Cultura

Una 'Carmen' en clave masculina

  • El coreógrafo sueco afincado en Sevilla Johan Inger presenta desde mañana hasta el sábado en el Lope el montaje sobre el mítico personaje que ha hecho con la Compañía Nacional de Danza

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Junto a Don Juan, Carmen es sin duda el personaje sevillano más popular y compartido por las distintas artes. Nacida de la pluma del francés Próspero Merimée, esta mujer, tan libre que prefirió la muerte antes que doblegar su razón y su sentir, ha protagonizado decenas de versiones, la más celebre de las cuales, la ópera de Georges Bizet, ha sido la más representada de toda la historia. Lógicamente, también algunos coreógrafos, subyugados por su carácter, han aceptado el reto de ponerla a bailar.

Entre los numerosos ballets que la han versionado destaca especialmente el magistral trabajo realizado en 1983 por Antonio Gades, universalizado en la gran pantalla por Carlos Saura. Sobre su estela han ido surgiendo otras miradas a cargo de coreógrafas como Sara Baras, Aida Gómez o María Pagés, la de esta última, aún en gira, centrada en la vida cotidiana de las mujeres. En otros géneros de danza, podrían citarse la Carmen Suite del mítico Bolshoi, cuya coreografía y libreto realizara el cubano Alberto Alonso por encargo de Maya Plisetskaya, y la deliciosa Carmen coreografiada por Mats Ek en 1992 para el célebre Cullberg Ballet de Suecia, con la española Ana Laguna en el papel titular. Ambos ballets, completamente diferentes, contaron con la música de ruso Rodion Shchedrin, marido de la Plisetskaya.

De estas dos últimas podría decirse que nace la nueva versión de Carmen creada por el coreógrafo Johan Inger, sueco como Mats Ek, además de director artístico durante cinco años (de 2003 a 2008) del Ballet creado por Birgit Cullberg, y enamorado de la música compuesta en 1967 por Rodion Shchedrin -según el propio compositor como una "fusión mental creativa con la música de Bizet"- que él utiliza, junto a dos piezas de la ópera, "porque en él se encuentran todas las melodías de Bizet, la habanera... pero con un tono menos suave; hay más percusión, más carne, y todo eso le venía muy bien a la historia que yo he querido contar y que tiene bastante que ver con la violencia de género", dice Inger, quien ha completado el espacio sonoro del ballet -la suite de Shchedrin dura solamente 45 minutos y el ballet de Inger tiene el doble de duración- con algunas piezas electrónicas de Marc Álvarez.

La pieza, sin embargo, no nació de una necesidad creativa del sueco, casado con la que, como él, bailara durante muchos años en el Nederlans Dans Theater, Carolina Armenta, y afincado desde 2008 en Sevilla, desde donde sale frecuentemente a coreografiar, tanto para el NDT, del que es coreógrafo asociado, como para las más importantes compañías de ballet del mundo. El título fue una propuesta de José Carlos Martínez, Director de la Compañía Nacional de Danza desde 2010, en su preocupación por abrir la compañía pública a todo tipo de lenguajes y de formatos, como demuestra la presentación, el pasado día 5 de este mes, de un grupo de siete de sus bailarines en la Pensión de las Pulgas de Madrid, con una pieza realizada por ellos mismos para dicho miniespacio bajo el título de Home.

"Al principio, Martínez me dio a elegir entre Don Quijote y Carmen" -dice Inger- "y yo le di muchas vueltas pero al final elegí a la segunda. Con este tipo de historias uno siempre se pregunta por qué y para qué. ¿Por qué hacer una Carmen más? Yo tenía que encontrar mi propia Carmen y, después de leer la novela de Merimée, que contiene mucha más violencia que la ópera, empecé a trabajar una dramaturgia con Gregor Acuña, con quien ya había trabajado en Sevilla. Pronto nos pusimos del lado de Don José. Ella es maravillosa pero es una mujer de una pieza y nos parecía mucho más interesante seguir la evolución del personaje de Don José, un hombre oscuro al que la frustración y los celos lo arrastran hasta la agresión y, finalmente, al homicidio. Frente a esa violencia, como testigo mudo e impotente, hemos inventado la figura de un niño que puede ser el militar de pequeño, el hijo que hubiera podido tener con Carmen… o quien el público quiera imaginar ".

El ballet, creado con 18 bailarines de la CND se divide en dos actos claramente diferenciados: el primero, donde se presentan los personajes, es más ligero y abierto mientras que el segundo se va llenando de sombras, de personajes corales que le sirven al creador para amplificar sentimientos tan oscuros como los celos. En cualquier caso, Inger aclara que "aunque la pieza tiene mi sello y llega después de numerosas coreografías, es la primera vez que hago un trabajo con una historia y una dramaturgia. Yo siempre he hecho cosas más abstractas, por eso he cuidado de que todo se entienda. Quiero llegar a un público amplio. Invitar a todos para que disfruten con esta historia". A su éxito han contribuido un espacio escénico diseñado por Curt Allen Wilmer con nueve prismas que mueven los propios bailarines y unos figurines atemporales -aunque con un cierto aire años 60- de David Delfín.

Frente a lo que cabía esperar, la Carmen de Johan Inger y la CND, cuyo estreno tuvo lugar Madrid en abril de 2015, llega mañana jueves al Teatro Lope de Vega de Sevilla y no al Maestranza, más adecuado por aforo y escenario para los grandes ballets. Allí estará hasta el próximo sábado, todos los días a las 20:30.

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