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Crítica de Música

Competencia y desinterés

No estaba puesto en la mejor fecha posible este concierto, justo después de la feria y tras un cambio sobre lo inicialmente previsto, pero la escasa asistencia de público resulta demasiado repetida ya como para seguir tomándola a la ligera. El poco interés por la música de cámara desvela una afición poco consolidada en Sevilla, sólo capaz de llenar en noches de relumbrón operístico o cuando se programan obras muy populares. Y eso es malo.

Resulta además aún más chocante por lo atractivo de un programa puramente clásico y muy bien escogido y por la indiscutible competencia de los solistas, algunos bien conocidos en la ciudad. Lo es sin duda el oboísta Jacobo Díaz que en el KV 370 dejó muestras de su buen gusto en un fraseo magníficamente articulado, que brilló sobre todo en los movimientos extremos, el rondó final con un sonido finísimo, galante, alado, puro Mozart.

El joven flautista Alberto Acuña, destacado miembro de la OJA, expuso de forma algo rígida el tema de apertura del KV 298, pero su interpretación fue creciendo y tanto en el final de esta obra como sobre todo en el KV 285 lució destreza, musicalidad, sonido amplio y un juego de dinámicas que sacó del Adagio de KV 285 una expresividad encantatoria. Brillantísimo toda la noche Michael Thomas: su violín encontró tanto la ornamentación justa en su deliciosa variación del arranque de KV 298 como la justa intensidad en Schubert. Acompañaron con solvencia Manzano y Rodríguez, el cellista acaso algo tímido toda la noche.

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