Restaurar la empatía, curar las heridas

Las dos caras de la justicia | Crítica

Adèle Exarchpoulos en una imagen del filme.
Adèle Exarchpoulos en una imagen del filme.

Ficha

*** 'Las dos caras de la justicia'. Drama, Francia, 2023, 112 min. Dirección y guion: Jeanne Herry. Fotografía: Nicolas Loir. Música: Pascal Sangla. Intérpretes: Adèle Exarhopoulos, Élodie Bouchez, Gilles Lellouche, Miou-Miou, Leïla Bekhti, Dali Benssalah, Birane Ba, Jean-Pierre Darroussin, Denis Podalydès.

Las dos caras de la justicia se suma a ese cine francés de calado social implicado con los viejos ideales republicanos y sus nuevas manifestaciones institucionales, aquí con el programa de “justicia restauradora” que tiene como objetivo poner en contacto a víctimas y criminales en un proceso de mediación que solucione traumas ayude a asimilar y rectificar conductas.

Entre unas y otros, equipos de psicólogos y personal voluntario se encargan de preparar el terreno para los encuentros de grupo o individuales. Ellos son también los protagonistas de este filme coral con reparto estelar que se desdobla en dos tramas paralelas en busca de un mapa de conjunto de este proyecto experimental: una primera donde varios condenados y víctimas de atracos o asaltos comparten círculo y rutinas terapéuticas dentro de una prisión, y una segunda, mucho más sensible, en la que la mediadora que interpreta Élodie Bouchez busca reunir a una mujer víctima de abusos sexuales (Adèle Exarchopoulos) durante la infancia con su hermano, juzgado, condenado y encarcelado por aquellos hechos.

Jeanne Herry (En buenas manos) se conduce bien entre ambas y es consciente del mayor peso dramático de una sobre la otra, lo que aprovecha para la dosificación del suspense ante el encuentro final entre los hermanos. Mientras tanto, en la cárcel, el peso recae en el poder de la palabra y el desgarro de los relatos de cada una de las víctimas y agresores en las sesiones de grupo, todos ellos bien construidos y creíbles gracias un gran trabajo interpretativo de conjunto, de Leïla Bekhti a la veterana Miou-Miou.

Coherente en sus planteamientos, empática con sus personajes e indudablemente optimista en su fe (humanista y terapéutica) en el proyecto, la deriva consoladora de la película tampoco evita que nos preguntemos si por cada uno de los éxitos, no habrá también bastantes fracasos en estas dinámicas.

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