La sal | Crítica de arte Fragilidad y potencia de la sal

  • La serie de Carmen Laffón dedicada a las salinas de Bonanza es una honda muestra del íntimo y hondo vínculo que une a la sevillana con Sanlúcar y Doñana

Una de las obras de Carmen Laffón. Una de las obras de Carmen Laffón.

Una de las obras de Carmen Laffón. / D. S.

Hasta el 28 de febrero se puede visitar en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo la muestra La sal de Carmen Laffón, una de las tres exposiciones que la ciudad de Sevilla dedica a la pintora. La sal reúne 37 piezas realizadas entre 2017 y 2020 dedicadas a las salinas de Bonanza. Un lugar repleto de montañas de sal blanca en Sanlúcar de Barrameda, municipio asentado al margen izquierdo del río Guadalquivir y enfrente del Parque Nacional de Doñana. La atención de la artista a los valores plásticos de este territorio transformado por el hombre da como resultado una serie de piezas divididas en tres formatos: pintura, dibujo y bajorrelieves. En ellas encontramos representaciones de este paisaje que apuntan hacia una poética del fragmento: icebergs como partes de una totalidad oculta a la mirada, un espacio que como en la historia de la cercana La Algaida, se fusionan la historia y el mito.

Las cuatro salas del CAAC donde se distribuyen las obras nos muestran diferentes facetas de este territorio. En la primera sala podemos encontrar tres piezas (témpera, óleo y carbón sobre madera) de gran formato en tonos grisáceos casi monocromos, con breves apuntes de color en la vegetación del primer plano. En ellas se recorta la potente silueta de la montaña salina de un color blanco intenso y muy definido, en un cielo de tonos más rebajados. En la segunda sala se recoge el tríptico (Caño 1-2-3) en el que se plasman los canales y los caminos colindantes a las montañas de sal. Estas tres obras dan la nota de color y luz a la exposición, predominando los azules (del cielo y del agua) y el amarillo (de los campos que delimitan los senderos). Las líneas de fuga de canales y caminos amplían las generosas perspectivas y dan profundidad al encuentro con los celajes. En la sala colindante se exponen los ocho delicados bajorrelieves en escayola pintada.

Otra de las piezas de la serie dedicada a las salinas de Sanlúcar. Otra de las piezas de la serie dedicada a las salinas de Sanlúcar.

Otra de las piezas de la serie dedicada a las salinas de Sanlúcar. / D. S.

De ahí pasamos a una gran sala –quizá la más interesante– compuesta de nuevo por obras de gran formato en la que vuelven a predominar las tonalidades grises y los valores lumínicos de los blancos. Al igual que en las piezas de la primera sala habría que subrayar el casi trazado geométrico de los distintos planos, tierra, agua, cielo y sal se articulan y fusionan por medio de una delicada y mortecina luz. En esta sala encontramos también los dieciséis dibujos que la artista realizó en su estudio de Sanlúcar durante el confinamiento. Quizás sea el conjunto más fecundo y que más relación tiene con esa idea de movimiento que está implícita en el género del paisaje. Y no solamente porque el espectador o el artista pueda moverse en él, generando diferentes perspectivas o recogiendo diferentes vistas, sino porque además esto es indisociable de lo que supone un territorio, algo que está sometido a constantes cambios y mutaciones. Ya sea por la intervención humana, por los propios animales que lo habitan o por algo tan aparentemente simple como la luz. En estos dieciséis recortes de paisaje, el dibujo es fruto de la particular relación de la artista con esta idea de territorio.

La exposición, comisariada por el director del centro –Juan Antonio Álvarez Reyes– y por Javier Hontoria, director del Patio Herreriano de Valladolid (institución coproductora de la muestra) nos revela un modo de ver de la artista construido a partir de una relación muy íntima con este lugar: se enfrenta a una escala, a un espacio, se mide con ellos y establece esa complicidad reflexiva que se resuelve en la imagen y en las dimensiones del cuadro.

Otra de las obras de la artista sevillana que exhibe el CAAC. Otra de las obras de la artista sevillana que exhibe el CAAC.

Otra de las obras de la artista sevillana que exhibe el CAAC. / D. S.

Finalmente, cabe señalar que la programación de exposiciones monográficas que recojan la producción de artistas mujeres –vivas– en instituciones artísticas contemporáneas es un ejercicio reciente por parte de los centros. Lo más habitual es que lleguen tarde, que se le dediquen exposiciones cuando han alcanzado una avanzada edad y que luego el gesto se concluya con la inclusión de éstas en manuales revisados de la historia del arte. Pero también hay que reconocer que esta situación, poco a poco, está cambiando. Prueba de ello es el CAAC, que en los últimos años de su trayectoria –al igual que otras instituciones españolas– es casi programático dedicar espacio a producciones de artistas mujeres vivas.

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