Iberian & Klavier Piano Dúo | Crítica De las tinieblas al canto

Iberian & Klavier Piano Dúo justo antes de comenzar su recital. Iberian & Klavier Piano Dúo justo antes de comenzar su recital.

Iberian & Klavier Piano Dúo justo antes de comenzar su recital. / P.J.V.

La Cuarta sinfonía de Beethoven empieza con un señuelo falso: la introducción lenta resulta tenebrosa, sombría, apesadumbrada. ¿Cómo sospechar que lo que viene detrás (el resto de la obra al completo) es una de las expresiones de gozo y humor sinfónico más apabullantes jamás plasmadas en un pentagrama? Laura Sierra y Manuel Tévar marcaron esa primera sección no sólo con su correspondiente tempo lento (muy lento), sino enfatizando los acentos, articulando cada frase con un staccato implacable.

El tercer concierto del ciclo beethoveniano que Juventudes Musicales de Sevilla ha encargado a esta pareja de pianistas españoles confirmó la excelencia de la propuesta. Iberian & Klavier Piano Dúo ha profundizado en la música de Beethoven y en sus interpretaciones es posible apreciar la preocupación por la arquitectura de las obras (tan importante siempre en el compositor), las proporciones, los contrastes y los detalles. Las inflexiones dinámicas dominaron el Adagio de la , de un grácil sentido rítmico, mientras que en el curioso Scherzo (que es doble) la lógica constructiva se volcó en destacar la flexibilidad de los tríos, con un rubato muy apreciable que pareció destacar su sentido humorístico. El final fue pura adrenalina en la intensidad de unos crescendi aligerados por unos silencios sabiamente estirados, aunque por momentos al dúo le costó mantener cristalina esa articulación del principio de la obra.

Los arreglos de Hugo Ulrich son eficaces, aunque no pueden evitar que haya secciones en las que se eche de menos la instrumentación original, sobre todo en obras como la y la en las que el equilibrio entre las familias resulta tan singular, con ese peso de la madera tan señalado en la primera de ellas y ese lirismo tan quintaesenciado de la segunda. Desde el arranque, con las repeticiones obsesivas de los motivos, y un tempo moderado, el dúo construyó la Pastoral desde el punto de vista del color y del canto, de la melodía, que fluye como el arroyo y trina como los pájaros. Por eso, y pese a algún pequeño contratiempo en el Scherzo, la articulación se hizo en general mucho más ligada (y cuando bramó en staccato por la tormenta, la claridad estuvo siempre ahí) hasta un final relajado y de colores tenues.

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