Fosforito | Crítica

El día del taranto

  • El documental 'Fosforito, una historia de flamenco' es una película familiar dirigida por Alejandro Fernández, hijo del cantaor

Fosforito, izquierda, Fernando Quiñones, Antonio y Curro Mairena, en una imagen incluida en el documental.

Fosforito, izquierda, Fernando Quiñones, Antonio y Curro Mairena, en una imagen incluida en el documental. / AV2Media y Alejandro Fernández

Acudí hace unos días al II Balastro flamenco de Pedrera con la intención de ver una película que se estrenó hace unos meses y que se puede ver estos días en las actividades paralelas, no sólo del mencionado festival, sino de muchos otros de los que acontecen en estos tiempos de estío por toda la geografía andaluza. El filme se titula Fosforito, una historia de flamenco y se estrenó en la pasada edición del Festival de Cine de Málaga. Está producido por AV2Media y Alejandro Fernández, con la participación de Canal Sur, y dirigido por Alejandro Fernández, hijo del cantaor. Lo que más me interesó de la película fue la parte menos conocida de la vida artística de Fosforito, esto es, la etapa en la que su nombre artístico era Antonio el de Puente Genil, de la que hay escasa documentación, que esta película pone sobre la mesa, en algunos extremos por vez primera, demostrando que Fosforito ya era todo un profesional antes de acudir al Concurso de Córdoba de 1956 en el que obtuvo todos los primeros premios.

Cartel de la película. Cartel de la película.

Cartel de la película.

Es, en efecto, una película familiar, que no se detiene en las aristas del  hecho jondo. Su visionado resulta políticamente correcto. No trata de polémica alguna ni tampoco trata de crearlas, pasando de puntillas por asuntos de tanto interés como la relación del cantaor con el mairenismo, sus antecedentes cantaores o, incluso, la escuela y repertorio por él creados. Sí que afirma el propio intérprete que la petenera que se canta actualmente es la suya, básicamente, lo cual es un testimonio muy interesante. Estoy plenamente de acuerdo con el cantaor. Pero sería bueno que la película recogiera las opiniones al respecto de otros interesados en el tema, tanto cantaores como investigadores. También se habla, aunque sin profundizar en el tema tanto como nos gustaría a los investigadores, de otros cantes en los que ha dejado su huella creadora para las nuevas generaciones como las cantiñas o la soleá apolá. En efecto, el estilo sincopado del cante por alegrías que hoy es hegemónico lo creó Fosforito en su época. Todos, después, lo aprendieron de él, aunque son pocos los que reconocen este ascendente.

A priori, lo que más me interesaba de esta película es lo que en ella se diría del tema del taranto. Y lo cierto es que, en este sentido, he quedado decepcionado. Ese es el problema de las expectativas, ¿verdad? Fosforito da a entender en el filme que el cante del taranto es una proyección al baile, es decir, con unos arreglos rítmicos y melódicos para adaptarlo a la danza, del cante por tarantas. Algo que él hizo para cantarle a la bailaora Fernanda Romero, según declara, eso sí con mucha timidez, en la película. Lo cierto es que la palabra taranto ya aparece en la discografía flamenca en al menos cuatro ocasiones antes de que la usara Fosforito. Las dos primeras fueron: en 1953 en un disco de Los Gaditanos y en 1955 en otro de Rafael Romero. También en el libro Flamencología de 1955, González Climent habla de los tarantos como estilo flamenco. El concepto rítmico y melódico del taranto actual, incluyendo la famosa falseta, ya estaba en el disco de Romero mencionado. Y también en el repertorio de Antonio Ruiz Soler que fue acaso el creador de este concepto flamenco y el que introdujo la tendencia de acabar el baile por tarantos por tangos. Antonio no lo grabó hasta 1958 (sería, acaso, la tercera vez que aparece esta denominación en disco) pero está en su repertorio desde, al menos, 1955. Fosforito grabó unos Tarantos de Almería en un disco cuya enorme popularidad termina por imponer esta denominación. Aunque se grabó el 24 de julio del 1957 (información que debemos a José Manuel Gamboa), en la galleta del disco figura la fecha de 1959 que fue, finalmente, cuando salió a la venta. Eso sí, el baile por los estilos mineros ya existía antes, lo había creado, acaso, Carmen Amaya, con la denominación, quizá, de Rondeña, con precedentes como los de La Malagueñita y La Argentinita. Carmen Amaya grabó su rondeña en 1955 y Leonor Amaya grabó su taranto (sería, que sepamos, la cuarta vez que se usó en disco dicha denominación) en 1957. Ambas grabaciones se corresponden con el estilo actual denominado taranto, aunque ciertamente la rítmica de Carmen Amaya es más ternaria que binaria.

En resumen que el nombre de cante por tarantos y el concepto de cante y baile por tarantos ya existía antes de que Fosforito grabara sus Tarantos de Almería, pero fue sin duda el éxito de este disco el que hizo que los tarantos pasaran a ser, definitivamente, uno nuevo estilo del flamenco sustituyendo, en gran medida, a lo que en el pasado en los tiempos de Chacón por ejemplo, y también en sus los discos, se llamaba mineras, como abreviatura del nombre tarantas mineras.

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