lunátika | Crítica de teatro

Humor absurdo y energía con la Medina

Cristina Medina se va a la Luna

Cristina Medina se va a la Luna / José Coleto

Cristina Medina es Mary Lonly, una mujer en paro que recibe una oferta de trabajo que la llevará a la Luna. Este es el comienzo del nuevo espectáculo de una de nuestras mejores y, prácticamente, única en su género, actrices que unen a su imponente personalidad y su inmejorable capacidad para el clown sus registros como actriz y cantante.

La Medina ha conformado un personaje, en sus monólogos, que traspasa la barrera entre escenario y público. Sabedora de sus innegables aptitudes como ‘showoman’ se desdobla en Mary Lonly, una inocente mujer que lucha por sobrevivir y que acepta, sin dudar, irse a la Luna a buscarse la vida, con el de una ‘Coach-doctora’ que nos da una conferencia de cómo ser más felices asumiéndonos a nosotros mismos.

La payasa que lleva Cristina Medina desde sus comienzos en su compañía Pez en raya y ahora con Lamedinaes Company la convierte en una de las pocas mujeres que asumen un monólogo basado en el humor absurdo y loco y unas dosis de autoayuda con la que dibuja esta Lunátika que pudimos ver anoche en el Teatro TNT, precisamente donde empezó hace más de veinte años.

La facilidad con la que Medina y Remedios Crespo (co-autora y directora) juegan con el lenguaje es uno de los sellos de identidad de esta actriz que se ha hecho famosa y querida por su personaje Nines de la serie La que se avecina de Telecinco pero que vuela muy libre cuando asume sus propias creaciones. Su mensaje viene a ser muy claro, sé tú misma y busca la felicidad. El espectáculo está lleno de buenos momentos como la escena en la que Cristina Medina simula la falta de gravedad en la Luna, las canciones que interpreta, con excelente voz, de Bambino y el speech final que se marca arengando al público a no soportar a la gente que no nos conviene.

En la línea de los grandes Leo Bassy y El Brujo, la Medina se metió al público en el bolsillo gracias a su enorme energía, su impresionante voz, su inmensa frescura y, sobre todo, su apabullante desfachatez. Y todo con un humor casi blanco basado en la palabra.

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