Crítica de Cine

Poética de payasito triste de Lladró

Fotograma de la cinta dirigida por Guillermo del Toro que opta a trece Oscar de la Academia de Hollywood. Fotograma de la cinta dirigida por Guillermo del Toro que opta a trece Oscar de la Academia de Hollywood.

Fotograma de la cinta dirigida por Guillermo del Toro que opta a trece Oscar de la Academia de Hollywood. / d. s.

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Estupendo el diseño de producción de Paul D. Austerberry y la dirección fotográfica de Dan Lausten. Interesante -pese a que se acumulen cursilerías poéticas que me han recordado una Amelie empeorada- el planteamiento argumental y la primera hora de las dos que dura. En un mundo feérico fuertemente irrealizado en lo bueno (la vivienda que la protagonista comparte con un anciano ilustrador publicitario que puede recordar a Norman Rockwell, situada sobre un viejo cine en el que siempre se proyecta La historia de Ruth de Henry Koster) y en lo malo (las subterráneas y siniestras instalaciones secretas del Gobierno durante la Guerra Fría) una limpiadora muda se enamora de un ser anfibio (versión dulcificada y bastante amanerada de la criatura de La mujer y el monstruo de Jack Arnold, fundido con otras criaturas del universo Del Toro) capturado en el Amazonas y recluido en las instalaciones subterráneas para someterlo a crueles experimentos.

La exposición de la trama, pese a sus cursilerías y su grosero maniqueísmo (los malos son blancos heterosexuales -salvo un espía soviético- y los buenos son el pintor gay, la chica muda, su amiga afroamericana y el monstruo) mantiene el interés. Es una variación interesante sobre el tema de la bella y la bestia, tiene esa poesía fácil del amor entre los desdichados, tan de lágrima de Arlequín o de payasito triste de Lladró, apoyada por la pegajosa música del camaleónico Alexandre Desplat (aquí haciendo de Yann Tiersen), buenas interpretaciones (sobre todo de los secundarios Richard Jenkins y Octavia Spencer, porque Sally Hawkins sobreactúa y Michael Shannon está condenado a un personaje de cartón piedra) y los ya referidos buenos trabajos del diseñador de producción y el director de fotografía.

La música pegajosa del camaleónico Alexandre Desplat imita en esta ocasión a Yann Tiersen

Pero cuando en la segunda parte las historias de amor, rescate y persecución se intensifican la película entra en una zona tan disparatada como aburrida que requeriría genio, no talento, para sortear los escollos de lo inverosímil e incluso lo grotesco. Y Guillermo del Toro tiene talento, pero no genio. No logra hacer creíble lo increíble ni emocionante lo extravagante dentro de los parámetros de una historia de fantasía poética. E incurre en lo grotesco cuando hace cabriolas líricas como el baile de la chica y la criatura en una reproducción del decorado del Let's Face the Music and Dance de Siguiendo la flota, haciendo ella de Ginger Rogers y el anfibio de Fred Astaire. Las muchas citas cinéfilas -además de La mujer y el monstruo, La historia de Ruth y Siguiendo la flota se ven fragmentos de películas de Alice Faye, Shirley Temple o Carmen Miranda- aportan entrañable simpatía y complicidad pero no bastan para crear complicidad.

Supongo que se trata de una de esas propuestas en las que se entra o no. Yo no he entrado, a diferencia de casi todos mis colegas, de los señores académicos que la han nominado a trece Oscar, del jurado del Festival de Venecia que le dio el León de Oro o de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood que le concedió el Globo de Oro a la mejor dirección. El rey me ha parecido, si no desnudo, sí con poca y mala ropa. Y así lo cuento.

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