Motomami | Crítica

Las bulerías de Rosalía

  • En su tercera entrega, 'Motomami', la catalana se aleja de sus orígenes jondos aunque no los pierde por completo de vista

Rosalía en la presentación de su nuevo disco.

Rosalía en la presentación de su nuevo disco. / Javier Lizón/EFE

El tema Bulerías, cuarto del disco Motomami de Rosalía es, como su nombre muy bien señala, unas bulerías tradicionales, donde el soporte rítmico lo aportan las palmas que están en sordina. El tema transcurre en el modo flamenco cambiando hacia el final de la pieza a mayor, es decir, a lo que en el flamenco se llama bulerías de Cádiz. En concreto, la melodía de este cante es un tema tradicional popularizado por La Perla de Cádiz, que también cantó en su momento con gran éxito Camarón. Rosalía lo interpreta con una voz deliciosa, dulce, melosa, y plena de compás, como no podía ser de otra manera en alguien que se inició en el mundo de lo jondo profesional cantando para el baile. La letra la firma Rosalía y es autoreferencial: se reivindica como cantaora de flamenco y menciona a clásicos de este arte como Caracol, La Niña de los Peines o José Mercé mezclándola con otros referentes de otras músicas, del rap, del reguetón o de la música experimental. El crítico Carlos Marcos dijo que "es una lástima que la canción se llame Bulerías arrebatándole identidad a uno de los momentos cumbres del disco". Estoy totalmente de acuerdo con que es uno de los momentos cumbres del disco pero no sé a qué obedece el otro comentario: teniendo en cuenta que todo el sector del flamenco sabe que estas son unas bulerías de La Perla, lo que le arrebataría la identidad es que el tema se llamase de otra manera. Por supuesto que no: Rosalía es una mujer inteligente y sabe, es consciente, lo que es de la tradición jonda y lo que no. Por eso es el único tema del disco en el que aparece en los créditos la atribución "tradicional". Efectivamente, tradicional del flamenco. El tema, uno de los más emotivos y personales de un disco personalísimo, no podía llamarse de otra manera. Un conocimiento mínimo de la música de España faculta para conocer esta realidad. Y la letra ¿de verdad cita a la Niña Pastori, como han dicho casi todos los exégetas de Motomami, o se refiere a Pastora Pavón, Niña de los Peines? Creo que ya nunca lo sabremos. Bulerías podría haber formado parte sin desentonar de El mal querer, que era un disco que incluía elementos de la tradición flamenca procedentes de La Paquera de Jerez, Manuel Vallejo, Cagancho, etc. O en Los ángeles el debut discográfico de Rosalía. En La combi Versace aparecen palmas a ritmo de tangos, brevemente, para derivar en un ritmo reguetonero, con la colaboración de la dominicana Tokischa. Pero, efectivamente, este no es un disco mayoritariamente flamenco, como si lo eran las dos entregas anteriores de la cantaora. Es un disco que viaja de un estilo a otro en cada tema. A veces dentro del mismo tema. Con tres momentos de intimidad deliciosa: Hentai, una pura declaración de amor y de felicidad y de plenitud sexual. G3 N15 que es una canción de cuna para un niño crecidito, el único momento de esta obra en el que asoma la melancolía que tan excelentes resultados le dio a Rosalía en sus anteriores entregas. La melancolía, la lejanía, la soledad de la estrella, de la mujer aislada en Miami. Y Como un G, en la línea de desamor de El mal querer pero visto en la distancia, con la madurez que da el tiempo para los que saben aprovecharlo. Estos tres temas, con sus lujosas, oscuras y luminosas instrumentaciones, me recuerdan las canciones que compuso Joe Hisaishi para las películas de Hayao Miyazaki. Delirio de grandeza es un bolerazo clásico cantado sin excusas. Cuuuuuuuuuute se inicia como una descarga eléctronica para desembocar en un baladón sentimental.

Portada de 'Motomami' Portada de 'Motomami'

Portada de 'Motomami'

Rosalía Vila Tobela (San Cugat del Vallés, 1995) se inició musicalmente en el flamenco a través del Chiqui de la Línea, cantaor de la Escuela Superior de Música de Cataluña. En sus inicios profesionales cantó acompañada con los guitarristas Chicuelo y Alfredo Lagos y colaboró en escpectaculos de Rocío Márquez (El Niño) y en el de las bailaoras Úrsula y Tamara López y Leonor Leal titulado JRT, que se presentó en la Bienal de flamenco de Sevilla en 2016. Ese mismo año publicó su primer disco en solitario, Los ángeles con la guitarra eléctrica de Refree, que también se encargaba de la producción. Todos los temas de esta obra pertenecían a la tradición de lo jondo: seguiriyas, cabal de Silverio, malagueñas del Mellizo y la Trini, tangos de Vallejo, tientos, guajira de Marchena, milonga de Escacena, saeta de Manuel Torre, etc. Lo novedoso de álbum, a pesar de este perfil tradicional en las composiciones, es la voz dulce, íntima, delicada, casi infantil, de Rosalía, y el acompañamiento a la guitarra eléctrica de un guitarrista que desconoce la tradición de acompañamiento flamenco y se inventa una nueva. Su segunda obra vino en 2018 y ahí se dio a conocer al gran público. Se llamó El mal querer y también venía con un ramillete de estilos flamencos clásicos: bulerías de La Paquera, pregones de Macandé, tangos del Sacromonte, nana de Bernardo el de los Lobitos, fandangos de Huelva y de Vallejo. Eso sí, con un ropaje instrumental intrincado y delicioso que incluía guiños y en algunos casos excursiones completas a otras formas de música de hoy.

Una anécdota: con su primer disco terminado, es decir, producido, grabado y con el diseño de la portada, se acercó a Universal que le dijo que sí, que publicaba el disco, pero lo hizo en la serie pequeña, es decir, sin promoción ni distribución. Con El mal querer ya terminado, es decir, producido, grabado y con la portada lista, se acercó de nuevo a Universal y le dijeron que esta vez ya no estaban interesados. El/la que se lo dijo, aún debe de estar dándose chocazos con las paredes.

¿Ha abandonado definitivamente Rosalía el flamenco? Estamos seguros de que no y estas Bulerías que comentamos hoy nos hacen mantener la esperanza de que una artista tan inquieta, que tanto tiene que decir todavía en el mundo de la música, vaya a seguir revolucionando el mundo de lo jondo. Otra cosa es que por ahí, en el reguetón o el rap, le den más cariño que el que le han propiciado algunos de sus colegas del flamenco. Y es que uno no puede vivir donde lo tratan a patadas. A pesar de que en el campo de lo jondo también tiene admiradores (y amigos), pocos se atreven a confesarlo, por los enconadas reacciones que la sola mención de su nombre genera. Estamos presos, en ese sentido, de una, o unas, tupidas, y hasta estúpidas, redes.

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