Carlos Zanón | Escritor

"Vengo de un mundo donde ser patriota es un insulto, sea cual sea la bandera"

  • El autor barcelonés retoma y prolonga en 'Problemas de identidad' la vida de Pepe Carvalho, el famoso y querido personaje de las novelas negras de Vázquez Montalbán

Carlos Zanón (Barcelona, 1966), en una imagen reciente.

Carlos Zanón (Barcelona, 1966), en una imagen reciente. / Enric Fontcuberta (Efe)

Desde la infancia, una parte importante del calendario de Manuel Vázquez Montalbán fue prefijada por las competiciones futbolísticas y el papel que en ellas hacía su equipo, el Barça. En el caso de Carlos Zanón (Barcelona, 1966), "muy futbolero" también y autor de libros como Yo fui Johnny Thunders o Taxi, su vida se mide en libros y discos de sus artistas favoritos. Charles Aznavour, Pavese y Penny Lane aparecen durante la lectura de Carvalho. Problemas de identidad (Planeta), su nueva novela, donde resucita con desparpajo y cierto lirismo al famoso personaje creado por el gran Vázquez Montalbán.

Ahora Pepe Carvalho se parece más a Mortadelo que a James Bond, cocina menos, está algo enfermo y tiene sus datos del móvil en una nube. Su Barcelona también ha cambiado. Sin embargo, sigue siendo igual de cañero y malafollá, y la ciudad... la ciudad sigue estando ahí.

–El título de su novela puede remitir a sus problemas de identidad como autor al darle una nueva vida a un personaje que no es suyo, pero también a Barcelona...

–Es un título que funciona a diversos niveles. Por un lado, son los problemas de identidad del personaje con la historia de Novia Zombie, que le remueve un poco todo. Por otro lado, el personaje con su autor, Vázquez Montalbán. También existían los problemas de identidad conmigo. Soy un escritor que coge otro personaje. A nivel social y político, eran problemas de identidad en Barcelona, en Cataluña y en España.

–Carvalho es muy crítico con la Barcelona de hoy, llena de pisos turísticos. La palabra barricidio aparece bastante...

–Quizá la palabra barricidio la veo exagerada. Pero cuando lo fías todo a un tipo de turismo y los pisos turísticos, aparentemente parece que no pasa nada, y sin embargo estás destruyendo la identidad de la ciudad. El hecho de que alquiles pisos a turistas significa que esos turistas sólo hacen vida por la noche. Con lo cual te cargas los comercios de alrededor. Un barrio sin niños y sin abuelos es otra cosa. Los comercios se dedican a los turistas: desde el alquiler de bicicletas a que te hagan cócteles. No hay un sitio donde comprarte un paquete de arroz. Hay que ir con cuidado porque probablemente estás convirtiendo a la ciudad portuaria en containers (contenedores). Los pisos al lado del puerto acaban siendo containers vacíos de gente que viene durante el día y se va. Eso no crea nada. Es únicamente puro capitalismo a saco. No deja ningún poso. No permite que haya nada más en el barrio.

–Su Carvalho es más sensible y cínico. ¿Qué ha ganado y qué ha perdido usted con la edad?

–Con la edad se gana cierta lucidez, cierta perspectiva. Cuando eres joven te apasionas con estupideces. Sabes cuatro cosas y te crees que sabes mucho. A nivel creativo, ganas seguridad y estilo. ¿Qué se pierde? La desfachatez. La juventud tiene ese punto de desfachatez. Te crees que por haber leído cuatro libros, haber escuchado tres discos y haber descubierto cuatro cómics, ya lo sabes todo. Eso te permite ir muy lejos. Con 20 años tienes una eternidad de 60 años por delante. Cuando tienes 50 se te acortan las miras.

–¿Hubiera aceptado este reto con 20 años?

–Yo creo que hubiera dicho que sí también. Cuando acepté el Carvalho ya había firmado con otra editorial, Salamandra, para publicar otra cosa. No ha sido una cuestión económica ni de notoriedad. Me siento cómodo en la editorial donde estoy. Sé que voy a poder publicar los siguientes libros. Fue una cuestión emocional. De libros que leía de chaval y también mis padres. Es como si te gusta el cine de aventuras, eres cineasta o guionista y te ofrecen hacer una película de Indiana Jones. Hubiera decidido lo mismo hace 20 años.

–¿Mientras la escribió se autocensuró a la hora de tocar ciertos temas o construir los personajes?

–No, no. Nunca me autocensuro. Me autocensuro por motivos estéticos, para que vaya a funcionar, pero nunca me corto. Escribo lo que quiero y como quiero. Nunca me han censurado. He hecho siempre lo que he querido escribiendo.

–El protagonista de su novela dice "banderas patriotas, banderas idiotas". ¿A Carvalho le importan tres pepinos la patria y todo lo que tiene que ver con ella?

–Sí. Ahora parece que ser patriota es supermolón e inteligente. Yo vengo de un mundo en el que ser patriota era un insulto, fuera cual fuera la bandera. Veías a los yanquis con su bandera y decías: ¿Qué pesados, no? Detrás de las banderas hay identidades y un cierto supremacismo muchas veces. Ese discurso de yo soy mejor que tú por haber nacido aquí y tú no. Carvalho es un apátrida... No le interesa ponerse detrás de una bandera ni de ninguna pancarta. Él no cree que sea mejor o peor que nadie. Las banderas esconden una voluntad de ser mejor que el otro.

–¿Observa una verdadera fractura en la sociedad catalana?

–Sí. Quizá no tan virulenta como hace un año... La sociedad catalana no se acabó de romper del todo y se está reconstruyendo ahora. Hubo momentos que nunca había vivido en familia o en grupos de amigos en los que no hablabas de determinados temas para no enfadarte. La sociedad catalana es eminentemente pacífica y eso ha significado que no haya una ruptura.

–¿Cuán peligroso ve el discurso de Santiago Abascal?

–Estoy en contra de cualquier ideología de derechas. Tampoco me he tomado la molestia de escuchar mucho a su partido.

–Habla de Aznar en el libro como "el que hizo tantos y tantos independentistas". ¿Y Vox, ha convertido a más?

–Problamente menos. Con Vox está localizado. Tenemos un problema si no entendemos que España es un estado plurinacional. Uno no vive en el país que le gustaría, sino en el país que es. Es un país en el cual un vasco, un gallego y un andaluz no son lo mismo, ni viven lo mismo, ni tienen la misma mentalidad, pero todos vivimos en el mismo país. Tenemos que respetar las diferencias entre nosotros. Pero no sólo es responsabilidad de Aznar, sino de todos. Desde los nacionalismos de la periferia tampoco existía una voluntad de integrarse en España. Beneficiaba a los dos.

–Un amigo de Carvalho suelta en su libro, con tono irónico, que "si perdemos las tapas, perdemos España".

–Una de las maneras de quitarle solemnidad a las banderas es el sentido del humor. Rebaja un poco la tensión. El humor pone al tirano en su sitio.

–El problema es que lo políticamente correcto nos ha alcanzado a todos...

–El problema de lo políticamente correcto es que acabas atrayendo a Donald Trump. Cuando ves a alguien que insulta, que dice barbaridades, lo valoras porque crees que está siendo sincero. Estoy a favor de la libertad de expresión y del humor, y si no ahí están los tribunales. Lo de ir cortándonos me parece un error.

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