Israel Galván | Bailaor y coreógrafo

"Antes de actuar en el circo ya me llamaban payaso"

  • El sevillano regresa al Central junto a varios gatos, su hermana Pastora, Emilio Caracafé y la familia Romanès para recrear la magia del circo gitano

Israel Galván con la familia Romanès. Israel Galván con la familia Romanès.

Israel Galván con la familia Romanès.

El último circo romaní de París le ha servido a Israel Galván para volver a homenajear a su pueblo -protagonista de su dramática y premiada obra Lo real sobre el Holocausto gitano- pero ahora desde el lado del humor y la improvisación. Su incursión entre trapecistas, acróbatas y payasos, bajo la carpa, se llama Gatomaquia y tiene este viernes a las 21:00 su estreno nacional en el Teatro Central de la mano de la Bienal.

-¿Cómo surgió la idea de bailar en el circo y con cuatro gatos?

-Esta obra nació para bailar sin música, yo solo, en una carpa del circo Romanès y con la coproducción del Thêatre de la Ville de París, del que soy artista asociado. Pero mientras ensayaba vi que los gatos -allí hay muchos- se me quedaban mirando y empezaron a ser mi cuerpo de baile, y me gustó bailar para ellos y todo eso sumado a la energía del circo, que me pone de otra manera, dio como resultado Gatomaquia. Pero los gatos están libres así que veremos a ver, si no vienen, no vienen. Gatomaquia habla del espíritu y la tensión del animal. A mí no me gustaban los gatos pero esta obra me ha servido para acercarme a ellos y perderles el miedo. Y el hecho de estar inmerso en la vida de un circo familiar también ha cambiado mi forma de bailar. Es curioso: recuerdo que cuando bailaba de chico en los tablaos junto a mi padre para un público adulto, de noche, me decían que yo parecía un viejo y me tiraban dinero; ahora, en cambio, los niños que vienen al circo se ríen de mí. Y lo curioso es que las dos cosas me parecen ahora bonitas.

-¿Qué relación encuentra entre la carpa del circo y la arena de la Maestranza, donde inauguró la pasada Bienal, en ambos casos bailando en 360 grados?

-Son energías distintas pero estás ante un rito en ambos casos, en el circo y en la lidia. El tener la energía de la gente tan cerca te cambia el modo de bailar... Sin embargo, en la plaza de toros sentí que tenía que tener los pies bien clavados al suelo y el circo, en cambio, te pide estar más por el aire. Eso sí, a mí me han llamado payaso y acróbata antes de actuar en un circo, me decían 'eso no es flamenco, es acrobacia', así que ya me da igual. Yo soy como soy y voy a mi aire.

-¿Cómo es la música que baila en esta propuesta?

-Me gusta tener doble personalidad: ser bailaor pero también crear sonidos con mis pies, con mi cuerpo. Aquí están por supuesto los sonidos del circo clásico, los de siempre, que tenía ganas de bailar, pero además de la guitarra de Emilio Caracafé a mí me gusta estar aquí también como músico, al igual que ocurrió con la versión para dos pianos de La consagración de la primavera que estrenamos en Vidy (Suiza).

Israel Galván (Sevilla, 1973) interactuando con los gatos. Israel Galván (Sevilla, 1973) interactuando con los gatos.

Israel Galván (Sevilla, 1973) interactuando con los gatos.

-¿Y qué papel juega en este espectáculo su hermana Pastora?

-Ella es un animal de escenario así que se siente muy cómoda en esta propuesta asumiendo el rol del caballo blanco.

-¿Qué emociones suscitó esta obra en su estreno en París y cómo ha afectado la pandemia a su modo de bailar?

-La obra se vio en Francia antes y después del estado de alarma. Gatomaquia es algo nuevo: no un espectáculo para aficionados al flamenco sino uno que te mete de lleno en el espíritu del circo gitano. En París venían muchos niños a verlo y tenías que darles lo que te pedían: acrobacias, payasos... Y sí, la pandemia ha cambiado las cosas porque aunque estamos separados por las mascarillas hay una necesidad de estar más unidos. Igual antes estabas más pendiente de la crítica, de gustar, de ver cómo bailabas, y ahora no, ahora piensas que es una suerte poder bailar y comunicar, estar frente al público.

"Antes de la pandemia estabas más pendiente de la crítica, de gustar. Ahora piensas que es una suerte poder bailar frente al público"

-¿Qué supone regresar regularmente a la Bienal?

-Con regularidad no, yo soy fijo. Vengo a todas. Desde que me gané el Giraldillo no he faltado nunca porque representa para mí un termómetro, en la Bienal se respira otro atmósfera y me gusta la idea de ser un bailaor nuevo en cada edición. La anterior la inauguré actuando en la Maestranza y aquí vengo un montaje muy grande, de envergadura, junto a la familia Romanès.

-Su asociación con el Niño de Elche en Arena marcó la pasada Bienal. ¿No ha querido Paco sumar su voz a Gatomaquia?

-Estamos los dos ultimando mi próximo estreno, que será el 7 de octubre en el Teatro de Vidy. Estaremos Niño de Elche y yo solos en Lausana, él con su carganta y yo bailando, y se llama Mellizos dobles porque los dos tenemos doble personalidad: juntos somos cuatro.

-¿Le han enseñado los gatos a bailar de un modo más felino?

-Yo nunca había tocado un gato y ahora he conectado un poco con ellos, les he perdido el miedo. Pero de ellos me gusta justo lo contrario: el gato cuando no hace nada, cuando está quieto en el mismo sitio y, si le molesta algo, no dice nada, simplemente se va.  

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