Danza que perdura
Víctor Ullate, Ballet Comundad de Madrid. Director: Víctor Ullate. Director Adjunto: Eduardo Lao. Solistas principales: Cristian Oliveri, Josué Ullate, Dorian Acosta, Marien Fuerte y Laura Rosillo. Bailarinas: Ksenia Abbazova, Leyre Castresana, Elena Diéguez, Kana Nishiue, Reika Sato, Alba Tapia y Zhengija Yu. Bailarines: Lorenzo Agramonte, José Becerra, Mariano Cardano, Mikael Champs, Matthew Edwardson, Oliver Edwadson, Jonatan Luján, Stefano Maggiolo. Fecha: Viernes, 25 de abril. Lugar: Teatro Lope de Vega. Aforo: Lleno.
En medio de las dificultades que atraviesa la danza privada en España, Víctor Ullate, renueva su compañía y emprende una larga gira para celebrar los 25 años de su Ballet y, sobre todo, para demostrarle al mundo que la danza, cuando hay talento y rigor, puede llegar al gran público. Y es que, si los bailarines pasan con los años, ésta siempre permanece, sobre todo cuando detrás hay un Maestro como Víctor Ullate.
El equilibrado programa que presentó en el Lope de Vega consta de cuatro piezas, tres de Ullate y una del director artístico de la compañía, Eduardo Lao. Ésta, denominada sencillamente "Y", es un potente dúo masculino con música vocal de Mahler en el que Cristian Oliveri y Josué Ullate -el pequeño de la saga-, jugando con los roles del paso a dos de la danza clásica, muestran su magnífica formación y sus dotes expresivas.
La velada comenzó con Jaleos (96), y la música de luis Delgado. Un fantástico alarde de ritmo, de geometría, de dinamismo... El reto más difícil, sin duda, para un ballet lleno de veinteañeros, si bien asombrosamente formados en la Escuela que dirige Ullate desde 1983 y de la que no han dejado de salir figuras .
La segunda parte combinó un hermoso solo -Après toi-, magníficamente bailado por Dorian Acosta con música de Beethoven y lleno de guiños a los grandes ballets de Maurice Béjart, con quien Ullate bailó durante años y a quien está dedicada la pieza, y una personal versión del Bolero de Ravel, ambientada en un café de los años 20 e introducida por El Manisero en la voz de la Argentinita. En él, la melodía está representada por una pareja de técnica impecable que va llenando el ambiente de sensualidad, de sexualidad incluso, hasta llegar, con el público, a la apoteosis final.
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