Rafael Manzano, un clásico de la arquitectura

Obtuvo el Premio Shiller de Restauración de Monumentos 1980

El catedrático emérito de la Universidad de Sevilla recibe hoy la Medalla de Honor de la Academia de Bellas Artes de Granada

El catedrático Rafael Manzano (Cádiz, 1936) fue conservador de los Reales Alcázares de Sevilla.
Rafael Manzano (Cádiz, 1936) fue conservador de los Reales Alcázares de Sevilla. / Lourdes De Vicente
Belén Rico

14 de junio 2019 - 06:02

Granada/Rafael Manzano (Cádiz, 1936) es un clásico de la arquitectura contemporánea, aunque su afabilidad y simpatía chocan con esta condición. En un receso en la deliberación del premio que lleva su nombre, dotado con 50.000 euros, habla con este medio sobre la concesión de la Medalla de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, que recogerá esta tarde en el Palacio de Carlos V.

Manzano agradece la distinción, cuya entrega considera "muy emocionante" porque la concede "un grupo de amigos muy querido", pero bromea sobre sus propios méritos. "La medallas son honores tardíos, algo de viejos porque se dan casi en la ancianidad".

A sus 83 años sigue al pie del cañón y mañana participa en un acto de conmemoración de las bodas de plata de la Escuela de Arquitectura de Granada, de la que también fue profesor. "Hay que viajar de Granada a Sevilla por la mañana y volver por la tarde. Si se viaja de Sevilla a Granada por la mañana y se vuelve por la noche se lleva siempre el sol de frente. Era duro pero me compensaba".

"Como Falla, yo me enamoré de Granada. Primero me enamoré de una mujer de Alhama y a través de ella me enamoré después de la ciudad", rememora sobre los orígenes de su matrimonio con Concepción Pérez Montes, ya fallecida y del que nacieron dos hijos, Julia y Miguel Ángel. Dice que en la ciudad de la Alhambra -de la que fue vocal del Patronato "hace muchos años"- tuvo muy buenos maestros, como Torres Balbás o Gómez Moreno. Pero, sobre todo, numerosos discípulos, "que al final son de los que más aprendes". Entre ellos destaca el arquitecto Carlos Sánchez, uno de los máximos exponentes de la restauración en Granada pero del que subraya con frecuencia en la conversación "su gracia". "Él los aglutina a todos, pero eran muchos. Por ejemplo, también estaba Monserrat Castelló, que fue mi ayudante en la enseñanza y ahora también es profesora de la Escuela de Arquitectura".

Sánchez, que además de su discípulo es amigo y ahora también anfitrión, será el encargado de ofrecer un discurso en el acto de concesión de la Medalla donde citará la historia de los Abencerrajes. Pero en la entrega de esa distinción no sólo está el cariño de un grupo de amigos, también el reconocimiento a una trayectoria dedicada, como reza en los premios que el mecenas estadounidense Richard H. Driehaus le dedicó, "a la nueva arquitectura tradicional". "Estos premios intentan cubrir un vacío. No tenemos nada en contra de la arquitectura de tendencias actuales pero queríamos reconocer esa otra forma de ver la arquitectura que intenta no rivalizar en prestancia con las construcciones del pasado sino que intenta coordinarse con ellas", dice el catedrático emérito de la Escuela Superior de la Universidad de Sevilla.

Manzano ha dedicado su vida al estudio del clasicismo, tanto en Occidente como en el mundo islámico, en su actividad académica y también restaurando múltiples monumentos en España. Y, además, realizando una arquitectura que, dentro de la modernidad, no ha renunciado nunca a los valores del legado clásico.

Como defensor de estos valores, Rafael Manzano Martos fue ganador del octavo Premio Richard H. Driehaus de Arquitectura Clásica, concedido en los Estados Unidos en el año 2010. Coincidiendo con la entrega del galardón, Richard H. Driehaus anunció la creación de un nuevo premio en defensa del patrimonio urbanístico español y de las tradiciones arquitectónicas españolas que más tarde se extendería también de las portuguesas.

Además de su faceta docente en la Escuela de Arquitectura de Sevilla, de la que llegó a ser decano, Manzano estuvo a cargo de la conservación de los Reales Alcázares de Sevilla desde 1971 a 1981. Y aunque él destaca sobre todo su vinculación sentimental con Granada, presidió la comisión de obras del Patronato de la Alhambra y el Generalife de 1971 a 1981 (Premio Shiller de Restauración de Monumentos en el año 1980). Además ejerció el cargo de Director-Conservador de la antigua ciudad califal de Medina Azahara desde 1975 hasta 1985.

Además de la de Granada, es miembro de numerosas instituciones académicas españolas entre las que destacan la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y las Reales Academias de la Historia y de Bellas Artes de Granada, Córdoba, Cádiz, Málaga, Écija, Toledo y La Coruña, y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Unas instituciones que sirven para el enriquecimiento de sus miembros porque afirma que "aprenden de sus compañeros", pero también de las ciudades que los acogen, porque se debaten cuestiones que afectan a su arquitectura. Aunque, con el humor que le caracteriza, ironiza: "El debate siempre es bueno. Aunque, al final, casi nunca se hace según mi opinión".

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