Cuarteto Almaclara | Crítica Meritorio Beethoven de cámara

El Cuarteto Almaclara en el Alcázar. El Cuarteto Almaclara en el Alcázar.

El Cuarteto Almaclara en el Alcázar. / Actidea

Platos fuertes del repertorio, los cuartetos de Beethoven exigen una enorme inversión de trabajo para los conjuntos estables, ni digamos para las formaciones ocasionales. El Cuarteto Almaclara tiene más de lo segundo que de lo primero y por ello su primer concierto de los dos previstos en el ciclo del Alcázar tuvo mucho mérito. Aun con desajustes, imprecisiones y roces, sus interpretaciones se sustentaron en un buen equilibrio instrumental, una tensión suficientemente sostenida y apreciable claridad de texturas.

El Op.18 nº4 es una obra extraña, que combina la fuerza expresiva del do menor (tonalidad tan beethoveniana) con la ligereza de un cuarteto sin movimiento lento y en el que el primer violín está exigido por notables pasajes de virtuosismo, figuraciones que pusieron en más de un apuro la capacidad de articulación de Batalloso, cuyo sonido, algo chirriante en el inicio, fue templándose y asentándose, especialmente en el Op.59 nº1, pieza de sonoridad casi sinfónica y que el Almaclara ató bien en sus inflexiones dinámicas y en unos graves más definidos y presentes.

Las voces medias cobraron prestancia y protagonismo en una obra que exige un encaje muy preciso, pues hay frases melódicas que se construyen con entradas alternativas de los instrumentos. Hubo claridad y lirismo en ese monumental movimiento lento que culminó Batalloso con unos expresivos trinos antes del attacca del violonchelo al Allegro final, en el que el conjunto adornó el contrapunto imitativo con luminosos y decorativos toques de color.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios