david felipe arranz | periodista y escritor

"Una buena adaptación trae a la memoria muchos otros libros"

  • El autor de 'Escrito al raso' regresa a las librerías con el ensayo 'Héroes y villanos en el cine' que publica Pigmalión

David Felipe Arranz (Valladolid, 1975). David Felipe Arranz (Valladolid, 1975).

David Felipe Arranz (Valladolid, 1975). / Miguel Garrote

David Felipe Arranz (Valladolid, 1975), filólogo, periodista y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, acaba de publicar Héroes y villanos en el cine: de Shakespeare a Indiana Jones (Pigmalión), donde trae al primer plano las relaciones entre el cine y la literatura. El ensayo reúne toda una galería de personajes a caballo entre el idealismo romántico y la perversión criminal -asesinos, seductores, aventureros y damas en peligro- y de gran atractivo, "independientemente de su adscripción ética", aclara con humor.

-Este libro es en cierta medida un catálogo de las pasiones cinéfilas de su autor. ¿Cuál sería su película favorita en este siglo XXI?

-La gran belleza (2013), de Paolo Sorrentino, porque habla del naufragio emocional y silencioso del periodista cultural, que es el de todos los que amamos esta profesión.

-¿Por qué son tan intensas las relaciones entre cine y literatura?

-Ambos son el resultado del arte de contar historias. Y entre la narrativa y el cinematógrafo hay un paso intermedio, que es el teatro. Eso lo recoge a la perfección Kenneth Branagh en el prodigioso prólogo shakespeariano de su Enrique V (1989), a cargo del coro (Derek Jacobi). "¡Un reino por teatro! ¡Príncipes como actores! ¡Y monarcas para contemplar la escena sublime!". Ese es el oro de la ficción, el tejido sutil de las obras maestras: sentir y vivir lo que viven los personajes.

-¿Cuál es la mejor adaptación literaria al cine que ha visto?

-El nombre de la rosa (1986), de Jean-Jacques Annaud. Las buenas adaptaciones literarias tienen la capacidad de traer a la memoria no sólo la lectura de la obra original, sino muchos otros libros; tal es el caso de esta película.

-¿Cómo decidió la selección de las obras incluidas en el libro?

-Por gusto personal y por la relación del guión con la obra literaria o con una saga de personajes muy definida.

-¿Qué relación establece entre política y cine?

-Toda. No sólo por la presencia de líderes y movimientos políticos en los argumentos de obras maestras como El político, de Robert Rossen, El candidato, de Michael Ritchie, o esa otra obra maestra del thriller político que es Los idus de marzo, de George Clooney… sino en la impregnación de las políticas cinematográficas en muchos largometrajes. Además, el cine es revisionista de ideologías, como en Tal como éramos, de Sydney Pollack, y su disimulada continuación de Pacto de silencio, ambas con el mismo protagonista, Robert Redford, un activista extremo de los años 70 que se ha aburguesado en el siglo XXI.

-Aparte de Bergman, Rosellini, Cocteau y Rohmer, a los que dedica notables páginas, ¿qué otros directores han logrado aunar con éxito la poesía y el cine?

-Muchos como Alain Resnais en El año pasado en Marienbad y en Providence; Michael Powell y Emeric Pressburger en la lírica Narciso negro, con el arrebato sensual de unas monjas sometidas a las fuerzas telúricas del primitivismo nativo. O el mencionado Powell en Luna de miel (1959).

-En el libro destaca esta cita de Sartre: "Todo hombre lleva el infierno consigo". ¿Cómo recoge esa máxima el cine?

-Lo inesperado precipita la peripecia en la ficción y, en ese sentido, la lucha del bien y del mal da como resultado que los personajes se sitúen a uno u otro lado de los criterios éticos. En Accidente, de Joseph Losey y Harold Pinter, Losey va descubriendo sutilmente las entretelas de ese conflicto de tensión sexual acumulada entre la joven austriaca Anna y el profesor universitario de Oxford, Stephen. El director se sirve de la imaginación y el juego de miradas para retratar el caos de las vidas de los personajes, el infierno que atraviesan mientras viven sin consumar esa atracción.

-Como filólogo se siente en deuda con Los Hermanos Karamazov de Dostoievski. ¿Cuáles son sus otros libros predilectos?

-Sin duda El Quijote, por lo que supone de quiebra de los ideales neoplatónicos, el fin de una era que había encontrado su máxima expresión en el ideal caballeresco. Releo a Casanova o a Montaigne. También me gusta esa frontera en la que se desdibujan los límites entre el periodismo y la literatura que exploraron en sus libros Larra, Kenneth Fearing, Truman Capote, Tom Wolfe o Francisco Umbral, que creo insuperable.

-¿Y con qué miradas de cineastas se quedaría?

-John Huston o Sidney Lumet, por ejemplo, son mis predilectos por su estilo melancólico y su lírica de la derrota, en filmes maravillosos como La ofensa, El tesoro de Sierra Madre, Los muertos, o Llamada para un muerto, basada en la novela de John Le Carré. Más allá, mi pasión por el cine está muy en deuda con Madrid (1987), de Basilio Martín Patino, El hombre que pudo reinar (1975) de John Huston, Vivir su vida (1962), de Jean-Luc Godard, y La mujer de la arena (1964), de Hiroshi Teshigahara.

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