José de los Camarones: "Cantar puro es de 'esmayaos"

Flamenco

El cantaor presenta el día 18 en Sevilla su nueva obra, 'Anclé mi alma', tras diez años de sequía discográfica

José de los Camarones:
José de los Camarones: / Isabel Galavís

El final del 2022 vio renacer discográficamente la figura de José de los Camarones casi diez años después de la edición de su anterior obra, Joyanka, la octava de su carrera. El disco nuevo se llama Anclé mi alma y nos llega a través del sello Gong, con la producción de Gonzalo y Josema García Pelayo y la participación de grandes músicos de Sevilla y Jerez, donde se ha grabado, que aportan una instrumentación inusual en el flamenco, pero que se asocia de maravilla con el cante del maestro.

El disco se presentará en la sala Malandar el próximo sábado en un concierto en el que José estará respaldado por la mayoría de los músicos del disco y contará con María del Tango como invitada y Malabriega como banda que previamente calentará el ambiente. “Estoy loco por cantar en Sevilla; me da muy buenas vibraciones y como aquí hay grandes artistas, eminencias del cante, lo voy a dar todo para estar también a la altura”, nos dice José mientras vamos sentándonos para tener con él una ilustrativa entrevista sobre su arte y su persona.

-¿Que haya anclado su alma significa que ya se ha resignado, que acepta lo que hay, lo que es y se ha rendido?

-Me he tenido que rendir a muchas cosas en esta vida y anclar mi alma es aceptar las cosas que no podía solucionar por mí mismo. Espiritualmente, tuve que limar mis defectos de carácter. Pero que esté anclado el barco no quiere decir que no tenga que limpiarlo y engrasarlo, por si hay que zarpar. Por mi condición de marisquero, que lo soy desde chiquitito, cuando con mi padre cogía camarones y cangrejos, conozco bien el vaivén de las mareas y el título es una metáfora marinera que va bien con mi forma de pensar y ver la vida.

-¿Y eso cómo lo refleja en su disco?

-A través de los cantes, de las letras y de los músicos. Tenía que ser muy cauto; llevo más de cincuenta años, toda la vida, cantando de manera ortodoxa, con toda mi humildad; he escuchado a los grandes cantaores, he estado con ellos en los cuartos oscuros y en las grandes glorias, por eso tenía que ser meticuloso a la hora de grabar estos temas. Y aunque agrego a estos grandes músicos no me salgo del canasto de los camarones; mantengo la pureza y esos instrumentos suenan flamencos. Un instrumento musical tiene que respetar siempre los cánones, porque si fuese a destrozar una soleá sin darle el soniquete, la impronta, el sentimiento, no lo hubiese hecho. Y hemos tenido mucho cuidado y mucha sutileza metiéndoles instrumentos que no eran la guitarra flamenca. La obra está impregnada de mi personalidad, pero con honradez y a compás, sin desvirtuar nada. Y estoy muy feliz con el resultado.

-Hay dos poemas de Neruda y Kavafis, letras de Chipi de la Canalla y también de usted. ¿Estas son autobiográficas o ejercicios literarios?

-Ha habido un poco de las dos cosas. Pero, sin vanagloriarme, el protagonismo ha salido de mi corazón. Luego, en la multitud de consejeros está la victoria y a mí me han asesorado bien, pero salió de mi alma y creo que no he cometido ningún oprobio, porque respeto los principios. Así que mis letras son de las dos clases, autobiográficas y en base a lo mucho que he leído; aprendo de los grandes maestros, pero la mayoría de mis letras las he mamado y las he sufrido. Luego están también las alegrías, los tangos, porque cada cosa tiene su momento; mi padre me dijo que para vender camarones tenía que dejar los problemas en casa. No se puede vender camarones triste y con cara de lástima, hay que ofrecerlos con alegría: pruébelos usted, aunque luego no me los compre. Hay que dar el do de pecho. Y el público se da cuenta de si lo que se ofrece es auténtico o no lo es; sabe catar.

"Cantaores hay pocos; artistas, miles. Hoy la mayoría de los artistas han nacido con un pan bajo el brazo y lo tienen todo, pero sin dolor no hay creación"

-¿Para cantar bien hay que pasar por los infiernos?

-No, pero sin dolor no hay creación. Los cantaores antiguos se van muriendo; cantaores con mi edad hay poquísimos y cantaores nuevos también. Cantaores, pocos; artistas, miles; y hoy la mayoría de los artistas han nacido con un pan bajo el brazo y lo tienen todo. Yo siempre les preguntaba a los grandes cómo hacía los cantes; le canté una rondeña a Rafael Romero el Gallina, con una letrita suya y me dijo: se la puede mejorar. La juventud es buena, pero hay que enseñarles desde la sinceridad y la honestidad y ellos que lo cojan si quieren. Ahora enseñan el flamenco de una manera muy light; yo estoy hablando de flamenco y lo estoy viviendo; si cambiase, ya no sería yo. Pero la ética, la estética, los principios, los respeto. Y si me tengo que morir en el escenario, me muero.

-Si las letras propias son tan buenas para sanar penas, para manifestar alegrías ¿Por qué los cantaores siguen en su gran mayoría cantando textos clásicos, de toda la vida?

-Porque les da miedo. Dios me puso en la tierra con un propósito; soy libre. Pero la mayoría de los artistas no se atreven por si les dicen ¿y tú quién eres?. Hay grandes artistas que ya lo tienen todo cuadriculado: aquí me siento, aquí me levanto, aquí levanto la mano, aquí me echo un poco pal lao. Si yo hiciera eso daría ojana y no quiero darla, quiero ser quien soy. Cuando canto Diálogos con Teresa, de Neruda, me meto en Murieta, poresito mío, las fatiguitas que pasó con las minas de oro, pa que luego se la robaran; eso es pasar las fatigas de la muerte. Yo me meto en Murieta y el poema ya no es de Neruda, ya es mío. Porque lo hago mío, lo adapto a mi vida, a cuando mi padre me llevaba con ocho o nueve años a mariscar, a Puerto Real, a San Fernando, a Sanlúcar, y después de coger camarones y cangrejos, lloviendo a mares, caerme con la moto en el río y perderlo todo. Y a ver quien le decía a mi padre que lo había perdío.

"Jondo es lo insondable, el misterio, lo que todavía no se ha descifrado. Pero vende más la palabra flamenco porque es marketing"

-Permítame un cliché de neófito en este arte. Ya me ha dicho que sin dolor no hay flamenco, pero ¿hay que ser gitano?

-En el flamenco está el mundo gitanófilo y el mundo payófilo. Yo soy cantaó castellano; mi mujer es gitana, yo no, pero les tengo mucho respeto a ellos, porque cuando Dios le da un don a una persona no hay quien lo aguante. Pero igual que entre los castellanos, también hay muchos gitanos que no saben ni tocar las palmas. Yo no he visto a ningún cantaó de élite referirse a otro como este payo o este gachó jamás; pero en esta nueva ola la mayoría, y que Dios me perdone, come por los apellidos: yo pertenezco a Fulanito, yo soy de Chacón, yo de Manuel Torre, y hay que ser de uno mismo; que mientras una mujer, paya o gitana, esté pariendo siempre habrá música. Y gracias a Dios, esto es patrimonio inmaterial de la humanidad; ¡qué visión tuvieron D. Antonio Chacón, Manuel Torre Zuloaga, Narciso Yepes, Lorca! Cuando ellos lo quisieron declarar patrimonio inmaterial de la humanidad, las instituciones lo declararon cante flamenco andaluz y tuvieron que hocicar cambiándolo a cante jondo andaluz; porque jondo es lo insondable, el misterio, lo que todavía no se ha descifrado. ¿Cómo se descifra el dolor, como se descifra la alegría?, esto no tiene pentagrama. Pero vende más la palabra flamenco porque es marketing.

-Ha invocado usted a Dios varias veces y en el disco hay referencias a Getsemaní, María Magdalena, ¿es usted religioso?

-Religioso no, soy creyente; porque la fe une y la religión separa. Y que cada cual conciba a su dios como quiera. Soy creyente sin imponerle nada a nadie. Si una persona cree en algo que le da tanta fe como para sanarlo, yo le digo olé a eso. Como decía Spinoza, que veía a dios en la creación; y esa forma de ver a Dios es la fe. Soy hombre de fe.

José de Los Camarones y Jorge Gómez
José de Los Camarones y Jorge Gómez / Roberto A.R

-Usted imparte talleres de flamenco a niños. ¿Qué les enseña en ellos?

-Los niños son maravillosos y yo me comporto como ellos, porque nunca fui niño, no me dio tiempo. Aprendo más de ellos que ellos de mí y como profesor de cante soy muy responsable, porque Dios es amor, pero también es orden. A los niños los hago cantar, los meto luego en el escenario, los escucho, y les inculco los valores que yo he aprendido de mis padres: respetar a mamá, a papá, a los profesores. Y luego cantamos por alegrías; ti ri ti tran tran tran tran, yo despacio y ellos le dan un poquito más de velocidad; y se ponen a bailar, y se revuelcan, y yo me revuelco con ellos; es mi gozo y mi anhelo. Enseñar a los niños es el legado que yo quiero dejar aquí; no como en la letra aquella de Juan Talega: ¿A quién le contaré yo las fatigas que estoy pasando?; se las voy a contar a la tierra cuando me estén enterrando. No, tío Juan, no; usted es un egoísta. Tengo que enseñar a los niños, dialogar, cantar, disfrutar.

-Hablando de ir despacio y meter velocidad; a mí siempre me ha parecido que los flamencos de siempre llevaban intrínseco el ritmo, que cantaban como hablaban. ¿Por qué ha variado tanto el ritmo de antes ahora? José, ¿una malagueña puede durar siete minutos…?

-Noooo. Una malagueña son dos minutos y pico. Hay que echar la asaura por la boca. Mire esta malagueña del Mellizo; niño, cronometra -le dice a Josema García Pelayo y marcando el compás con los nudillos sobre la mesa se arranca con la que me parece la malagueña más bonita del mundo porque es pa mí solo: Llamarme; serían las dos de la noche, ay, y vino mi hermano a llamarme. Levanta; levántate hermano mío, que se nos ha muerto nuestra mare y nos quedamos solitos- ¿Cuánto? Un minuto cincuenta. El Mellizo, Juan Talega, metían diez mil kilos en una caja de cerillas.

-¿Por qué se desnaturaliza así el flamenco?

-Por lo que le dije antes; porque es marketing, es el sistema y al sistema le gusta manipular todos los principios. El sistema quiere que los cantaores antiguos que vamos quedando nos muramos para seguir manipulando a esta generación. Por eso mi mensaje es ya lo que lego a los niños. Y cuando nos muramos los que quedamos, que yo voy ya para los 70 años, pondrán un museo internacional y a los que entren les dirán: este es el cuarto de Manuel Torre; cinco euros. Pero nosotros vamos a seguir luchando al menos para que quede ese legado, porque bastantes fatiguitas pasaron nuestros antepasados, pobrecitos míos. Hoy en día yo tengo tres trajes, camisas buenas, una cama; pero al lado de ellos no soy na. Ellos sí que eran auténticos en todas las clases de cante; unos fenómenos. ¿Y quién se acordaba de ellos? Nadie. Se acuerdan cuando llevan cien años muertos, con un marmolillo, una foto, ¿y cuando estaban vivos? Manuel Vallejo, segunda llave de oro del cante, se murió con mi edad ahí en la Alameda de Hércules, en un banquito. ¿Qué sistema social se hizo cargo de ellos? Esa es mi lucha.

"El flamenco me ha costado tres divorcios, así que imagine cómo está la cosa"

-Están saliendo en nuestra charla muchos grandes nombres del cante. ¿Quiénes son sus referentes?

-Muchos. Manuel Torre, D. Antonio Chacón, Juan Talega, Antonio Mairena, Fosforito, Chocolate, Agujetas, Tío Borrico, Bernardo el de los Lobitos, Juan Varea, El Sordera. En aquellos tiempos los cantaores cantaban un palo bien y el que le seguía no cantaba ese cante; ese es el respeto que había. Hoy, si tú has hecho un cante bien y lo has llevado arriba, el que te sigue dice: a ver si lo desnuco; y canta lo mismo. Ese respeto se ha perdido. Por eso yo en el escenario soy yo mismo. Y con humildad y respeto hago lo que puedo y ya habrá tiempos mejores en que lo haga más bien.

-Quizás todos esos son muy antiguos como para que haya compartido escenario con ellos, pero lo habrá hecho con grandes figuras…

-Con Camarón, Curro de Utrera, Fosforito, el Cabrero, Rafel Romero el Gallina, Lebrijano, Curro Malena, Fernando de la Morena, el Torta, Luis de la Pica, el Sordera, un sinfín de ellos. Y de todos he aprendido. Porque del tarro del perfume de la ciencia a mí se me permitió coger nada más un palillito, una gotita. Luego he tenido también mucho cuidado en analizar la etimología y la antropología de lo que canto. Por lo menos para enriquecerme yo. Y luego, si les puedo aportar también a los demás un poquito de mis conocimientos, pues olé otra vez; nada más.

-En el cante la tradición no se toca. Y basado en su estudio está lo que se ofrece en este momento concreto, lo contemporáneo…

-Cantá puro es de esmayaos (me interrumpe). Estamos cuatro locos que se nos van los días, los meses y los años escuchando cantar por soleá, por seguiriyas, por malagueñas, por tarantas, por vidalitas; a mí el flamenco me ha costado tres divorcios, así que imagine cómo está la cosa.

-El cante clásico no tiene que evolucionar, no hay que tocarlo; tiene que evolucionar el cantaó, el que se dedica al arte. Lo que se hace ahora es de este tiempo, no es tradición. Y no solo lo que hacen cantaores al uso, sino la vanguardia: La Tremendita, Perrate, Rocío Márquez. ¿Incluso Rosalía, o eso ya es pasarse?

-Rosalía es muy inteligente. Yo la he escuchado cantar por soleá, por seguiriyas y por malagueñas y lo hace bien; lo que pasa es que el hambre tiene mu mala cara y se ha asesorado por personas con mucha visión vanguardista. Pero ella hace unos cambios por soleá, por seguiriyas, que hay que saberlos meter. Es muy inteligente. Yo, como cantaó ortodoxo y ahora también vanguardista (risas), le doy su valor; es genial.

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