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Nocturama | crítica

La noche más dulce

  • La noche del jueves, primera del festival Nocturama, estuvo llena de dulzura y eclecticismo con las interpretaciones de Luisa Sobral, María Yfeu y Rocío Guzmán

Luisa Sobral

Luisa Sobral / Óscar Romero

La primera noche del festival Nocturama nos trajo también las primeras brisas frescas, y no solo en lo que se refiere al agradable airecito que corrió de vez en cuando en los jardines del Casino de la Exposición donde se celebra, sino también en lo que se refiere a la música que escuchamos. De las tres artistas que participaron la más esperada sin duda era Luisa Sobral, que aunque tiene razones de sobra para ser considerada una estrella por sí misma, aquí es conocida sobre todo por ser la hermana del cantante portugués que ganó en Eurovisión; y además lo hizo con una canción compuesta por ella, Amar pelos dois, de la que, como no podía ser de otra forma, recuperó aquí unas estrofas cuando despedía el concierto.

Creo que no me equivoco demasiado si digo que de la hora exacta que estuvo Luisa Sobral en el escenario, una cuarta parte del tiempo se la pasó charlando; así nos enteramos de que esta era la segunda vez que venía a Sevilla, aunque la primera fue para un acto formal en el consulado de Portugal; que es vegana y sus principales alimentos son la tortilla de patatas y las patatas bravas; que ha sido madre ya por tres veces y siempre ha compuesto canciones para sus retoños, una de las cuales es Benjamín, que también cantó aquí, y que ya tenía terminada para su futuro hijo cuando se enteró por casualidad, tras un error de su doctora, de que lo que esperaba era una niña; o que su madre estaba muy preocupada por su salud mental cuando comenzó su carrera porque todas sus canciones eran tristes; de hecho ella misma nos dijo que en toda su discografía solo hay tres canciones alegres y las interpretó esta noche salteando un repertorio compuesto por piezas de toda ella, comenzando con Nadia, la canción en la que habla de una refugiada, con la que comienza su último disco, Rosa, a la que siguió la que dedicó a la hija que daba nombre a ese disco, una bellísima Querida Rosa.

Tras una tercera canción todavía de las últimas, María do mar, dio un enorme salto hacia atrás para cantar Why should I?, la primera que escribió cuando ya encontró su identidad musical, estudiando en los Estados Unidos. Esta es una de las tres canciones felices a las que se refirió, siendo las otras O engraxador y la que puso el punto final, Xico, el equivalente portugués a nuestro apelativo de Paco, el nombre del personaje que se la inspiró, con el que tuvo una mala experiencia que da la razón al dicho que tienen allí sobre que “de España ni buen viento ni buen casamiento”.

En su actuación Sobral se acompañó solamente de la guitarra de Manel Rocha, a su vez también compositor y cantante, de lo que tuvimos buena muestra cuando ella interpretó Soldados de inverno, una de las canciones del próximo disco de Manel, o cuando este la acompañó en Só um beijo, una canción para dos voces que ella suele cantar con su hermano Salvador.

No solo se paseó por su discografía oficial, sino que también recuperó Para ti, una canción que solo se encuentra en YouTube, de cuando estaba embarazada de su primer hijo, con un video en el que muestra el progreso de crecimiento de su barriga, aunque anoche se la dedicó a su hija más pequeña, de la que nos contó en otra de sus largas parrafadas, que precisamente esa mañana había comenzado a dar sus primeros pasos. También estrenó dos canciones; muy buenas ambas, que me hacen pensar que durante el confinamiento ha estado escuchando mucha música americana, porque la primera de ellas tenía unos acordes muy parecidos a los de The sounds of silence y la segunda parecía extraída del Harvest de Neil Young, aunque cantada en portugués. No dijo sus títulos, pero por lo que pude entender de las letras seguramente serán María feliz y Quero murar una canção.

Luisa Sobral ofreció un concierto cautivador, en el que los aires de jazz que esperábamos fueron sustituidos por un ambiente íntimo y bello, marcado por su sensibilidad y por un carisma de andar por casa que muchas veces resultaba conmovedor y siempre divertido. La música portuguesa va más allá del fado.

Rocío Guzmán Rocío Guzmán

Rocío Guzmán / Óscar Romero

La noche la abrió Rocío Guzmán, acompañada por Manu Prieto, que apoyaba la maravillosa voz de ella con unas bases musicales a menudo extremas, como la de El verano, la segunda de las canciones que Rocío interpretó, con un tratamiento sombrío y átono que le proporcionó una belleza oscura, que contrastaba con la Rumbita del tarareo del inicio. Estas dos piezas forman parte de Sonada, el disco en el que se basó el concierto, interpretado en su totalidad junto a dos canciones ajenas a él, la petenera Remediaora, con la que se despidió, que aunque ella dijo que carecía de sentido rítmico, en realidad era una muestra de cómo Rocío conoce las raíces de nuestra música y es capaz de volcar ese conocimiento en sus interpretaciones. Y no solo cuando lo hace en forma de flamenco hondo, como en este caso, sino también como en el de la otra canción nueva, Tuc tuc, que fue un paradigma de los tarareos, cantos de lamento, susurros, que empleó a fondo en Oh he sufrido o en Cal viva, el tema central del disco, en el que Rocío rinde homenaje a las voces que trascienden su tierra, Jaen y toda Andalucía, recreadas de forma iconoclasta, jugando con la cadencia musical en la misma forma en la que los pintores abstractos lo hacían con la realidad en sus obras. Tras ella, puso un perturbador fondo musical para que la voz de Rocío levitase por encima, de tal forma que nos resultó un alivio la interpretación posterior de Chandal con la voz ahora por todas partes, transfigurada, libre de su prisión existencial. Rocío nos habló de cómo algunas de sus canciones son reflejo de un mundo interior y de cómo las usa para pasar de la alegría a la pena; pero sus interpretaciones de esta noche, aunque fueron a ratos tristes, siempre resultaron enormemente penetrantes.

María Yfeu, aunque comenzó su concierto con su canción de más éxito, Let It Grow (Up), lo basó prácticamente entero en las más desconocidas que componen el disco que editará en enero, congratulándose al final por el buen recibimiento que les dimos, a pesar de que nunca las habíamos escuchado, más allá de las dos que ha ido mostrando hasta ahora a modo de presentación, Someday, la segunda de las que interpretó esta noche, y Lust and love. Canciones nuevas, en castellano –Media luz o Todo el mundo- y en inglés –las antes mencionadas- que la apartaron de la sombra, algo pegajosa ya, de Amy Winehouse, para presentárnosla como la cantante de maravilloso eclecticismo que es, llena de matices que van desde Billie Holiday hasta Gabinete Caligari, a los que recordó apropiándose de su Cuatro rosas para convertirla en una obra maestra de escalofriante intimismo, haciéndola a solas, como anteriormente hizo Loyalty,  con Julio Martín, el pianista de su banda, que se completaba con Sergio Fernández al bajo, Mario Carrión a la batería y Lucas de Mulder a una guitarra de altos vuelos, sobre todo cuando se enredaba en uno de sus geniales solos; cuatro músicos muy lúcidos que tuvieron también momentos de gloria juntos alargando dos de las canciones con finales instrumentales plenos de maestría. Grudges y Cant’t be the other fueron las canciones que cerraron un concierto que fue una delicia absoluta, tan dulce como el soul que derramó la voz de María.

María Yfeu María Yfeu

María Yfeu / Óscar Romero

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