arte y tecnología

Nueva York con los ojos de Mondrian

  • El Thyssen-Bornemisza desembarca en la Universidad de Sevilla de la mano de Endesa con un proyecto de realidad virtual que propone un viaje tridimensional por tres de sus obras maestras

Vivir dentro de un campo de trigo pintado por Van Gogh al final de su vida, oyendo el silbido del viento y el canto de los grillos, será posible esta semana en la capital andaluza. El Rectorado de la Universidad de Sevilla acogerá, de miércoles a viernes, un ambicioso programa que une arte y realidad virtual: Entrar en el cuadro, impulsado por el Thyssen-Bornemisza y Endesa. Este viaje tridimensional, que dura aproximadamente cinco minutos, es gratuito para el público y ya puede solicitarse la reserva de entrada en la web www.entrarenelcuadro.com aunque el visitante también podrá apuntarse en los horarios de la actividad -de 10:00 a 20:00 sin interrupción- en la antigua Fábrica de Tabacos, accediendo por la calle San Fernando.

Para Evelio Acevedo, director gerente del Museo Thyssen-Bornemisza, el proyecto Entrar en el cuadro pretende "no sólo ofrecer al visitante una percepción distinta de algunos de los cuadros más importantes de esta pinacoteca nacional, cuya colección compró el Estado en 1993, sino también llamar la atención de nuevos públicos que aún no conocen los fondos que atesoramos, que son además únicos en España en lo que respecta a los movimientos pictóricos que surgieron en los siglos XIX y XX -impresionismo, expresionismo, vanguardias rusas... que apenas están en el Reina Sofía-, y en cuanto a la pintura germánica y holandesa del XVII, que no abunda tampoco en las colecciones del Prado".

La iniciativa, en la que colaboran el Instituto Europeo del Diseño y la empresa estadounidense de tecnología Hewlett-Packard (HP), nació hace dos años, cuando Endesa y el Thyssen suscribieron un convenio para poner en marcha acciones que contribuyeran al desarrollo cultural de la sociedad española. Entrar en el cuadro, estrenado en Madrid el año pasado, llega por primera vez a otra ciudad española, en este caso Sevilla, y se pretende que recale a lo largo de 2019 en otras cinco capitales.

"Decidimos elegir tres cuadros diferentes, tanto por su época como por su contenido, para que la percepción fuera muy distinta", continúa Acevedo. La experiencia arranca con Les Vessenots en Auvers (1890) de Vincent van Gogh, una de las joyas del Thyssen-Bornemisza. Para realizar la inmersión al visitante se le da un equipo que consiste en unas gafas especiales de realidad virtual pegadas a unos cascos. Todo ello va ligado a una mochila-ordenador que lo conecta con la tecnología del espacio donde se realiza la inmersión, un pequeño pabellón que se asemeja a un iglú o a una celda de abejas.

"Una vez te colocas todo ese complejo equipo tecnológico", explica Acevedo, "verás en primer lugar el cuadro de Van Gogh como si estuvieras en la sala del museo pero luego, conforme te vas metiendo dentro y te giras, vas entrando en el cuadro y en la naturaleza, percibiendo sensaciones muy diferentes, que es lo que ofrece el espacio del iglú: mientras te mueves por el paisaje vivirás la experiencia del viento que te da en la cara, escuchas los ruidos de pájaros y grillos, sientes la hierba a tus pies... Es como si estuvieras dentro del cuadro. Está hecho de un modo muy concienzudo y la propia HP ha pedido estos trabajos desde la central de EEUU porque es lo mejor que han hecho hasta ahora en materia de realidad virtual".

El siguiente lienzo es una visión de la ciudad de Nueva York retratada en 1941 por Piet Mondrian. Cambian los sonidos y el espectador aterriza de modo vertiginoso en la implacable geometría de Mondrian, el artista holandés que se refugió en los Estados Unidos huyendo de los nazis. New York City III es el título de la obra con franjas de colores horizontes y verticales en la que podremos introducirnos. "Por un lado ves Manhattan abajo, como si fuera un mapa, pero también se te da la opción de integrarte en la verticalidad del cuadro, como si estuvieras en un ascensor subiendo por un rascacielos", detalla Acevedo. "Es una experiencia muy interesante y potente, hay gente incluso que se marea. Y al avanzar es como si te movieras por el mapa de la metrópolis, de modo que si te acercas a Harlem oyes música de jazz, y si te diriges a Chinatown escuchas música china... Es una experiencia muy absorbente e inmersiva, vives el cuadro a través de todos los sentidos, no sólo de la vista, y nunca faltan el claxon de los taxis y el rumor de la gente".

La tercera y última inmersión que se propone es algo más serena. El espectador conocerá desde dentro el bodegón titulado Vaso chino con flores, conchas e insectos (1628) de Balthasar van der Ast. Los elementos del lienzo, como pétalos y semillas, vuelan hasta ir completando esta naturaleza muerta aunque un abejorro quiere acercarse a las flores incordiando para ello al visitante.

"En Madrid, donde debutó, esta experiencia fue un éxito y no dudamos de que ocurrirá lo mismo en Sevilla. Tanto a Endesa como al Thyssen nos interesaba", prosigue el gerente, "promover la cultura a través de la tecnología y la innovación científica. La cultura mejora la calidad de vida de la gente, su conocimiento y su formación. Con Entrar en el cuadro se logra desde el disfrute, porque un museo es un sitio donde todos los públicos pueden pasarlo muy bien a la vez que aprenden".

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