Arbol | crítica La estética del impresionismo musical

  • Miguel Marín inauguró la temporada de espectáculos del Teatro Central con la adaptación escénica de "Just another confused animal", el reciente disco editado con Arbol, su personal y singular proyecto musical

Miguel Marín, arrebatado Miguel Marín, arrebatado

Miguel Marín, arrebatado / José Ángel García

El Teatro Central comenzó su nueva temporada con la puesta en escena de Just another confused animal, el nuevo disco de Arbol, proyecto personal de Miguel Marín, que él mismo, junto a Javier Vila, convirtió en un espectáculo audiovisual con interacciones de danza y movimiento que llegó al corazón de todos los espectadores. Resultó imposible no dejarse hechizar por el encanto y la creatividad, por la manera de interpretar las canciones y de trasladarlas tanto a la pantalla del fondo del escenario como a los gestos y acciones del coro y las bailarinas, de un modo que resultó ser como una película a tiempo real basada en el disco.

En el reducido espacio a la izquierda del escenario fueron apareciendo fantasmalmente los músicos desde la oscuridad casi total a medida que iban sonando las notas de introducción de Only lovers; cuando la espectral voz de Miguel fue sustituida por un sutil tañido de platillos aparecieron cuatro figuras adustas que unieron sus voces a la suya para cantar Another winter y A fainted man, en la que Miguel perdió el protagonismo escénico cuando por el rincón opuesto del escenario apareció una figura andrógina, solamente identificada como femenina por los stilettos que calzaba, para pasearse, más que danzar, sensualmente y desaparecer mientras la música se apagaba y dejaba sonar los primeros aplausos de la noche.

Se inició un segundo acto con Amsterdam Hotel y una salmodia repetida por Miguel y quince voces que intensificaban la emoción hasta el estremecimiento. La interpretación de Between 5am and 6am sirvió para que las bailarinas aventasen sus brazos, sacudiesen sus cuerpos, mostrando el alzamiento y la derrota, el equilibrio entre la nostalgia de lo perdido y el asombro ante la permanencia de las cosas que reflejaron las canciones. Another winter together, con un largo desarrollo instrumental, y Theresa Saint, mantenida durante un espectacular desfile y alineación de todo el coro, marcaron el final, que el público aplaudió con algo cercano al éxtasis.

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