44 FERIA DEL LIBRO ANTIGUO Y DE OCASIÓN

Eva Díaz Pérez exalta "las historias de azar y amor" de las librerías de viejo

  • La escritora aunó erudición y autobiografía en su emocionante pregón de la Feria del Libro Antiguo de Sevilla, que este viernes abre al público en la Plaza Nueva

Eva Díaz Pérez (Sevilla, 1971) durante la lectura de su pregón en el Círculo Mercantil.

Eva Díaz Pérez (Sevilla, 1971) durante la lectura de su pregón en el Círculo Mercantil. / Juan Carlos Muñoz

El Círculo Mercantil ha acogido esta noche la lectura del Pregón de la 44 edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión a cargo de la escritora y periodista Eva Díaz Pérez, titulado Autobiografía libresca en tiempos inciertos. La actual directora del Centro Andaluz de las Letras (CAL), que no pudo abrir el año pasado la cita de la Plaza Nueva al cancelarla la pandemia, sucede al fin a Luis Alberto de Cuenca, que pregonó en 2019 la última edición celebrada. Desde 2002, en que esta tradición se inauguró con Nicolás Salas, a quien siguió Arturo Pérez-Reverte, Díaz Pérez es la segunda mujer que asume el pregón tras Rosa Regás (2007) e inserta así su firma en una nómina de excelentes autores y bibliófilos como Andrés Trapiello, Mauricio Wiesenthal, Felipe Benítez Reyes, Jorge Edwards o los recordados Aquilino Duque y Fernando Ortiz.

La autora de Memoria de cenizas comenzó celebrando esta feria que hasta el Puente de Diciembre convierte a la ciudad "en uno de esos lugares del mapa maravilloso del Club de los libros viejos": Charing Cross en Londres, las orillas del Sena de los bouquinistas parisinos, la calle Donceles en México DF, la Avenida Corrientes en Buenos Aires, la Cuesta de Moyano madrileña… Y destacó cómo, entre los momentos deliciosos de la vida, "está ser flâneur en una librería de viejo: deambular sin rumbo, pasear sin mapas, perderse entre las estanterías. Buscar a veces sin saber qué. Y descubrir ese perturbador olor a moho dulce. Los libros antiguos tienen una dimensión literaria. No está sólo lo que cuentan en sus páginas. Poseen una inesperada vida interior. Una biografía".

La sevillana confesó que no pertenece "a esa familia exquisita de los que persiguen primeras ediciones o curiosos ejemplares únicos", por tratarse de "un vicio demasiado caro". En su lugar, afirmó preferir "las hermosas historias de azar y amor que he vivido en las librerías de viejo y en los puestos de nuestra Feria del Libro Antiguo", que están en sintonía con la que le contó el historiador Manuel Moreno Alonso, quien descubrió en una vieja carpeta de los archivos del British Museum los papeles perdidos de Lord Holland, "el prócer inglés que vivió en Sevilla y que tanto influyó en nuestros intelectuales del liberalismo del siglo XIX". Así también a ella, lo que verdaderamente le seduce del mundo del libro antiguo, es la posibilidad de toparse con un ejemplar "que me esperaba sólo a mí, quizás desde siempre".

"Los libros antiguos tienen una dimensión literaria. No está sólo lo que cuentan en sus páginas. Poseen una inesperada vida interior"

Díaz Pérez, que reivindicó Mujercitas como uno de los libros que propició su vocación literaria, no esquivó la cuestión del género -"Creo que una de las más luminosas resurrecciones que estamos viviendo en este extraño presente es la recuperación del papel de las mujeres en el mundo de la creación y, por supuesto, de las bibliófilas"- y agradeció a su familia el papel que ha jugado en su forja como lectora y escritora, y a su padre el que comprara de jovenzuelo su ejemplar más querido: Nuestra Señora de París, la novela de Victor Hugo, "en una edición de 1847 con hermosas láminas y encuadernación en media piel de época, uno de cuyos dos tomos conserva páginas lamidas por algún fuego del pasado del que logró salvarse milagrosamente", un libro que de algún modo está muy presente en la librería de don Miguel, personaje de ficción de su aclamada novela Hijos del Mediodía.

La autora dejó volar su imaginación y expresó su deseo de hallar un libro perdido, "como algún ejemplar de la antigua biblioteca de Olavide simulado dentro de otro libro o esa Historia de Sevilla que escribiera Mateo Alemán, el autor del Guzmán de Alfarache, de la que no se tiene noticia desde el siglo XVII cuando el erudito Juan de Torres Alarcón aseguraba que la había manejado".

Díaz Pérez concluyó su intervención, muy aplaudida, dando las gracias por tantos momentos de felicidad a la gran familia de libreros de viejo y libreros anticuarios sevillanos. "Brindemos con ellos a pesar de la oscuridad y las incertidumbres porque sabemos que los libros, aunque tengan los lomos fatigados, siempre estarán ahí para salvarnos". 

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