El difícil reto de las Goldberg
FRANCISCO MONTERO | CRÍTICA
La ficha
***Programa: ‘Variaciones Goldberg’ BWV 988, de J. S. Bach. Piano. Francisco Montero. Lugar: Espacio Turina. Fecha: Domingo, 8 de febrero. Aforo: Cien personas.
Unidad y diversidad, como bien dice Pablo Vayón en sus notas a este programa. Mantener la esencia de la estructura armónica del tema principal (el aria que abre y cierra esta obra), pero otorgando a cada variación su personalidad. Eso sí, manteniendo siempre un espíritu de familia, un aire de identidad.
Francisco Montero lo consiguió sólo a medias. Es evidente (por éste y por anteriores conciertos suyos) que estamos ante un gran pianista con unas soberbias capacidades técnicas y una digitación precisa y exacta, capaz de dominar la amplia gama de colores del piano. Mostró gran valor enfrentándose a las Goldberg, que en su paso del clave de dos teclados al piano necesita de un estudio profundo en cuestiones como el sonido, la articulación y las dinámicas. Montero no alcanzó una visión uniforme. A parte de no respetar casi ninguna de las repeticiones (las despachó en 54 minutos cuanto una versión que las respeste todas se va hasta los 70 minutos como mínimo), estiró las agógicas hasta extremos opuestos. Algunas variaciones fueron rapidísimas, tanto que en algunas ocasiones devinieron en confusión por errores de pulsación (nº 20), mientras que otras resultaron refulgentes y brillantes (nº 5 y 26). Pero otras salieron de sus manos con excesiva lentitud, más allá del límite de lo que la partitura acepta (nº 24, 25). Ello fue aún más evidente en el quodlibet de la variación que cierra la colección, la nº 30. Según cuenta Forkel en la que fue la primera biografía de Bach, los miembros de la extensa saga familiar se solían reunir una vez al año y entre comidas y bebidas se solazaban cantando improvisaciones de canciones populares entrelazadas de forma divertida. Eso es un quodlibet. Pues bien, Bach incluye justo antes del aria da capo una pieza en la que suenan a la vez, armonizadas, dos canciones, "Hace mucho tiempo que no he estado contigo" y "Los repollos y los nabos me han hecho huir". Es, evidentemente, un momento divertido, alegre, danzable, que Montero, sin embargo, abordó con demasiada solemnidad y seriedad. Hay que alabarle, eso sí, el comedimiento en el uso del pedal y la articulación picada, así como en la sabia dosificación del rubato (Aria, nº 13). En los cánones y en el fugado de la nº 16 fue sobresaliente la claridad en la exposición de las voces en ambas manos.
También te puede interesar
Lo último