso Cogato. Mariarosaria D'Aprile y Tommaso Cogato.

Mariarosaria D'Aprile y Tommaso Cogato. / D.S.

Aunque con el inevitable retraso debido al confinamiento de la pasada primavera, culminó al fin la integral de las sonatas para violín y piano de Beethoven a cargo de estos dos espléndidos músicos. Debía haberse celebrado este tercer concierto en el mes de abril, cerrando apropiadamente programa con la sonata Primavera, aunque hemos tenido que esperar al otoño para escucharla. No importa, porque la espera ha conducido a una gozosa experiencia.

Las obras del programa nacieron en una estrecha franja de tiempo, con un Beethoven entre los veintisiete y los treinta y dos años, un artista que por entonces quería dejar de ser considerado un virtuoso del teclado para postularse como el genuino heredero de las coronas de Mozart y Haydn como compositor. No obstante lo cual, Beethoven no puede evitar escribir una parte de piano en estas sonatas sumamente demandante en lo técnico, lo que no fue óbice para que Cogato desplegase una articulación muy de época, picada y ligeramente ligada, con mesura en el uso del pedal, sutilidad en el rubato, claridad en el fraseo y atención absoluta a los acentos, con momentos de gran brillantez como las síncopas trenzadas entre ambos instrumentos en el Scherzo de la op. 24 o las rápidas figuraciones en el Allegretto de la op. 30.

D’Aprile, por su parte, jugó a su antojo con el sonido brillante y emergente de su violín (un recentísimo instrumento construido en Sevilla por Robert Louis Baille), mostrando todas las posibilidades cromáticas merced a un inteligente y sensible juego con las dinámicas, las gradaciones en los ataques y su conocido virtuosismo.

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